Buceando en mi interior

lunes, 2 de junio de 2008


"Quisiera tener una cama grande con un nórdico de plumas para perderme debajo y no sentir el frío del invierno. Me gustaría hibernar en momentos difíciles.
Siempre he notado que la velocidad de mi cerebro es distinta a la de mis palabras. Por eso a veces me hago un nudo hablando. Me doy cuenta del error y dejo de hablar automáticamente. Nunca he sido una gran oradora. Mi timidez y el miedo escénico me paralizan.
No entiendo qué es lo que falla a la hora de relacionarme; quizás sea esa extraña forma que tengo de ver la realidad lo que me impide ser igual y me condena a ser diferente y a estar a menudo sola.
Me siento superior a lo inorgánico y a veces sin embargo me veo enterrada en el fango hasta las rodillas. Envidio a los gusanos, porque ellos nacieron libres.
Los baños de espuma calentitos son preciosos y relajantes. Me gusta el olor a pan por las mañanas que sale del horno de la esquina. Estoy obsesionada con mi pecho y con que soy tonta, o que sufro un tipo de demencia precoz -muy precoz- una rareza desconocida por la ciencia actual. Y me imagino encima de una mesa de laboratorio con un montón de electrodos en la cabeza, rodeada de científicos intentando descifrar mi defecto genético.
Tengo poco sentido de la orientación y mucho del ridículo. Siento que me olvido de todo pronto y no consigo adivinar qué es lo que los demás esperan de una persona “normal”. Trato de aparentar la normalidad y adapto mi comportamiento al de mi vecina del segundo que mi madre me pone siempre de ejemplo como ideal de perfección.
Siempre quise tocar el piano en mi habitación mientras caía la lluvia al otro lado de la ventana, para que mi madre pudiera presumir de hija. No sé tocar ni los platillos. Escucho canciones que tarareo y me creo la persona más feliz del mundo. A veces las interpreto mientras ordeno mi cuarto. Creo que cuando las hacen hay alguien detrás de ellas que ha pasado por lo mismo que yo y me comprende perfectamente. Me gusta pensar así, más que creer en que hay una gran multinacional detrás de todo esto que sólo busca un interés comercial.
La música y las aventuras de Indiana Jones es la vida que los adolescentes siempre hemos deseado. Y la música es lo que hace que quiera volverme autista.
Me gustan las botas rojas. Altas. Muy altas. Me gustan desde que se las vi a Sharon Stone en una película. No hay a la venta botas rojas como las que quiero, en la ciudad donde vivo. Y si las hubiera probablemente no me las compraría. Me conformaría con ir a verlas todos los días al escaparate. Qué feliz sería con unas botas rojas grandes de charol de tacón fino. Mi cerebro me impide caer en adicciones pero siento la necesidad de anestesiarme con fantasías y nuevos mundos donde perderme.
Vivo una etapa difícil: la horrible adolescencia. Dentro de unos años me reiré de este texto que me parecerá ridículo, pero hoy es trascendental contar cómo me siento por dentro…Acaso ¿soy algo más que enfado y desilusión? Por favor no me regales tu compasión porque no puedo disfrazarme más veces esta noche.
Me siento confundida. Me preocupo por lo que pienses tú y por lo que puedas llegar a opinar de mí. Nunca nadie me ha leído. Jamás he dejado que nadie traspase la barrera de mi apariencia física. Me paso la vida observando a la gente. Como en el cine mudo. Podemos quedar otro día nublado y te cuento a la luz de una taza de café humeante cómo me siento. A veces me pilla la vida en paños menores. Sin comprender nada, sin darme cuenta del vacío que inunda mis dudas existenciales, que son tan sólo una prolongación de mí. No hay cosa que ocupe más espacio que el vacío. Mi madre dice que son cosas de la edad y no me echa cuenta. Pero yo siempre he sido así. Desde que tengo uso de razón ando crispada con el mundo y conmigo misma. Soy adolescente desde que nací y me temo que voy a quedarme atrapada en esta etapa de mi vida para siempre.
En el viaje de retiro a Constantina con el instituto, la gente se burlaba de una chica diferente. Era pálida, delgada y tímida. Tenía fama de “rara”. Una vez en clase me senté a su lado y hablamos de música. Era una fan de R.E.M y en su libreta hacía retratos de Jim Morrison. Yo creo que tenía demasiado talento y poca seguridad. Era excesivamente compleja para que los cretinos de mi edad la entendieran. Si tuviera que posicionarme: yo también quisiera que los cretinos me ignoráseis para sentirme nada. Libremente nada. Sin misiones que cumplir ni aprender de nadie.
Mis padres se quieren demasiado. Tanto, que no paran de discutir todo el día. Es su forma de decirse “me importas” y “no puedo vivir sin ti”. Están todo el día juntos hablando sobre cosas sin trascendencia alguna, hasta que se asfixian porque se invaden continuamente el espacio vital. Conversaciones de besugo que me matan lentamente por el derroche de surrealismo. Es la razón número uno por la que paso tardes enteras en mi cuarto sin salir. Yo solo soy una muñeca defectuosa…He sido siempre así. Mi defecto es de fabricación.
No puedo dormir esta noche sin antes haberme desorientado buscándome a mí misma un par de veces. Pienso en el duermevela y me llegan imágenes inconexas.
Puede que no sea bueno que mi voz sea tan sincera. Yo no soy buena, pero aspiro a serlo.
Me encanta ver amanecer desde la cama los días de lluvia. Me gusta entender por qué lloran las personas. Me gustan los ojos sinceros de mi perra. El olor del incienso de las vecinas de abajo. El color del cielo cuando atardece en verano. Leer libros y volar al hacerlo. Escuchar cintas viejas. Me quiero a mí misma y me odio tanto que quisiera desvanecerme en el aire y seguir contemplando la vida detrás de un cristal.
Mi mente es un globo lleno de helio, que si le cortas el hilo sale volando para morir en el techo al colisionar con la bombilla.
¿Te das cuenta? No he parado de hablar de mí y de todo lo que me hace daño. Soy una especie de florete masoquista que no encuentra a la mano diestra que lo empuñe. No tengo prisa -casi nunca-. Puedo esperar horas distraída mirando la gente que pasa a mi alrededor envuelta en su nube de problemas. ¿Puedes darme fuego para quemar mis viejos dolores? Presumo de mi dulce soledad con errores ortográficos. ¿Sabes? Sé que podría seguir horadando mi vida, pero voy a dormir. Necesito horas de sueño para seguir diseccionando mis ideas. Seguir viviendo de acuerdo a lo que creo y soñar con la cara amable que la vida me oculta en el trastero…"
(Adaptación de otro texto que circula por la red. Enviado por "Alicia ya no vive aquí")

1 Gotas de Lluvia sobre mi Paraguas Rojo:

anyta132 on martes, 3 de junio de 2008, 0:12:00 CEST dijo...

O__o No puede ser que las casualidades existan.. no puede ser, porque a mi eso en la universidad me lo enseñaaron, y las casualidades no existen ¬¬ Que estás tramanndo? Por qué tenemos los mismos hábitos y el mismo vuelo, vos un poco mas literaturesco, yo un poco mas por el lado de las artes plásticas.. y y y ahora me está pasando lo que decis de la velocidad cerebral JAJAJA, no puedo con mis manos, no me da la velocidad para escribir todas las cosas en las que coinciido ** Pero bueno, te hago un resumen: soy igual, exceptuando lo de las botas rojas JAJA, y yo realmente no me las compraria, pero algun dia tomá valor y comprátelas, se liibre por mi, por favor ** te paso mi mail, tengo MUCHIISIMAS GANAS de hablaar con vos **

shio.anita@gmail.com

No leas mis cosas, porque me dan verguenza u_u al lado tuyo soy u fracaso intentando escribir.

Ah, me llamo Anahi :)

 

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