Para ponernos nombre

lunes, 30 de diciembre de 2013




Sólo más tarde se darían cuenta
de que los dos buscaban una historia
no demasiado cerca del amor,
tal vez alguna excusa
para mirar los árboles de enero
temblando sobre el parque,
atravesar las calles
de una ciudad tomada por los himnos
y la ropa de invierno
o verse acompañados
—ilusionadamente—
sobre el cristal celeste de los escaparates.

Fue quizá que los tiempos
sólo hacían posible
para un viejo soldado de todas las derrotas
matar la soledad entre los brazos
de una joven cantante de revista.

Y eran tiempos difíciles.
Mientras recuperaban
su olor a gato sucio los tejados,
ellos
cruzaban la ciudad vestida de uniforme,
soportaban el paso marcial de la soberbia,
recorrían las calles por entre las calesas,
pacientes y humillados,
buscando una pensión.

Sólo la lluvia deja
una pasión equívoca
en el banco vacío de los enamorados,
sólo la lluvia olvida
mentiras de charol sobre las calles
y un amor diminuto en cada esquina
para el labio que aprende su canción.

Acaso
era también pasar al contraataque
fingir felicidad,
estar ficticiamente enamorados
en medio del invierno,
decir que nada importa porque seguimos vivos,
porque aquí están tus ojos a pesar de los humos,
hechos para el amor, curtidos para la historia,
llenos de gozo siempre a toda costa.

Sólo un poco más tarde,
cuando la brisa ciega del sesenta
les hizo descubrir que envejecían,
supieron que era hermoso atardecer unidos,
abrazarse debajo de todas sus banderas,
vivir la intimidad que la derrota impuso
no demasiado cerca del amor,
porque la vida
tan fiel como una hermosa melodía
acabó siempre por darles su razón.

(Luis García Montero)

Reglas de juego para los hombres que quieran amar a mujeres




I

El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.

II

El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
con que yo estaré al lado suyo.

III

El amor del hombre que me ame
será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.

IV

El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo.

V

El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca donde descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocura ser pájaro.

VI

El hombre que me ame
hará poesía con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.

VII

Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario.

VIII

El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera,
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.

IX

El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.

X

El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas,
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
las debilidades que, por siglos,
nos mantuvieron separados
como seres de distinta estatura.

XI

El amor de mi hombre
no querrá rotularme y etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.

(Gioconda Belli)

Aunque tú no lo sepas...

domingo, 29 de diciembre de 2013




Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

(Luis García Montero)

Cero

lunes, 18 de noviembre de 2013



Todo lo que dimos se nos fue
Soñé que siempre iría al lado
Eso que inventamos ya no es
Ahora sólo existe el pasado.

Y me toca entender
Qué hacer con tus abrazos
Ahora toca aprender
Como dejar de querer
Saber borrarlo bien
Que igual que vino fue
Que hoy es CERO

Quiero
Que todo vuelva a empezar
Que todo vuelva a girar
Que todo venga de cero
De cero...

Y quiero que todo vuelva a sonar
Que todo vuelva a brillar
Que todo venga de cero
De cero...

Eso, desaparece y no lo ves
Ese regalo que la vida pone al lado
Dura lo que dura y ya se fue
Ni tú ni yo lo hemos cuidado...

Y ahora toca entender
Qué hacer con tanto daño

Y ahora toca aprender
Como dejar de querer
O saber borrarlo bien
Que igual que vino fue
Y es tan feo

Quiero
Que todo vuelva a empezar
Que todo vuelva a girar
Que todo venga de cero
De cero...

(Dani Martín)

Un invierno sin sol

lunes, 11 de noviembre de 2013



Yo amé, con perdón.
 
Amé por encima de todas las cosas, que es,
permítanme que les diga,
de la única forma en que se puede amar.

Yo viví
en un cálido regazo del amor,
protegido bajo su techo,
comiendo de su misma mano,
aprendiendo el fuego hasta verlo arder,
hasta quemarnos.
Compartí su sudor
y ascendí en su alegría de peldaño en peldaño.
Es decir: de dos en dos.
 
¿Sabéis qué?
Yo tampoco creía en la magia hasta que la vi.
A ella.
Irradiándola, desprendiéndola,
 descontrolando el tiempo
y cargándose con un gesto cualquier rutina impuesta,
criando una primavera en cada estación.
 
Solo querría decirles eso.
Decirles: yo tuve un reino y lo llamé hogar.
Y fue tan inmenso como el más pequeño de los detalles.
Una puta barbaridad.
Así debía de ser mi cuento.
 
Sin embargo, escribo desde el dolor aquel
en que solíamos gritar que todo acaba mal
porque si no, no acabaría.
 
Así fue
que todo se llenó de distancia
y de sangre,
todo se ensució de grietas y pudriéndo-
se pasó como una enfermedad
por delante nuestro,
un olvido por encima de nosotros
paseándose
jodiéndonos,
diciéndonos adiós,
a Dios reclamadle.
 
Estas son mis ruinas y esta es mi voz.
Un paseo con vistas a los escombros.
Si veis al amor por ahí, solo decidle que lo siento.
Que el frío se ha hecho ciudad
y yo, solo, he aprendido a quemarme.
Que la poesía pague los destrozos
y su recuerdo sea mi única migaja de calor.
Esta es la historia de un derrumbamiento.
El infierno hecho paisaje.
Mi baile nupcial sobre el lodo.
Un invierno sin sol.

(Escandar Algeet)

No puedo vivir sin ti



Llevas años enredada en mis manos,
en mi pelo, en mi cabeza,
y no puedo más, no puedo más.
Debería estar cansado de tus manos,
de tu pelo, de tus rarezas,
pero quiero más, yo quiero más.

No puedo vivir sin ti,
no hay manera,
no puedo estar sin ti,
no hay manera.

Me dijiste que te irías,
pero llevas en mi casa toda la vida.
Sé que no te irás, tú no te irás.
Has colgado tu bandera, traspasado la frontera,
eres la reina,
siempre reinarás, siempre reinarás.

No puedo vivir sin ti,
no hay manera,
no puedo estar sin ti,
no hay manera.

Y ahora estoy aquí esperando a que vengan a buscarme,
tú no te muevas,
no me encontrarán, no me encontrarán.
Yo me quedo para siempre con mi reina y su bandera,
ya no hay fronteras,
me dejaré llevar a ningún lugar.

No puedo vivir sin ti,
no hay manera,
no puedo estar sin ti,
no hay manera.

No puedo vivir sin ti,
no hay manera,
no puedo estar sin ti,
no hay manera.

(Los Ronaldos)

Siento que te estoy perdiendo

domingo, 22 de septiembre de 2013





Desde hace algún tiempo te siento distinta,
no sé qué será pero no eres la misma,
observo en tus ojos miradas
que esquivan la mía,
cansada de tanto buscar tus pupilas
pidiendo respuestas a cada por qué,
pero adivino en ti
algo que empieza a huir
y no quiero entender--
cuando un presentimiento no crea razón,
sólo infunde terror.

Siento que te estoy perdiendo...
perdiéndote.

Y con monosílabos adormecidos
pretendes decir que dialogas conmigo,
tus gestos son más elocuentes,
al menos son signos
de tu indiferencia por todo lo mío
y más si mi afán es hacerte feliz;
qué fue lo que pasó,
dónde estuvo el error
que no pude impedir--
aunque sé que no es fácil decir la verdad
no la digas jamás.

Siento que te estoy perdiendo...
perdiéndote.

Mis labios no encuentran tu beso oportuno,
ni encuentra mi cuerpo en tu cuerpo refugio,
tan sólo pasivo abandono,
distante desnudo
que entregas como algo que no fuera tuyo,
dejándote hacer en ausente actitud;
qué mortal desazón
es hacerte el amor
cuando ya no eres tú.
No quisiera saber, cuando sueles llorar,
en qué brazos estás.

Siento que te estoy perdiendo...
perdiéndote.

(L.E. Aute)

Sueños para no olvidarla

sábado, 21 de septiembre de 2013



En aquel encuentro, ella le hablaba con un cariño que él ya había olvidado...

Había quemado las cartas, había borrado las fotos, había votado cada cosa que ella por descuido o como de manera estratégica había dejado en el apartamento para no ser olvidada, había cambiado comportamientos que antes había cambiado para darle gusto a ella, había olvidado su nombre, su piel, su sonrisa, había trabajado duro, como sabía de PNL, solía hacer desaparecer los recuerdos atacandolos en su imaginación, quitándoles color,   haciéndolos pequeños y alejándolos hasta que el sol se los comía con su calor y los volvía cenizas. No recorría ya lugares antes visitados, no hablaba con nadie en común, ya no vivía en el mismo país.

Aquello, visto a lo lejos y a lo cerca era un polvo oscuro que se iba echando al mar del olvido al cual ella había sido deparada, y es que para olvidarla, el hizo un ritual, un ritual loco, pero efectivo que consistía, en ir a un funeral y llorar su muerte como real, estas cenizas imaginarias no eran más que un complemento de aquello.

Y para tener un nuevo imaginario, ya soñaba otras mujeres, ya salia con otras mujeres...

Pero esa madrugada soñó que le hablaba, que era feliz a su lado, qué le besaba, que la desnudaba en una esquina, y disfrutaba la vista de su cuerpo de marfil, de sus piernas largas y voluptuosas, soñó que le olia sus cabellos, soñó que en los brazos de alguien, de ella, se podía parar el dolor y el tedio de algunos días repetidos sin remedio por la asesina cotidianidad...

Entonces al despertar pensó en ella, en el baño recordó cuando la quiso meter a un baño y amarla desnuda y tibia, Y cada lugar le recordó a ella, el tranvía le sugirió besos que se dieron en algún transporte, el cabello negro de otras le trajo momentos en que el se enredaba en sus cabellos largos, que el pensaba que eran para ser rescatada algún día como si se tratase de Rapunzel.

Ese día el corazón palpitó su nombre ya olvidado, y así como se piensa en el sexo, él la pensaba cada 5 o 7 segundos, pero para él, alguien que no rompe sus promesas, esto no era más que un penar, no tenia nada de fantastico querer solo, al otro lado del océano, a quien con otro ya habría hecho la tarea de olvidarle y con mejores resultados, y no tenía sentido preparar maletas y volver.

El planeta seguía su ritmo, sueños que hacen los días, ¿Decidimos nosotros que ser cada día? ¿O somos los títeres de un inconsciente que nos absorbe cada noche y nos devuelve untados de sentimientos, de añoranzas que a veces no entendemos?

Buscó solución en los brazos de Juli, en sus ojos profundos, en su sonrisa de cielo, en su piel de seda, en sus palabras de inocente. Se armó de ilusiones a las cuales seguir, se montó a su caballo imaginario, y se quiso hacer el loco. No hubo juegos, no hubo fútbol, ní amigos que lo salvaran.

Había sido poseído por un sueño, estaba en prisión.

Compró una cazadora de sueños, para librarse de esas cosas en el futuro.

Recostado en la cama, sentía que el mundo giraba demasiado rápido, ya estaba cansado de ella, quería bajarse de aquel viaje que no lo llevaba a ningún lado. Miraba la Cazadora de sueños, estaba tranquilo, mañana iba a ser otro día.

... En la madrugada ella soñó con él, no solía soñar, pero esa noche era diferente, él tenía ese perfume que le fascinaba a ella, esa sonrisa semi-divina y semi-diabólica, su cuerpo fuerte y esa mirada de quererla hacer de él que a ella le gustaba tanto, acarició su torso de manera discreta, como quien toca algo que respeta, él le dijo cuanto la queria sin abrir la boca y con su boca le susurró que esa noche no la cambiaría por nada y que ella estaba hermosa y se dejó ir en sus brazos a un beso que traspasaba los océanos y el tiempo.

Ese día otro gallo cantaría.

(Del blog: Las Notas de Seijuro)

La Chica del Pelo Rojo ha vuelto para quedarse

lunes, 19 de agosto de 2013




He decidido acabar con esta sequía literaria...

Sólo sé escribir en dos direcciones: en la dirección del amor y en la dirección opuesta.
El desamor fue mi fuente de inspiración el milenio pasado. Una nueva epidemia de amor ha arrasado mi vida. De ahí mi sequía. La ausencia de amor y el corazón roto me obligan a volver a retomar la pluma, para derramarme de nuevo en palabras, para desnudarme de forma integral ante vosotros: queridos desconocidos. Mi exhibicionismo emocional no conoce límites.

La Chica del Pelo Rojo: ha vuelto... tened paciencia y sed comprensivos con mi torpeza que tropieza reiteradamente con las mismas piedras.

La Dama

Mis tardes con Margueritte

martes, 13 de agosto de 2013


 
Fue un encuentro poco corriente entre el amor y la ternura. En su camino no había duda. Tenía nombre de flor, vivía rodeada de palabras, de adjetivos traídos por los pelos, verbos que crecían como la hierba, algunos se colaban de una forma oscura. Pero ella atravesó mi cascarón y se me coló con dulzura hasta mi corazón. En las historias de amor no siempre hay sólo amor, a veces, no hay ni un te quiero, y sin embargo, queremos. Fue un encuentro poco frecuente, la conocí por azar en un banco de la plaza, no abultaba mucho, no  era más grande que una paloma con sus pequeñas plumas. Allí estaba rodeada de palabras, de nombres comunes como el mío, me dio un libro, luego otros, páginas que estallaron ante mis ojos. No te mueras todavía, tienes tiempo, espera. No es tu hora, pequeña flor. Dame un poco más de ti. Dame un poco más de tu vida. Espera. En las historias de amor no siempre hay sólo amor, a veces, no hay ni un te quiero. Y sin embargo, queremos.”

 
(De la película "La tête en Friche". De Jean Becker  )

Botella al mar

lunes, 12 de agosto de 2013

El mar es un azar
¡Qué tentación echar una botella al mar!

Poner en ella por ejemplo
un grillo, un barco sin velamen, y una espiga
sobrantes de lujuria, algún milagro
Y un folio rebosante de noticias
Poner un verde, un duelo, una proclama,
dos rezos, y una cábala indecisa
El cable que jamás llegó a destino
Y la esperanza pródiga y cautiva
El mar es un azar
¡Qué tentación echar una botella al mar!

poner en ella por ejemplo un tango
que enumerara todos los pretextos
para apiadarse a solas de uno mismo
y quedarse en el borde de otro sueño
Poner promesas como sobresaltos
Y el poquito de sol que da el invierno
y un olvido flamante y oneroso
y el rencor que nos sigue como un perro
El mar es un azar
¡Qué tentación echar una botella al mar!

Poner en ella por ejemplo un naipe,
un afiche de Dios, el de costumbre,
el tímpano banal del horizonte
el reino de los cielos y las nubes
Poner recortes de un asombro inútil,
un lindo vaticinio de agua dulce
una noche de rayos y centellas
y el saldo de veranos y de azules
El mar es un azar
¡Qué tentación echar una botella al mar!

Pero en esta botella navegante,
sólo pondré mis versos en desorden
en la espera confiada de que un día
llegue a una playa cándida y salobre
y un niño la descubra y la destape
y en lugar de estos versos halle flores
y alertas y corales y baladas
Y piedritas del mar y caracoles
El mar es un azar
Que tentación echar una botella al mar.

(Mario Benedetti)

Durmiendo sola

viernes, 12 de julio de 2013



Me gustó ser parte de tu vida,
me gustó ser dueña de tus noches,
compartir contigo tus manías,
me gustó que me besaras en el...

Me gustaron todos tus detalles,
y esa forma tonta en que decías:
"como tú no iba a quererme nadie,
como yo nadie te entendería".

Pero no me tiembla
el pulso si te veo,
y me imagino ya durmiendo sola.

Porque no me duele
este vacío que dejas,
en este amanecer de largas horas.

Del amante-amor al amigo-amor
se me fue el amor, se me consumió.
Y yo que declaré la guerra
a quien nos separaba...

Y te pido aún que me perdones
por fallarte cuando no debía,
por no estar en fechas señaladas,
por marcharme cuando me...
Frente a frente, he roto sin remedio
y te veo más guapo que hace días.

Mira yo no quiero equivocarme,
tampoco seguir esta mentira,
y ay, ay, ay...

...porque no me tiembla
el pulso si te veo
y me imagino ya durmiendo sola.

Porque no me duele
este vacío que dejas
en este amanecer de largas horas.

Del amante-amor, al amigo-amor
se me fue el amor, se me consumió.
Y yo que declaré la guerra
a quien nos separaba...

Del amante-amor, al amigo-amor
se me fue el amor, se me consumió.

Y yo que declaré la guerra
a quien nos separaba.


(Vanesa Martín)

Echarte de menos...

jueves, 11 de julio de 2013




«Invertimos mucho tiempo en llorar la ausencia de quién se fue voluntariamente dejándonos abandonados y con el alma en tierra de nadie. En mi opinión, no pienso que la cantidad del querer esté reñida con la calidad, y, no sé porqué pero pienso que, encerrándonos en esa idea, únicamente perdemos el tiempo y tan sólo se trata de aprovecharlo de cualquiera de las formas. La vida sólo nos libera de absurdos, si no te supieron amar.. sólo queda volar.»

Se ha caído la alcayata que sujeta el calendario por el peso de los días.
Los relojes se han parado pero el tiempo ha ido pasando de puntillas.
Mi pecho contaminado se ha estrechado y no respira,
y me he fumado unas alas para ver de vez en cuando que no es tan mala la vida.

He tenido sueños raros, me he levantado empapado, pero tú ya no salías.
He arañado las paredes, me comí las veinte uñas al ver que ya no volvías.
Y tú andarías pensando que yo me deprimiría,
pero mi cuarto es pequeño y acabé pronto con todo porque ya me las mordía.

No reconozco tus huellas, ni el sonido de tus pasos,
tu perfume se entremezcla en los túneles del metro.
Busco tu cara en los taxis, en los que van ocupados,
me pregunto qué sentido tiene echarte tanto de menos.

Cuando no duermo en mi cama cierro todas las ventanas por si vuelve tu recuerdo,
y por miedo a que aparezcas, y me des una sorpresa, duermo con un ojo abierto.
Desde que ya no me besas dejo que me lleve el viento.
La vida son cuatro días, uno paso en hospitales y otro paso en el entierro.

Intento ser positivo para salir del olvido al que a veces me someto.
No nos tuvimos en cuenta, nos perdimos el respeto pero yo no me arrepiento.
Yo aguantando tus mentiras, tú sin saberlo las mías,
siempre buscando ocasiones para quitar las razones al que más las necesita.

Y yo dejaré una nota por si tú recapacitas,
esto sólo es un aviso para no perder el tiempo.
No sé lo que te preocupa, no sé nada de tu vida,
no quiero ponerme al día, yo ya no te echo de menos.

No reconocí tus huellas, ni el sonido de tus pasos,
tu perfume se entremezcla en los túneles del metro.
Busqué tu cara en los taxis, en los que van ocupados,
me pregunto qué sentido tenía echarte tanto de menos.

(César Rodríguez)

Sirena

sábado, 29 de junio de 2013



Nunca más volvió a ver la proa de un barco ni la arena le hizo nido en las escamas. Haber quedado sola allí, en un vado junto a la ruta, es algo que jamás se pudo explicar. Las sirenas nacieron para el mar, las profundidades, con la conocida tarea de enamorar tripulaciones y hacer encallar corazones; pero ella ya no puede, lejos de todo eso llevada junto a la ruta por una avanzada del mar que la arrastró en un torbellino incomprensible y le postergó sus quehaceres de sirena para otros tiempos o vidas, intenta no ser vista.

 Ahora, oculta al costado del camino, pasa el día viendo camiones, coches, colectivos, rogando por un poco de silencio y menos humo desconocido. Al atardecer se sienta en un mojón cercano, apenas silabea una canción, temerosa de ocasionar algún accidente como los que alguna vez, involuntariamente, ya causó. Los camioneros, si la ven, friegan los ojos y se detienen junto a esa lengua de agua. Ella, ni bien les adivina la intención se sumerge y muerde los labios para no silbar y enamorarlos. Bajo la llovizna aprovecha para estirar su cola de pez y limpiarla.

Ha hecho pocos amigos, un sapo tuerto, que sobrevivió de casualidad a la rueda impiadosa de un 11/14; dos renacuajos que se niegan a crecer después de haber oído cien veces la versión del sapo y su encuentro con el camión y un niño llamado Juan, que vive en un rancho a kilómetro y medio de ahí. Ella confunde al chico con un enviado de los dioses, ya que cada mañana Juan le trae un jarrito con agua para que no se seque aquel modesto mar dulce.

Por las noches, bajo el cielo agujereado de estrellas, ella descansa y prefiere no soñar con volver al mar, pues se ha dado cuenta que no le hace bien, siente palpitaciones, se angustia demasiado, se vuelve casi humana, algo que a su psiquis de pez, la horroriza.

(Marcelo Rubio "marfunebrero")

Amnesia

miércoles, 26 de junio de 2013



Usted me cuenta que nosotros dos
fuimos amantes,
y que llegamos juntos a vivir
algo importante.

Me temo que lo suyo es un error
yo estoy desde hace tiempo sin amor
y el ultimo que tuve fue un borron
en mi memoria.

Usted me cuenta que hasta le rogué
que no se fuera
y que su adiós dejo a mi corazón
sin primavera.

Que anduve por ahí de bar en bar
llorando sin podérmela olvidar
gastandome la vida en recordar
su juramento.

Perdón, no la quisiera lastimar
tal vez lo que me cuenta sea verdad
lamento contrariarla pero yo
no la recuerdo.

(Chico Novarro)

No por amor, no por tristeza...

lunes, 13 de mayo de 2013




(Voz de Rafael Turia)
 
No por amor, no por tristeza,
no por lo nueva soledad:
porque he olvidado ya tus ojos
hoy tengo ganas de llorar.
Se va la vida deshaciendo
y renaciendo sin cesar:
la ola del mar que nos salpica
no sabemos si viene o va.
La mañana teje su manto
que la noche destejerá.
Al corazón nunca le importa
quién se fue sino quién vendrá.
Tú eres mi vida y yo sabía
que eras mi vida de verdad,
pero te fuiste y estoy vivo
y todo empieza una vez más.
Cuando llegaste estaba escrito
entre tus ojos el final.
Hoy he olvidado ya tus ojos
y tengo ganas de llorar.

(Antonio Gala)

Se deja de querer...




(Voz de Rafael Turia)

Se deja de querer...
y no se sabe por qué se deja de querer;
es como abrir la mano y encontrarla vacía
y no saber de pronto qué cosa se nos fue.

Se deja de querer...
y es como un río cuya corriente fresca ya no calma la sed,
como andar en otoño sobre las hojas secas
y  pisar la hoja verde que no debió caer.

Se deja de querer...
Y es como el ciego que aún dice adiós llorando
después que pasó el tren,
o como quien despierta recordando un camino
pero ya sólo sabe que regresó por él.

Se deja de querer...
como quien deja de andar una calle sin razón, sin saber,
y es hallar un diamante brillando en el rocío
y que ya al recogerlo se evapore también.

Se deja de querer...
y es como un viaje detenido en las sombras
sin seguir ni volver,
y es cortar una rosa para adornar la mesa
y que el viento deshoje la rosa en el mantel.

Se deja de querer...
y es como un niño que ve cómo naufragan sus barcos de papel,
o escribir en la arena la fecha de mañana
y que el mar se la lleve con el nombre de ayer.

Se deja de querer...
y es como un libro que aún abierto hoja a hoja quedó a medio leer,
y es como la sortija que se quitó del dedo
y solo así supimos... que se marcó en la piel.

Se deja de querer...
y no se sabe por qué se deja de querer.

(José Ángel Buesa)

Ella amará a otro hombre...

lunes, 15 de abril de 2013





(Voz de Rafael Turia)

Ella amará a otro hombre. 
 
Yo voy lejos, andando hacia el olvido. 

Y puede suceder que alguien me nombre,  

pero ella fingirá no haber oído. 


 
Ella amará a otro hombre:
el tiempo pasa y el amor finaliza,
y es natural que lo que fue una brasa
acabe convirtiéndose en ceniza.



Aunque nadie lo quiera,
envejecen las vidas y las cosas,
y es natural también que en primavera
los rosales den rosas.



Es natural. Por eso,
ella amará a otro hombre, y está bien.
No sé si ya olvidó mi último beso,
ni me importa con quién.



Pero quizás, un día,
oyendo una canción,
sentirá que esa vieja melodía
le cambia el ritmo de su corazón.



O será algún vestido
que yo le conocí,
o el olor del jardín cuando ha llovido,
pero algún día ha de pensar en mí.



O puede ser un gesto,
un modo de mirar,
o ciertas calles, o un botón mal puesto,
o una hoja seca que voló al azar.



Y de alguna manera
tendrá que recordarme, sin querer,
escuchando unos pasos en la acera
como los míos al atardecer.



Será en algún momento,
no importa cuándo o dónde, aquí o allá,
porque el amor, por parecerse al viento,
parece que se ha ido y no se va.



Y si en ese momento ella suspira
y él pregunta por qué,
le tendrá que inventar una mentira
para que nunca sepa por qué fue.



Y él no verá esa huella,
eso tan mío en lo que ya perdí;
y, aunque la pueda amar más que yo a ella,
ella no podrá amarlo más que a mí..!

(Jose Ángel Buesa)


El Río

viernes, 29 de marzo de 2013


Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábana y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo. Entonces está bien, qué me importa si te has ido, si te has ahogado o todavía andas por los muelles mirando el agua, y además no es cierto porque estás aquí dormida y respirando entrecortadamente, pero entonces no te has ido cuando te fuiste en algún momento de la noche antes de que yo me perdiera en el sueño, porque te habías ido diciendo alguna cosa, que te ibas a ahogar en el Sena, o sea que has tenido miedo, has renunciado y de golpe estás ahí casi tocándome, y te mueves ondulando como si algo trabajara suavemente en tu sueño, como si de verdad soñaras que has salido y que después de todo llegaste a los muelles y te tiraste al agua. Así una vez más, para dormir después con la cara empapada de un llanto ... hasta las once de la mañana, la hora en que traen el diario con las noticias de los que se han ahogado de veras.

Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y adjetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón ridículo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme.

Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estaría tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis manos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchar, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como en un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo. Tengo que dominarte lentamente (y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos.
(Julio Cortázar)

Puntos suspensivos

jueves, 21 de marzo de 2013


 
Lo peor del amor, cuando termina,

son las habitaciones ventiladas,

el solo de pijamas con sordina,

la adrenalina en camas separadas.


Lo malo del después son los despojos

que embalsaman los pájaros del sueño,

los teléfonos que hablan con los ojos,

el sístole sin diástole ni dueño.


Lo más ingrato es encalar la casa,

remendar las virtudes veniales,

condenar a galeras los archivos.


Lo atroz de la pasión es cuando pasa,

cuando, al punto final de los finales,

no le siguen dos puntos suspensivos...
 
(Joaquín Sabina)

Amor, resaca y otras cosas bonitas

domingo, 10 de marzo de 2013


Debería alejarme más de la multitud de lo que ya lo hago. Todos son cócteles, discursos, mierda.
He pisado más bares que ciudades en el extranjero y he bebido más de lo que he besado, pero si tuviera que buscar al culpable de todo esto diría que sois todos vosotros. A vosotros, por hacerme sentir culpable a mi.
Y no sólo de eso.
En la televisión salen demasiadas mujeres que aspiraban a ser famosas, e imaginaros su decepción al ver que se hacían más famosas sus medidas que ellas mismas.
Todo se rige por un estúpido ideal común que solo sirve para tener la conciencia limpia, cuando, por ejemplo, la mía está sucia. Podrida, rota y moribunda. Y no me avergüenza ni lo más mínimo aceptar que hago todo lo posible para contagiar a todas las que me rodean, consiguiendo en ocasiones que estas me rehuyan, y cuando lo hacen, sé que estoy haciendo bien mi trabajo y lo celebro haciendo mofas, escribiendo sátiras, silbando mientras nada, haciendo nada mientras silbo, enumerando cosas, perdiendo el sentido, bebiéndote con té contentándote con cereales y miel.
Y si ese estúpido ideal común es la búsqueda de la felicidad eterna, yo me imagino la mía en una cafetería. Tengo esos guantes que están cortados por la parte de los dedos y me gustan, estoy contento con ellos, con su simpleza, me dejan manejarme con la cerveza o el café que tengo en las manos y me siento cómodo, fingiendo que tengo la situación bajo control. Delante de mi se sienta mi novia, bebe de su café mientras me mira y guiña un ojo. Sonríe. Yo saco un cigarrillo y me disculpo de nuevo por haber fallado en mi décimo-tercer intento de dejarlo. Sonríe de nuevo.
Hablamos sobre sus últimos dibujos, ella está muy entusiasmada y me los enseña. Juro sobre mi tumba-en la cual yacerá un epitafio en el que estará escrito "A MI SALUD" y una jarra interminable de cerveza-que le presto atención, pero mientras tanto no puedo dejar de hipnotizarme con su cara y con su... todo.
Dice cosas y luego dice otras... por mucho que ella lo negase, está completamente chiflada, de un modo que me hace sentirme bien conmigo mismo. Ya sabéis, salir por ahí, escuchar música y emborracharme endiabladamente y estar condenado a cadena perpetua entre sus sábanas.
Pero luego ella se va, y yo vuelvo a mi estado cíclico de estarla buscando constantemente como si no hubiese un mañana. Hasta que nos encontramos de nuevo y el reloj de arena vuelve a caer hasta que se rompa.
Y finalmente volver a ese sitio que es el hogar, nuestro hogar.

(Del blog: Once)

Vuelco el frutal garnacha

sábado, 9 de marzo de 2013




Vuelco el frutal garnacha por tu ombligo;
lo huelo, palpitando la osadía
de beberlo sobre tu anatomía
con la luna por único testigo.

Los nidos de tus pechos son abrigo
más que feliz para esta enología;
rojo cereza el tinto se desvía
y con la lengua en vilo lo persigo.

Un delicado tráfico de frutas,
un rumor de barricas y maderas
acompaña el desmayo de tu ropa.

Y se desliza como en una gruta
hacia donde mi sed se desespera.
El vino es mi pasión. Y tu, mi copa.

(Raúl Óscar Ifran, I Concurso Lugus de literatura erótica y vino)

Tu jardín con enanitos



Hoy le pido a mis sueños
Que te quiten la ropa
Que conviertan en besos
Todos mis intentos de morderte la boca.

Y aunque entiendo que tú,
Tú siempre tienes la última palabra en esto del amor
Yo hoy le pido a tu ángel de la guarda
Que comparta, que me de valor y arrojo en la batalla, pa’ ganarla...

Y es que yo no quiero pasar por tu vida como las modas
No se asuste señorita, nadie le ha hablado de boda
Yo tan solo quiero ser las cuatro patas de tu cama
Tu guerra todas las noches, tu tregua cada mañana...

Quiero ser tu medicina, tus silencios y tus gritos
Tu ladrón, tu policía, tu jardín con enanitos
Quiero ser la escoba que en tu vida barra la tristeza
Quiero ser tu incertidumbre y sobretodo tu certeza.

Hoy le pido a la Luna
Que me alargue esta noche
Y que alumbre con fuerza
Este sentimiento y bailen los corazones.

Y aunque entiendo que tú,
Serás siempre ese sueño que quizás nunca podré alcanzar
Yo hoy le pido a tu ángel de la guarda
Que comparta, que me de valor y arrojo en la batalla, pa’ ganarla...

Y es que yo no quiero pasar por tu vida como las modas
No se asuste señorita, nadie le ha hablado de boda
Yo tan solo quiero ser las cuatro patas de tu cama
Tu guerra todas las noches, tu tregua cada mañana...

Quiero ser tu medicina, tus silencios y tus gritos
Tu ladrón, tu policía, tu jardín con enanitos
Quiero ser la escoba que en tu vida barra la tristeza
Quiero ser tu incertidumbre y sobretodo tu certeza.

Y es que yo quiero ser el que nunca olvida tu cumpleaños
Quiero que seas mi rosa y mi espina aunque me hagas daño
Quiero ser tu carnaval, tus principios y tus finales
Quiero ser el mar dónde puedas ahogar todos tus males.

Quiero que seas mi tango de Gardel, mis octavillas
Mi media luna de miel, mi blues, mi octava maravilla
El baile de mi salón, la cremallera y los botones
Quiero que lleves tu falda y también mis pantalones

Tu astronauta, el primer hombre que pise tu luna
Clavando una bandera de locura
Para pintar tu vida de color, de pasión,
de sabor, de emoción y ternura
Sepa usted que yo ya no tengo cura sin tu amor.

(Melendi)

Instante eterno

lunes, 4 de marzo de 2013


Hoy al reencontrarlo, al verle, al mirarlo nuevamente a los ojos, supo que él aún podía darle ese bienestar que tan bien conocía...

Y que, a pesar de la distancia, seguía guardando recuerdos y sensaciones. Esa pasión que la recorría, que quemaba, que hacía vibrar como un escalofrío, que bajaba por su cuerpo al verle, era un cosquilleo que se apoderaba de su estomago. En aquel momento, cuando sintió su aroma, su perfume, la llenaba de nerviosismo.

Ese conjunto de cosas le recordó que estaba viva, que era mujer y amante, que era una esclava de todas estas sensaciones. No quería dejar de probar esa excitación, esa confusión que sentía cada vez que él se marchaba. Y hoy estaba segura de que deseaba entregarse a la calidez de ese momento.

Le habló, le miró, le tocó para cerciorarse de que ese momento era real. Para comprobar que é, al igual que ella, aún la amaba, aún la quería, aún la deseaba. El tiempo y la distancia los unían, eran uno y así se hacía cómplice un ‘te amo’ dichos con el alma.

Ella le abrazó, él se entregó. Tiernamente la cogió por la cintura. Después, le retiró el cabello de los hombros. Los cuerpos se fundieron y la alegría les inundó.

Ella habría deseado morir así, arropada por él. Y ese instante se hizo eterno.

(Del programa de radio: "Es amor")

Rezando en secreto

viernes, 22 de febrero de 2013



A estas alturas de mi vida me es fácil comprobar lo poco que me importa a qué sexo pertenece la otra mitad de mi memoria.
Alguien puede decirme: ¿Qué se hace cuando la jornada pone remiendos a los sentimientos; cuando la vida te empuja hacia otro lado, mientras, de este lado , se quedan afectos, que crecen, viven?
¿Qué se hace cuando esas raíces profundas plantadas en algún lugar de tu pasado cumplen su ciclo y se apagan?
¿Qué se hace cuando nuestro cuerpo lleno de adioses quiere llorar, gritar, extiende su mano para aferrar al afecto que parte y sólo encuentra vacío?
Porque a mi, se me pone analgésica el alma, cubro con vendas las heridas del corazón y sigo andando.
Me confesó su amor cuando yo no estaba preparada para escucharle.
Luego, aprendí a quererle y a su vez, aprendió a respetar mis silencios y mis distancias.
Se marchó una noche, cuando llego la muerte, la vi trepar por su pelo, sólo que baje los ojos y seguí comiendo.
Rezando en secreto para que se conformara únicamente contigo.
Un derrame cerebral le devoró todos los pensamientos.
Ahora, echo mucho de menos sus abrazos.

(Andrea Guadalupe)

Imposibles

jueves, 21 de febrero de 2013



Todas las mañanas se acerca a la playa con su cubo de plástico naranja. Se descalza. Dobla su pantalón repetidas veces hasta dejar las rodillas al descubierto y mira fijamente al mar durante unos segundos. Susurra algo y se dirige hacia la orilla analizando el tempo de las olas. Cuando se retiran, chapotea, llena el cubo de agua y regresa a la arena. Anda unos pasos y la vuelca. Poco a poco, el pequeño charco desaparece ante sus ojos hasta que sólo queda una mancha marrón oscuro. Durante toda la mañana trata de vaciar el mar.

Por la tarde se sienta a la sombra de un viejo roble, cerca del hospital. Con una mano sujeta una pequeña y fina aguja de coser y con la otra agarra una cuerda gruesa. Pasa horas intentando enhebrar esa aguja aunque es evidente que el ojo metálico tendría que ser cien veces mayor para que una cuerda de ese diámetro pasase por su interior.

Al caer la noche se acomoda en uno de los bancos del paseo. Inclina la cabeza hacia atrás, mira al cielo y empieza a contar estrellas en voz alta. En la número doce se detiene pensativo, pero pronto recobra la confianza en sus matemáticas y sigue adelante. A veces, llega hasta ochenta o cien. Pero siempre acaba por descontarse. Cuando esto sucede, se le oye suspirar aliviado, cierra los ojos, parpadea con fuerza e inmediatamente vuelve a comenzar.

Vaciar el mar a cubos de plástico naranja, enhebrar agujas de coser con cuerdas gruesas, contar todas las estrellas del firmamento... Después del accidente de tráfico, su mujer entró en coma profundo. Así estuvo más de 12 años. Los médicos le dijeron que era imposible que pudiera despertar, que sólo cabía esperar un milagro. Desde que decidió desconectar la máquina que la mantenía con vida, todos los días, se asegura de que los milagros no existen. Si existieran -se dice- no podría soportarlo.

(Jaume Pons)

“Espagueti”, “Farolo”, “Plato de lentejas”

 
“Espagueti”, “Farolo”, “Plato de lentejas”, “Chupachup de 20 duros”, “Pata chicle”, “Montera”. La crueldad y sinceridad de los niños, que desde que tenía 12 años hasta los16, empleaba estos términos para describir mi aspecto físico y destreza a la hora de la práctica de deportes y juegos.

Hasta los 16 tuve que soportar este tipo de vejaciones, por parte de lo que por entonces se sentían en un escalafón superior al mío. A partir de aquella edad, tal vez porque mi presencia física podría resultar algo más amenazadora o porque encontré cierto gusto en verme un poco distinto al resto, dejé de escuchar aquellos insultos y motes.

No fue el cuento del patito feo que se convierte en cisne, ni mis pequeños psicópatas, torturadores de patio, se dieron cuenta de que la belleza está en el interior. Los dibujos de Disney lo repetían en todas sus películas, pero nadie se lo creía, ni tan sólo yo.

Hasta entonces había generado un mundo propio. Uno de mis ídolos de entonces y ahora era y es; El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Pensarán que es muy raro en un adolescente tales gustos, pero mi empatía con aquel personaje era total y no sólo era el gusto literario, como él, había imaginado que los molinos eran gigantes… ¿O tal vez me esforcé en imaginar que los molinos eran gigantes?. Ante la cruda realidad de la no aceptación social en patios y parques públicos, fui desterrado a compartir juegos y visiones cervantinas, a montar mis esperpénticas diversiones con el “refuse” de turno.

En aquella época embaucaba o era embaucado en aventuras idiotas para los niños “normales”, impresionantes para nosotros. En ocasiones era Sancho Panza, la mayoría Don Quijote, les juro que vi ejércitos en rebaños de ovejas, liberé galeotes, luché contra el “Vizcaíno”, fui “El Caballero de la Triste Figura” y el de “Los Leones”, volé a lomos de un caballo de madera con mi Sancho Panza abrazado a mi armadura, al cual le di buenos consejos para gobernar su ínsula y al que también exigí que se azotara para liberar a Dulcinea del encantamiento. ¡Dios mío! Aún me acuerdo de a mi Dulcinea del toboso, no sé si fueron una o varias porqueras o simplemente compañeras de pupitre, pero era mi Dulcinea del Toboso. Fui derrotado cerca de mil veces en las playas de Barcelona por caballeros de cuyo nombre no quiero acordarme.

De niño era un loco lúcido, un arrebato de imaginación, una fantasía con patas de chicle empujado a mi bellísima enajenación mental por mi marginalidad.

¡No! No era el cuento del patito feo que se convirtió en cisne. Pasé del niño que vivía en los juegos de su cabeza, al cretino que se evade por los doblados, abriendo baúles de recuerdos, bebiendo del bálsamo de Fierabrás y probándome el yelmo de Mambrino. El cretino que se ríe de cuando y quienes le insultaban, de los que le enseñaron que no tenía que ser perfecto, porque a diferencia de ellos, me inventaba todos los días.
 
(Marcos Hernando Jiménez )


 Nota del autor: Le dedico esta reflexión a aquel niño que, con ayuda de un amigo, hizo un agujero de cerca de 1,5 m. de profundidad para construir el cuartel general de los detectives secretos, grupo que lo formaban él y su amigo. El cuartel general no se termino de construir, por supuesto. Pero años después, ese niño, ya no tan niño. Vio en un telediario, como cerca de Fuenlabrada, sacaban 1.000 kilos de heroína en el mayor alijo encontrado en la historia de Móstoles del agujero que él y un amigo habían escavado para que fuera su cuartel general y que había sido aprovechado como almacén de alcaloides semisintéticos derivados de la morfina. ¡Que asalto a los sueños de un ingenioso niño marginal!. Una vez más Don Quijote se quedaba colgado de las palas del molino.

7 Razones por las que no tengo novia

miércoles, 20 de febrero de 2013


 
Siete razones por las que no tengo pelada.

Es muy poco común que me enamore. Tal vez por eso cuando lo hago; es con mucha pasión y locura.

Después de estar un tiempo solo, decidí hacer una lista del porqué sigo solo. En total hallé siete razones; cada una relacionada con otra y aún así, después de todo, me di cuenta de que no entiendo por qué pasan las cosas.

Sería bueno que alguien me explicara y por eso escribo esta carta.

1.- Lo más claro que recuerdo, es la última chica que me interesó y es basándome en ella que saque mis conclusiones. La frase que viene a mi mente en cuanto pienso en la chica es. “Sí. En vrdad io tmbn t kiero y kiero star contigo. Tú eres la única prsona q m mira komo d vrdad soy y q siempre m kiso. ” Sí... En caso de duda, ella HABLA también así. Imaginen como. Desde aquella escena en la que estuvimos los dos; no volvimos a hablar. En parte, porque a mi manera descubrí varios secretos que ella tenía, con la simple técnica, de jugar con su mente... Es un capricho que tengo.

Así saqué dos de las razones que aquí enumero.

Primera Razón: Pongo mucha atención a las personas que quiero.

La otra irá más adelante.

2.- En cierta ocasión yo el dije: “Nunca sé como piensas y la verdad es que aquella característica tuya es la que más me atrae.” Eso fue algo que solía decirle constantemente. En verdad la conozco, pero es muy común que haga cosas que no puedo explicar. Con esa frase quería hacerle saber que entendí la diferencia entre “conocer” y “entender” a alguien. Poco antes de que dejáramos de hablar. Usó esa frase en mi contra.

Segunda Razón: Tiendo a siempre decir lo que pienso o siento; esperando que los demás hagan lo mismo. Nunca sale como yo espero.

3.- Ahora viene el asunto de salir juntos. La primera vez que la invité a tomar un helado. Aceptó gustosa con una sonrisa de oreja a oreja. Dos días antes de nuestra cita, hablamos y dijo: “Sabs q no puedo; tngo q hacr algo cn mi pa.” El asunto paso... después de que me sintiera como basura durante una semana.

En otra ocasión la invité a dar un paseo. Canceló en el día de la cita. Yo había tenido que escaparme de muchos otros planes que ya tenía... y ella cancela... No recuerdo la excusa; pero sí arruinó mi día.

Finalmente fue ella quien me invitó a salir. Me pidió que fuéramos a comer algo juntos. Al contrario de otras veces, en esta, no cambié ninguno de los planes que ya tenía, ni pensé en lo que haríamos.

Cuando llamó a mi celular, diez minutos antes de nuestro encuentro, yo estaba al otro lado de la ciudad, en medio de un juego de DotA. Tomé el teléfono y contesté con aire despreocupado. “Hola.” Ella empezó dudosa y con voz baja como era su costumbre. “Hola... komo stas... Sabs q yo...” No oí el resto de su charla, pues justo en el momento, gritaron a mi oído: “¡Ve Manuel; movete jugando!” Sonreí instintivamente mientras decía para el celular. “Está bien. Nos vemos el lunes.” Hasta ahora no tengo idea de lo que me dijo en aquella ocasión pero al menos saqué otra razón.

Tercera Razón: No pongo suficiente atención cuando pierdo la paciencia.

4.- Antes de que todo este jugueteo de citas con ella comenzara. Dijo que quería estar conmigo. Sentía algo por ella, pero en verdad no estaba interesado. Se lo dejé saber y ella me respondió con: “Así q esas tnemos. ¿q quieres, q t conquiste? No hay problema. Io lo hago.”
Sin que ella lo supiera, sólo con amenazarme de esa manera ya lo había logrado. Tiempo incluso antes de que todo este problema se desatara, yo ya había sentido algo por ella. No sé si lo sabía, pero lo que me dijo hizo que recordara ese viejo amor.

Al día siguiente, le dejé saber que había triunfado en su campaña. Le dije lo que sentía y ella respondió: “Creo q s mjor q speremos hasta sexto. Primero kiero lograr ntenderte y sabr qué es lo q piensas. Speremos hasta sexto, ¿sí?” Algo de eso sonaba curiosamente igual a lo que yo solía decirle. Eso me llevó a otra conclusión.

Cuarta Razón: Siempre termino diciendo cosas que pueden ser usadas en mi contra.

5.- Todo martes y jueves tengo entrenamiento después de clases. Está chica de la que hablo, también entrenaba, aunque un deporte diferente. Lo hacía los mismos días a la misma hora que yo.
Algunas veces, de puro capricho, le pedí que hiciéramos algo juntos en lugar de entrenar. Lo hacía con cierto aire de complicidad, pero siempre que YO se lo pedía, tenía una competencia cerca. Curiosamente, eso no pasaba cuando ella se lo ofrecía a alguien más. Aquello me dio otra pista.

Quinta Razón: No sé suficiente sobre las cosas que hace.

Un día, al poco tiempo después del incidente descrito arriba, ella me dijo: “Sabs q... M gusta la idea d 'escaparnos' dl entrenamiento y hacer algo cntigo. Hagámoslo.”

Esta vez; yo tenía una competencia cerca. Siguiente pista.

Sexta Razón: No sé ordenar mis prioridades.

7.- Aquí viene de nuevo, lo que mencioné al principio de esta carta. Cuando ella me dijo: “Sí. En vrdad io tmbn t kiero y kiero star contigo. Tú eres la única prsona q m mira komo d vrdad soy y q siempre m kiso.”Pasé todo un día emocionado e inquieto; pensando en ella, sin embargo, en mi cabeza quedaban varias lecciones pasadas; había aprendido que siempre se retractaba cuando estaba punto de pasar algo bueno ente nosotros; y en el caso de ser novios... Era algo que también había fallado en un par de ocasiones... No quería aceptar la idea de que fuera a pasar de nuevo, pero tampoco quería salir lastimado como siempre.

Siempre terminaba en un miserable y tortuoso período de ansia y espera entre el momento en que hablaba con ella y me llenaba la cabeza de maripositas, hasta el día en que, semanas más tarde, todo se iba al caño, cuando ella lo elegía.

En este caso, decidí que al menos quería evitar esa tortura.

Decidí que no mantendría aquel asunto en mi cabeza por más de 24 horas. Al día inmediatamente siguiente, la aborde. Ella tenía la actitud de siempre: elusiva y fingiendo hacerse la desentendida.

Me resultaba curiosamente familiar.

Logré estar a solas con ella por más de dos minutos. Una gran hazaña conociéndola.

Ella quiso hacer una conversación casual.

Yo no.

Sabía como pasaban las cosas con ella. Lo odiaba.

Le dije que quería aclararlo todo. Que no soportaba más.

Intentó desviarse. No hablar de aquello.

No sabía por qué.

Le hice una pregunta directa. Logró ladearla con maña.

“No quiero que seamos sólo amigos Andrea. No quiero seguir con este juego tuyo.” Le dije perdiendo la calma. Su mirada se puso en blanco en cuanto me escuchó. “Sé que en dos semanas vas a venir y me vas a decir, como las veces anteriores; que tienes pelado.”

¡TENGO PELADO! Chilló interrumpiéndome.

Sentí una presión el el pecho... Apenas y recuerdo lo siguiente que dije.

Era mi estupidez, por haber caído en su juego, lo que me dolía más. Era más fuerte incluso, que el dolor que sentía por lo que acababa de decirme.

Ella profirió en voz baja: “Discúlpame... Hay alguien muy importante abajo.”

Se retiró hacia unas gradas cercanas.

Eso me dio la pauta para la última conclusión.

Séptima Razón: No tengo pelada porque no tengo paciencia; de otra manera; hubiera “esperado a sexto” como ella quería, para que su novio se graduara. Algo en lo que pensé después.

Es así termino esta carta Sr. Don Honestic. Necesito su ayuda. Necesito que busque en los rincones más alejados de la razón, una explicación para la conducta de esta niña, pues no importa cuantas vueltas le dé, no entiendo la ambigua conducta... de mi extraña... ex-amiga.

Y le juro que no tengo tiempo, pues por como van las cosas, no me queda duda de que pronto caeré en otro de sus juegos. Por favor... líbreme de aquella desgracia y deme una cura para estos siete males, que me alejan de ser feliz.

Siempre suyo.

Un tipo que no tiene pelada y al que talvez pueda aclararle el porqué.
 
(Joshua Aguayo)

La deshora

lunes, 18 de febrero de 2013



¿Y qué habré de decir para que entiendan
los nardos que ya todo ha concluido?
¿Qué palabra podría convencerlos
de que no es tu llegada lo que aguardo?
Se abren las luces nuevas y murmuro:
«Hoy no diré su nombre.
Estoy en el pasado. Hay que partir
a buscar pastos nuevos.» Pero el alma,
enferma y distraída, no me sigue
y se queda extasiada en tus praderas.

¿Qué puedo yo contra esta voluntad
de estarme con tu olor y tu recuerdo?
¿Cuenta acaso mañana para quien
vivió hasta ayer su tierra prometida?

En la llanura no aparece el nuevo
pastor imperativo
y hacia el anochecer, indestructibles,
manejo pruebas de papel y seda.
Cerca pasan el agua y la sonrisa:
el pasado es lo único que anhelo.
«Esta sangre -me digo-
debiera ser de piedra»,
mas sé que he de olvidar lo inolvidable:
llegarán otras manos y otra boca,
otra cintura borrará la tuya.
Pero hoy debo decir a los amantes
que, donde quiera que tú estés, te amo.


(Antonio Gala)

Aunque tú no lo sepas

jueves, 14 de febrero de 2013


 
Como la luz de un sueño, 
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo,
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos.

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.
También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes,
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuando te marchas.

Aunque tú lo no sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.
 
(Luis García Montero)

La verdadera historia del lobo feroz

miércoles, 13 de febrero de 2013


Este cuento, no crean que es tan cuento es la verdadera historia…la verdadera historia de ese falso cuento, que de chicos y no tan chicos le fue contado.
Cansado de que mi imagen fuera apocada, decidí sacar a la luz mi verdad. Había una vez...no…no…Había una niña con una capita roja, que en el bosque la llamábamos.
Esa funda…ese gorro de color rojo y ya me empiezo a enojar…era inconfundible. Esta niña cantaba y bailaba, pero también corría por el bosque destruyendo las margaritas, cortando las hojas de los queridos arboles, ahuyentaba a gritos a los pequeños conejos, los pájaros, las ardillas y las mariposas…
Desechaba sus papeles de caramelos en el rio, contaminando el agua. Nadie la quería, todos corríamos al verla, solo escuchar que se aproximaba hacia que cada uno de los animales se escondiera en el primer lugar que encontrara.
Todo empezó un día que viniendo yo del sindicato de lobos me cruce por casualidad con este pequeño monstruo. Al verla me enterneció su carita de ángel; fue así que le pregunte a donde se dirigía, pensé que podía oscurecer y se podría perder en el bosque, Le dije: ¿A dónde vas, muchachita?
Y ella me contesto: A la casa de mi abuelita, (apretándome los molletes), que lindo lobito, ¿no quieres acompañarme? Sin dejar que pudiera decir palabra me agarro de la cola y me arrastró.
La muy malcriada me arrastraba, me decía que al llegar a casa de su abuelita me realizaría un corte de pelo, porque el que tenía estaba pasado de moda.
Ahyyy , por mi antepasados que como pude me zafe y corrí sin dirección , más que cortarme el pelo la muy salvaje tal vez me cortaba una pata o valla a saber que si se le erraba con la tijera. Como odio cuando escucho su vocecita llamándome lobito. Lobito ven que quiero jugar ti, pobre de mí…
Recuerdo que un día me agarro por sorpresa y sácate!!!, me pinto la cara con unos brillos que traía en su sesta me puso una peluca de colores y me amarro al árbol. Fui el hazmerreir de todo el bosque. Otra vez me convido con un caramelo que estaba relleno de pegamento una semana sin probar bocado; esa niña es un demonio …!!!
Yo le quise dar una lección , para que así escarmentara . Su abuela una persona noble y buena prometió ayudarme después que escuchara mi relato :“ Claro que te ayudare , estimado lobito , no permitiré que mi nieta destruya el bosque y maltrate a los animales que en el habitan , cuenta con migo para lo que sea necesario “ , afirmo la abuelita de caperucita roja.
Una calurosa tarde llame al celular de la abuelita para acordar una cita , ya que ella es una persona extremadamente ocupada . Sus reuniones el club de jubilado del bosque , sus encuentros con amigas para tomar el té junto al rio y las clases de Tai chi chuan no le dejan tiempo libre .
Arreglada la cita solo quedaba acudir a su casa . Al llegar me recibió en su jardín de invierno , que paraíso!!! Aire acondicionado , LCD y sillón masajeador …me convido con refresco ¡que placer!. Luego para que me sintiera aún más cómodo y para compensar los malos tratos de su nieta me invito a zambullirme en su piscina ubicada en parque .
Acostumbrado a mi madriguera , un PH al fondo , con poca iluminación y compartida con una pareja de topos y una marmota , eso era ¡fabuloso!. Esa tarde entre refresco y refresco, zambullida y zambullida pudimos acordar que ella se encargaría de hablar con su nieta y pedirle que reflexionara sobre las actitudes que tenía para con los habitantes del bosque.
Después de unos días la abuelita me llamo para que esa tarde fuera a su casa, ya que iría Caperucita Roja a llevarle unos pastelitos. Me vestí con mi mejor traje , me lave los dientes, me peine y me fui cantando de alegría pensando que esa tarde por fin encontraría la tranquilidad tan ansiada .
Pero no…casi termino en el comedor de la abuelita …pero no comiendo …sino de tapis. Al llegar toque la puerta y salió la abuelita y sorprendida me dijo :” llegaste temprano …esta justo por salir a pasear a mi querido perrito Inolfo …pasa y espérame …siéntete como en tu casa en diez minutos regreso…”.
La caminata me dio hambre y sed .Fui a la cocina y me serví uno de esos riquísimos refrescos que ya había probado , tome , tome y tome … comí unas galletas … de repente comencé a tener sueño …los ojos se me cerraban , mis patas estaban sin fuerza y mi cuerpo me pedía descanso.
Me fui a dormir una siesta . La cama de la abuelita era tan cómoda que decidí taparme y dormir plácidamente …Hasta que de repente sentí un portazo …que es ese ruido me pregunte . Sin tiempo en el cual pudiera salirme de la cama …vi una sombra que se acercaba …del miedo me tape todo…tiritaba de miedo…y de repente …Sentí su vos “Abuelita” Abuelita” , el monstro había llegado , pude agarrar un camisón de la abuelita que estaba cerca y me cubrí para que no me reconociera …me puse un gorro también …pero nada…todo fue en vano.
La niña entro y de repente el verme me dijo :”Vos no sos mi abuelita…¿Quién sos? Me pregunto . Yo no respondía estaba paralizado. Me agarro las orejas y me dijo ¡ que linda orejitas que tienes ¡ Pero están muy sucias , tal vez tenga que lavarlas .
Yo pensé que me dejaba sordo. Sacó de un cajón un trozo de algodón y empezó a pasármelo por las orejas. Mirando mi hocico me dijo :” qué lindo pelitos tienes , son demasiado largos hay que cortarlos “ y sin dudar con una tijera me corto los bigotes. Abriéndome la boca me dijo “que lindos dientes que tienes , pero están llenos de sarro “ te voy a pasar la lijadora para que queden limpios , limpios” .
Yo estaba sudando , y no sabía cómo escapar …al pasarme la lijadora raspo mi lengua …hay que dolor … pedí a gritos socorro , se me callo el sombrero y …me reconoció. Lobito , me dijo ven para acá que ahora te toca cortarte las uñas , después depilarte el lomo y luego …grite y grité.
En eso se sintió un disparo…claro había un torneo de tiro , y los leñadores al oír los gritos vinieron. El pequeño monstruo había metido la cabeza dentro de mi boca para atarme la campañilla y ver si sonaba …en eso entraron a la habitación comenzaron a dispararme , me corrieron , me tiran para matarme y como pude salte por la ventana , cayendo arriba de un cactus lleno de espinas.
Salí de esa casa huyendo cruce el rio y nunca más regrese. Fuel el peor día de mi vida . Desde ese día no salgo de mi madriguera , más solo que para buscar un poco de alimento y agua . Nunca pude contar mi verdad y la verdadera historia de este cuento.
Bueno ahora que ustedes la conocen verán que no siempre existe una sola verdad. Hay que escuchar la historia de los dos lados del rio.
 
(Sandra Sorbara)

Los niños que creían en nada

martes, 12 de febrero de 2013



Nadie le daría trabajo con lo vieja que estaba, e indagar sobre si disponía de ahorros para montar un negocio en toda regla sería una falta de sensibilidad; por no decir un exceso de estupidez. Qué hacer cuando las carnes te exigen sobrevivir. ¿Pedir limosna? Buenos Aires ya no estaba para eso. Tendría que ganarse la vida haciendo algo de dudosa moralidad. Qué cosa. Qué podría hacer sin perjudicar a la gente. Optó por vender aire, como lo hacían miles de empresas, pero ella no sería una desalmada. Cobraría montos irrelevantes y el aire que daría a cambio no contendría un valor superfluo.

Empezaría a venderlo de inmediato porque, además, sabía que ningún pariente le iba a dar cobijo. No los tenía, ni hacia los lados ni hacia abajo. Hacia arriba, menos. Sandra realmente era vieja. 57 años olvidada en la cárcel por haber matado a su marido le impidieron procrear. Era él o ella. Los moratones acumulados en su cuerpo lo demostraban, pero en el juicio no valieron. El abogado contratado por su suegra era de los caros, de esos con influencias.

Desde el 12 de octubre de 2003, Sandra anduvo libre por las calles. ¡Vaya mentira! Sus carnes la arrinconaron más que nunca. En su estómago tenía aire, pero uno muy distinto del que estaba por vender. En la cárcel había aprendido algo de magia. Hacía desaparecer objetos pequeños, como cigarrillos y monedas. Con una esfera de cristal de cuatro centímetros de diámetro no tendría problemas.

Entre la basura, encontró cajas de un tamaño ideal para empaquetar, una y otra vez, su única esfera. Sólo le faltaban cintas de colores para, en el momento de la venta, atar la caja correspondiente y adornarla con un listón. Las consiguió enseguida. 

Frente a una tienda de juguetes, interpretando el papel de una bruja buena de cuento, atraía la atención de los pequeños con un discurso dulce en el tono y seductor en las palabras: “Mira esta bola de cristal. Es ligera como el aire. Es mágica. Mágica para los que poseen el don. ¿Tú lo posees? No mires a tus padres, la respuesta sólo la puede saber uno mismo. Meteré esta bola especial en esta caja… así, ¿ves? Ahora, ataremos la caja con esta cinta para asegurarnos de que se mantenga cerrada hasta que llegues a tu casa. Si al abrirla descubres que la bola se ha desmaterializado (que ya no está), sabrás que posees el don. Pero la bola no habrá desaparecido, sólo habrá cambiado de lugar. Habitará dentro de ti para siempre y te será muy útil en tus sueños, porque con ella vencerás a cualquier monstruo y te ayudará a encontrar mundos llenos de personas y cosas bellas y alegres. Dormirás feliz”. Los padres, confiando en que la vieja los timase con una caja vacía, se la compraban por unas cuantas monedas.

Funcionaba.

El boca a boca hizo cada vez más conocida a la vieja de enfrente de la juguetería en Rivadavia, entre la avenida Otamendi y Campichuelo.

A Sandra Febres Queipo se le recuerda como “La bruja de la bola invisible”. Murió el 7 de enero de 2005. Ni bien pasaron dos meses, la juguetería —que no voy nombrar para no hacerle publicidad— lanzó un producto con la imagen ilustrada de su personaje y con el nombre con el que se le conocía. No lo vendieron como esperaban. En 2008 dejaron de producirlo. Pensaron que la magia de Sandra también era comercializable, pero pasaron por alto el truco de su éxito. Era la voz de ella, la convicción en su tono, lo que agudizaba en los niños el don de creer… de creer que en esa nada que encontraban en la caja fuese posible todo.

(Rafael R. Valcárcel)
 

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