Recuerdos de un lector

domingo, 27 de diciembre de 2009



La memoria crea falsos recuerdos. Yo no puedo recordar cuándo aprendí a leer, porque lo hice a una edad muy temprana, con los tres años recién cumplidos o antes incluso. Me enseñó mi abuelo, con la ayuda de una cartilla un tanto vetusta que en su primera página incluía las letras vocales, acompañadas de un dibujo alusivo: la a de abanico, la e de erizo, la i de iglesia, la o de ojo, la u de uvas. Guardo todavía un ejemplar de aquella cartilla, desgualdrajado y amarillento; y, mientras lo hojeo, me imagino aupado sobre las rodillas de mi abuelo, arrimados ambos a la camilla que escondía bajo sus faldas el calor hospitalario del brasero, pronunciando al unísono esos sonidos que servían para designar el mundo; y llego a imaginar tan vívidamente esa escena que por momentos creo recordarla. Pero sé bien que a quien recuerdo aprendiendo a leer es a mi hermana, cinco años más pequeña que yo, que tuvo idéntico maestro y también trepaba a sus rodillas en las tardes de invierno; cuando acababa de tomarle la lección, mi abuelo la besaba en las mejillas, restregándole su barba picajosa de tres o cuatro días, una barba que le crecía recia y pugnaz, porque era muy macho y además se la afeitaba con navaja barbera. Mi hermana se quejaba de aquellos besos que le dejaban las mejillas escocidas, como yo mismo me quejaba; pero ahora que esos besos me faltan me despierto añorando aquel escozor en la piel, y a veces incluso llego a sentirlo en la duermevela como una lija amorosa que frotase todo mi rostro, lavándolo de arrugas y pensamientos sombríos.

Recuerdo a mi abuela encerrada en su habitación, engolfada siempre en el rezo del rosario y en la lectura de novenarios y revistas piadosas. Santa Rita y el pueblo cristiano, se llamaba su predilecta; en sus páginas finales se incluía siempre un capítulo de un folletín sobre la Abogada de los Imposibles. Mi abuela padecía cataratas y solía pedirme que le leyera las páginas de aquella hagiografía por entregas, salpimentadas de episodios peregrinos, a veces un poco tremebundos (el milagro de los estigmas y de las marcas de la corona de espinas en la frente me dejaba turulato), en los que lo candoroso se daba la mano con lo sobrenatural, hasta infundirme una suerte de arrobo o beatitud que casi me hacía levitar. Otra de mis primeras lecturas fueron los pasajes de Historia Sagrada que incluía la enciclopedia Álvarez, con la que mis padres estudiaron: allí se contenían los episodios más divulgados del Génesis (la creación del mundo, la expulsión del Paraíso, el arca de Noé, el sacrificio de Isaac…), que fueron durante muchos años la levadura de mi imaginación y me enseñaron que hay otra realidad más cierta que la que perciben nuestros sentidos, otra realidad que anida allá donde sólo acceden quienes miran sin legañas.

Mi abuelo, que me enseñó a leer, no era sin embargo hombre de lecturas numerosas. La sabiduría que había atesorado no se la habían proporcionado los libros, sino las asperezas y sinsabores de la vida; sin embargo, guardaba como oro en paño un ejemplar muy magullado de las poesías de José María Gabriel y Galán, que había llegado a aprenderse de memoria allá en su infancia campesina. Sospecho que hoy ya nadie frecuenta a Gabriel y Galán, tan alejado de la muy cuestionable sensibilidad contemporánea; pero su poesía rural, candeal, muy delicadamente emotiva me sigue poniendo un amasijo de ortigas en la garganta cada vez que la releo. El poema predilecto de mi abuelo se titulaba El vaquerillo; y me lo recitaba a diario, con una voz que era a un tiempo muy viril y muy acendradamente melancólica, como si en el niño protagonista estuviese viendo al niño que yo era por entonces, o incluso al niño que él mismo había sido:

«He dormido esta noche en el monte
con el niño que cuida mis vacas.
En el valle tendió para ambos
el rapaz su raquítica manta
y se quiso quitar, ¡pobrecillo!,
su blusilla y hacerme almohada».

Mientras mi abuelo leía aquellos versos cálidos y ateridos, yo sentía crecer dentro de mí el relente de una noche pasada en la intemperie, y me acurrucaba contra él, para sentir el calor de su sangre desfilando por sus venas antiguas, como un río rumoroso y lentísimo, para sentir los latidos de su corazón, como un reloj que midiese la respiración del mundo. Pegados el uno al otro, como la piedra al liquen, sentíamos que se nos hacían de acero los cuerpos y de oro las almas; y la noche que ya se avecindaba a lo lejos ni siquiera nos rozaba: ambos éramos invulnerables y eternos como los dioses.

(Juan Manuel de Prada)

Las cosas que nunca hicimos




En los paseos diarios con mi abuelo nunca faltaba una parada en alguna tienda de tejidos. Eran establecimientos amplísimos y luminosos (o al menos así se lo parecían al niño que yo era), con estantes abarrotados de piezas de tela de distintos géneros y colores que se alzaban hasta una altura inconcebible y unos mostradores largos y macizos, de una madera antaño lustrosa que el tiempo había ido poblando de muescas, una madera sobre la que los dependientes hacían sumas y multiplicaciones con el mismo bolígrafo que un segundo antes sostenían en delicado equilibrio sobre el caballete de la oreja. Mi abuelo respiraba con beatitud en aquellas tiendas de tejidos y me aupaba para encaramarme en uno de aquellos mostradores, aprovechando un hueco expedito entre el tumulto de telas que aguardaban ser devueltas a los estantes. «Un vaso de agua para mi nietico», solicitaba mi abuelo a uno de los dependientes, que corría a la trastienda a atender la petición, mientras él se paseaba por el establecimiento con esa melancólica dignidad del rey destronado que recorre las dependencias del palacio familiar, hoy convertido en museo por la calentura democrática: saludaba a la clientela y la asesoraba en su compra, departía con los dependientes, acariciaba los paños con deleite (era capaz de distinguir su gramaje por el tacto) y se enfurruñaba si detectaba en su composición poliéster u algún otro tejido sintético.

El dueño de la tienda no tardaba en aparecer, advertido por alguno de los dependientes, a quien tal vez fastidiase la actitud un tanto entrometida o sabelotodo de mi abuelo. El dueño de la tienda era siempre un señor muy orondo y elegantón que me hacía una carantoña o me regalaba un caramelo de tofe, antes de pegar la hebra con mi abuelo. Recuerdo que en aquellas conversaciones merodeaba la nostalgia de los tiempos idos: los géneros ya no eran como los de antaño, los proveedores catalanes ya no eran tan solícitos y detallistas como los de antaño, los sastres ya no trabajaban con la misma maña que los de antaño, y la clientela, cada vez más aborregada y plebeya, prefería abastecerse en las tiendas de prêt-à-porter, que ya por entonces eran una plaga y amenazaban con arruinar el negocio. Se abría entonces un silencio luctuoso en la conversación, un silencio de velatorio que ponía un brillo trémulo en la mirada de mi abuelo, como si aquella sucesión de desdichas certificaran la defunción de su más acendrado sueño. Siempre lloramos lo que nunca tuvimos.

Mi abuelo hubiese querido regentar una tienda de tejidos, pero nunca alcanzó ese sueño. De regreso a casa me narraba obsesivamente la retahíla de infortunios que se lo impidieron: de joven había tenido que trabajar como vendedor ambulante, para subvenir la economía familiar; se había echado una novia que como él tenía la vocación del comercio, pero la guerra y los años de hambruna que siguieron le impidieron matrimoniar e independizarse; cuando por fin pudo hacerlo, ya eran ambos cuarentones, y su mujer murió al alumbrar a mi madre; la viudez lo hizo reservón, y aunque volvió a casarse prefirió quedarse en el pueblo; llegó a reunir unos ahorrillos que le hubiesen permitido abrir un negocio en la capital, y hasta viajó a Barcelona, para cerrar un contrato con Tamburini (pronunciaba este nombre con veneración casi religiosa), un empresario textil que fabricaba los mejores tejidos, pero cuando ya tenía el local apalabrado algo falló en la transacción, o quizá sólo fallase su arrojo, quizá el miedo a empeñarse de por vida lo obligó a desistir en el último momento. «Nunca dejes de hacer por miedo lo que tienes que hacer, nietico mío», me aconsejaba mi abuelo, y me apretaba la mano hasta casi rompérmela, como si en la fuerza de ese apretón quisiera transmitirme el valor que a él le había faltado, la lealtad a la vocación que a él le había flaqueado, por culpa de una vida perra.

Mi abuelo murió sin ver coronado su sueño. Pero siempre pienso que, allá en el cielo, andará regentando una tienda de tejidos, y que con sus propias manos cortará la tela blanqueada en la sangre del Cordero con la que se viste la muchedumbre de los bienaventurados. Siempre pienso que las cosas que nunca hicimos en vida, por falta de arrojo o por intervención funesta de la adversidad, podremos hacerlas allá donde la vida no se acaba nunca. Y en esa otra vida interminable siempre pienso que trabajaré como dependiente a las órdenes de mi abuelo, en una tienda de tejidos en la que –¡por supuesto!– el poliéster y el prêt-à-porter tendrán vedada la entrada.

(Juan Manuel de Prada)

Pasatiempo

martes, 8 de diciembre de 2009



Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía

luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era océano
la muerte solamente
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

(Mario Benedetti)

Alguien

lunes, 7 de diciembre de 2009



Un hombre trabajado por el tiempo,
un hombre que ni siquiera espera la muerte
(las pruebas de la muerte son estadísticas
y nadie hay que no corra el albur
de ser el primer inmortal),
un hombre que ha aprendido a agradecer
las modestas limosnas de los días:
el sueño, la rutina, el sabor del agua,
una no sospechada etimología,
un verso latino o sajón,
la memoria de una mujer que lo ha abandonado
hace ya tantos años
que hoy puede recordarla sin amargura,
un hombre que no ignora que el presente
ya es el porvenir y el olvido,
un hombre que ha sido desleal
y con el que fueron desleales,
puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
una misteriosa felicidad
que no viene del lado de la esperanza
sino de una antigua inocencia,
de su propia raíz o de un dios disperso.

Sabe que no debe mirarla de cerca,
porque hay razones más terribles que tigres
que le demostrarán su obligación
de ser un desdichado,
pero humildemente recibe
esa felicidad, esa ráfaga.

Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.

(Jorge Luis Borges)

Azul, gris y un señor que arregla impresoras...

lunes, 30 de noviembre de 2009



Qué difícil resulta todo a veces…

Últimamente en mi vida no hay momento para el relax. Todo es extraño… gris oscuro tirando a negro, aunque yo trato de pintarlo en azul mar. Todo el mundo anda crispado a mi alrededor y yo estoy en una isla desierta de un metro cuadrado de superficie, rodeada de tiburones esperando que dé un traspiés y caiga al agua…Me ahogo sin haberme soltado aún de la palmera a la que me estoy sujetando. Lo mismo, la uso para mi suicidio virtual antes de morir en las fauces de un pez enorme con varias hileras de dientes desordenados.

A veces me salpica el agua en los chapoteos de los escualos que tratan de ponerme nerviosa, pero no me dejo llevar por el miedo. Cierro los ojos y tarareo algo de Madonna…”Like a virgin….uuuuhhh …touched for the very first time…”; eso siempre me ha ayudado en momentos de estrés, sobre todo en los exámenes.

Siempre me ha dado por la fuga surrealista en los momentos más difíciles de mi vida. Me ocurría cada vez que Amor número 10 amenazaba con desaparecer, insistiendo en dejar -en el hueco de su ausencia- una bonita y duradera amistad. Con el tiempo, esa utopía de madurez se ha convertido en una respetuosa relación entre colegas, sin compartir cafés ni sábanas.

En las situaciones incómodas, soy muy dada al surrealismo de canturrear canciones antiguas de Madonna y de series de dibujos animados que veía de niña….Cada vez que Amor número 10 insinuaba una ruptura yo tarareaba la canción de David el gnomo: ”Soy un gnomo…y aquí en el bosque soy feliz. Bajo un árbol vivo yo, junto a su raíz….” Me ayudaba a espantar fantasmas…Cuando Amor número 10 decía que quería que hablásemos, que lo nuestro no tenía futuro, yo me imaginaba a David sobre su zorro corriendo por el bosque buscando frutas silvestres…Llegaba un instante en que el discurso solemne de despedida de Amor número 10 tenía la banda sonora de mi infancia y él sólo movía los labios al son de mi música…

Hoy me ha ocurrido algo parecido. Mientras el encargado de arreglarme el scanner de la impresora se empeñaba en explicarme el funcionamiento de la máquina, yo tenía activado el botón del “on/off” mental para canciones de mi infancia y no me estaba enterando de nada. Gracias a Dios la experiencia me ha dado la virtud del disimulo y siempre tengo la muletilla adecuada para dejar contenta a cualquier tipo de audiencia…

Hace diez días tuve que hablar de nuevo con Amor número 10. Nuestros últimos encuentros habían sido distantes y escuetos: otra vez la no-relación sin cafés ni sábanas, dejando entrever que aún había rescoldos de la hoguera que nos quemó antaño. Pero esta ocasión fue diferente a las anteriores. Por primera vez en mucho tiempo dejé de activar el botón mental de las bandas sonoras infantiles. No sé por qué había desaparecido la necesidad de darme a la fuga a lomos de un zorro por un bosque encantado. Ya ha pasado el tiempo y Amor número 10 ha dejado de zarandearme la sensibilidad y puedo hablar con él sin que me tiemble la voz.

Es curioso cómo el tiempo lo pone todo en su sitio y cómo El señor que arregla las fotocopiadoras ha desplazado de mi mente a Amor número 10 con sólo hablarme de la función “REC” del scanner…

(La Dama)

Y yo también jugué

domingo, 22 de noviembre de 2009



Recuerdo llegando al Casino de mi pueblo, o después del cole a las cinco, allá mediados los ochenta, con grisáceo cielo otoñal que amenazaba lluvia y vientos, reunirnos unos cuantos, no muchos, todos imberbes, y esgrimir, como amantes que enseñan sus armas al adversario ofensor de su dama poco antes del desafío, las relucientes bolas de cristal con las que establecíamos la competición de mayor orgullo y alcurnia que que le era dable a un atrevido mozalbete: La canica.
La redondez perfecta de aquel cristal, poliédrico en reflejos, insuperable en equilibrio periférico, diríase que adquiría la forma exacta de mi dedo índice (pura magia), adhiriéndose como una pegatina, para salir impulsado con furia certera en busca del impacto esperado. Y ¡bingo! Golpeo efectuado.
Entonces... "Primeras, Pies, Túter... y Gua". Mágicas palabras que descubrían al nuevo campeón, al más habilidoso con los dedos, a aquel que empleaba la técnica justa para alcanzar, sin asomo de fuerza, el éxito en la pericia. La alternativa a la fuerza bruta.

La noche invernal, como por acto reflejo, impedía, para mi bien, la continuidad en el "juego de niños". ¡Y alabado sea Dios! Victorioso volaba a casa, sin admitir la revancha a los perdedores ni a los aspirantes mirones, con mis canicas, limpias ya de tierra, y con el trofeo moral de ser el más listo de la clase, al menos por aquella tarde. "Gana una vez y retírate", escuché algún día...

Luego, mamá, lógico, un par de cachetes me daba al comprobar, de nuevo, que las rodilleras de mi pantalón se mostraban raídas y magulladas por la competición.Sabía, aunque nunca me lo decía, que había vuelto a ganar.

Y se alegraba... mientras me preparaba a modo de premio no merecido un cazo bien caliente de leche con galletas Príncipe. Sabrosísimo manjar para el campeón.

(Colaboración de Claudio Rizo)

Ya no me acuerdo...

viernes, 20 de noviembre de 2009



Esta mañana
ya no me acordaba
cómo tocaban mis dedos
esa guitarra que era
para mí tu cuerpo.
Ya no me acordaba lo que sentía
cuando acariciaba tu pelo

Ya no me acuerdo
si tus ojos eran marrones o negros,
como la noche o como el día
que dejamos de vernos.
Sólo recuerdo que llovía y que quedamos
en la parada del metro.

Pero haciendo un gran esfuerzo,
aún veo tu mirada
en cada espejo de cada ascensor
donde cada noche
me sube hasta el cielo
de moteles-invernadero
donde se jura algo tan efímero...

Ya no me acuerdo,
ni de tu risa
ni de tu prisa
por darme un beso.
Ni qué botón
de tu camisa
desabrochaba primero.
Ni qué rumba me bailabas
cuando querías robarme el sueño.

Dicen que el tiempo y el olvido
son como hermanos gemelos.
Que vas echando de más
lo que un día echaste de menos.
Yo qué culpa tengo
Si ya no me acuerdo.

Pero haciendo un gran esfuerzo,
aún veo tu mirada
en cada espejo de cada ascensor
donde cada noche
me sube hasta el cielo
de moteles-invernadero
donde se jura algo tan efímero
Y tan eterno.
Ya no me acuerdo,
Ya no me acuerdo...

(Estopa)

Después de las fiestas

lunes, 16 de noviembre de 2009



Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,

eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.

(Julio Cortázar)

Tontos de Capirote



Quién me iba a decir que rozarías mi alma con la punta de los dedos y aterrizarías de lleno en mi césped después de perder el control y caer en picado por el precipicio de la locura…

Y ahí estaba yo, con mis botas rojas y mi traje de wonderwoman pasado de moda, buscando una cabina donde sacar la heroína que llevo dentro. Me costó encontrarla, porque con la remodelación del mobiliario público las cabinas telefónicas parecen cualquier cosa, excepto un sitio para comunicarse. Me abruma tanta psicodelia y ese exceso de deshumanización.

El caso es que ahí estabas tú decidiendo qué hacer con tu vida y mientras tanto por allí pasaba yo, con las gafas de miope olvidadas en otro bolso que no era el mío, desentrenada y torpe en mi papel de dama andante, con mi triste figura arremetiendo contra todo molino de viento que se me cruzaba en el camino…

Cuando pasé a tu lado desprendías una luz intermitente en ámbar. Parecías un semáforo al borde de un cortocircuito emocional. Lo interpreté como una señal del destino y me quedé a tu lado aquella noche de lluvia y miopía mal corregida. El caso es que decidí que debía adoptarte. No encontré solución urgente más plausible y, con mi condición de ser pragmático hasta la médula, aquella noche te hice una sopa caliente. Tú a cambio me regalaste los secretos más íntimos de tu vida. Me desbordó tu angustia y me hipnotizaron tus ojos de mar, más de perrillo lastimero que de ser humano a punto del suicidio…

Me contaste lo de tus hermanas ausentes de tus dolores cotidianos; lo de tu hijo usado como arma arrojadiza; lo de tu obsesión por coleccionar cosas inútiles que era una forma de llenar los huecos vacíos de tu mente…y así te fuiste desguazando como un utilitario viejo a punto de expirar para siempre. Nunca he conocido a alguien más coherente dentro de su locura. Ahora que ya creo que empiezo a descifrar el jeroglífico que me planteaste entonces, sólo se me ocurre decir que ya que te has cruzado en mi camino y me has obligado a desempolvar mi traje de wonderwoman no tienes derecho a irte de este mundo sin pedirme permiso. Porque… porque me debes una sopa caliente… y porque me he cansado de luchar sola contra tanto molino de viento casi a tientas porque esta miopía incorregible me impide ver más allá de mi nariz y tú me has enseñado que al otro lado del espejo, aunque mis ojos no puedan verlo, hay un mundo de tontos de capirote que merece la pena explorar…
(La Dama)

Canción del viaje

martes, 10 de noviembre de 2009



Recuerdo un pueblo triste y una noche de frío
y las iluminadas ventanillas de un tren.
Y aquel tren que partía se llevaba algo mío,
ya no recuerdo cuándo, ya no recuerdo quién.

Pero sí que fue un viaje para toda la vida
y que el último gesto, fue un gesto de desdén,
porque dejó olvidado su amor sin despedida
igual que una maleta tirada en el andén.

Y así, mi amor inútil, con su inútil reproche,
se acurrucó en su olvido, que fue inútil también.
Como esos pueblos tristes, donde llueve de noche,
como esos pueblos tristes, donde no para el tren.

(José Ángel Buesa)

Canción de la lluvia



Acaso está lloviendo también en tu ventana;
Acaso esté lloviendo calladamente, así.
Y mientras anochece de pronto la mañana,
yo sé que, aunque no quieras, vas a pensar en mi.

Y tendrá un sobresalto tu corazón tranquilo,
sintiendo que despierta su ternura de ayer.
Y, si estabas cosiendo, se hará un nudo en el hilo,
y aún lloverá en tus ojos, al dejar de llover.

(José Ángel Buesa)

Caprichoso



Caprichoso, despiadado,
nos mordemos, nos besamos,
nos dañamos con las manos
con las que acariciamos.

Tú me miras,
yo de espaldas
te aconsejo que no sigas,
a veces me canso
de ir descalza por tu vida,
de repente me tocas el pelo
en mi espalda cuatro dedos
y me quedo quieta ahí.
Y me veo en la encrucijada
de quedarme con las ganas
o tumbarme y seguir...

Cuando no te tengo,
te busco,
me pierdo y me consumo.
Y cuando te encuentro,
se desvían mis señales de humo...

Con el humo de un cigarro
se me ponen rojos los ojos...

Hay quien dice que no me convienes
que esto tan sólo entretiene,
del portazo que ayer di,
la foto rompí.

Tu me miras,
yo de espaldas
te aconsejo que no sigas,
a veces me canso
de ir descalza por tu vida,
de repente me tocas el pelo
en mi espalda cuatro dedos
y me quedo quieta ahí.
Y me veo en la encrucijada
de quedarme con las ganas
o tumbarme y seguir...

Con el humo de un cigarro
se me ponen rojos los ojos...

(Vanesa Martín)

Un carrusel a la velocidad de la luz

jueves, 29 de octubre de 2009



-Tengo la sensación de que el tiempo se me resbala entre los dedos. Apenas me doy cuenta de que los días pasan sin que me dejen recuerdos que llevarme a la boca. Es todo una suerte de noche febril con alucinaciones pasajeras ¿Me entiendes?¿Comprendes lo que quiero decir?

-Has subido a un carrusel y vas a otra velocidad a la del resto del mundo, pero poco a poco irá disminuyendo esa velocidad hasta convertirse en tu velocidad crucero y entonces, tu cabeza volverá a generar recuerdos. Tienes más recuerdos de los que pretendes conservar y eso puede ser peligroso. Estás ávida de experiencias y te está ocurriendo todo a la vez.

-Tienes razón. De repente alguien en algún lugar del universo en una esfera situada en otra dimensión que no acertamos a comprender, se ha dado cuenta de que mi vida se había quedado ciertamente estancada y entonces ha tratado de compensar el desastre de los últimos años y casi sin respiración me encuentro en el escenario de un viejo teatro, con un cañón de luz apuntándome justo en la frente. Siento cómo el público espera que suelte un monólogo que acabo de olvidar.

-Siempre con la autoestima haciendo goteras ¿eh? Date un respiro, mujer, que el mundo va a seguir dando vueltas de la misma manera que hasta ahora, independientemente de que te sientas como un entrenador de fútbol de tercera división que se está jugando el pase a la final de la Copa del Rey.

-Es fácil de decir, pero ya me conoces: autocrítica y perfeccionista hasta la extenuación.

-¿Quién te persigue para que corras detrás de tu sombra desde que te conozco? Eres como un galgo en una carrera de mastines, siempre tienes que ir por delante de los acontecimientos…

-Los acontecimientos me persiguen.

-No, tú buscas aquello que no te ocurre.

-Cualquier día voy a morir de una cardiopatía fulminante.

-No, cualquier día vas a morir sin corazón, porque te lo habrás dejado en el intento de cambiar el mundo.

-Hace tiempo que no noto el corazón…

-Pues yo, hace tiempo que lo noto latir más que nunca.

-No consigo desvincularte de mis neuras. No quiero arrastrarte hacia mi abismo.

-No te esfuerces, porque ya estoy dentro...

(La Dama)

La Lluvia



LLueve
Y las aceras están mojadas
Todas las huellas están borradas
La lluvia guarda nuestro secreto

LLueve
Y en mi ventana te echo de menos
Los días pasan y son ajenos
El frío me abraza y me parte en dos

La lluvia cae sobre los tejados
Dónde fuimos más que amigos
Recuerdo que dormimos al abrigo
Del amanecer

Los bares han cerrado ya no hay copas
La lluvia hoy mojará mi ropa
Si no estás aquí
Si tú no estás me duelen mas los años
Las heridas me hacen daño
Si no vuelvo a oír tu voz

LLueve
Y las palabras se quedan mudas
Todas las noches las mismas dudas
¿Qué fue de todos aquellos besos?

LLueve
Y se enmudece la primavera
Cuento las veces que el sol espera
Para secar de lluvia la acera
Para secar de lluvia el tejado
Dónde fuimos más que amigos
Recuerdo que dormimos al abrigo
Del amanecer

Los bares han cerrado ya no hay copas
La lluvia hoy mojará mi ropa
Si no estás aquí
Si tú no estás me duelen mas los años
Las heridas me hacen daño
Si no vuelvo a oír tu voz

En los tejados dónde fuimos más que amigos
Recuerdo que dormimos al abrigo
Del amanecer

Los bares han cerrado ya no hay copas
La lluvia hoy mojará mi ropa
Si no estás aquí
Si tú no estás me duelen mas los años
Las heridas me hacen daño
Si no vuelvo a oír tu voz,
Si no vuelvo a oír tu voz...

(María Villalón)

Pisando Charcos

sábado, 17 de octubre de 2009



Llevaba puesto el reloj que hace un año
No pude comprarle,
Y aquellos ojos color desengaño
Barriendo la calle.

Después de verse tanto en el espejo
¿Cómo iba a mirarme?
Si eran felices, no había más que verlos
Reírse de nadie.

Y yo que estaba aprendiendo a olvidarle,
A maldecirle sin necesitarle,
Me vi de pronto con dos lagrimones
En el velorio de las ilusiones.

Pisando charcos bajo el aguacero
También se puede cantar un bolero
Con estos labios que tanto han callado,
Que tanto han mentido,
Que tanto han besado.

Iba luciendo el Cartier que en su santo
Quise regalarle.
Si la derrota tuviera vacuna,
Si se dejara engañar la fortuna,
Si el corazón descubriera un camino
Que desmintiera la ley del destino.

Pisando charcos bajo el aguacero
También se puede cantar un bolero
Con estos labios que tanto han callado,
Que tanto han mentido,
Que tanto han besado.

Qué desconsuelo el flash-back de sus ojos
Bajando del coche.
Dejó un perfume de flores enfermas
Rompiendo la noche.

Después de verse tanto en el espejo
¿Cómo iba a mirarme?
Si eran felices, no había más que verlos
Reírse de nadie,
Burlarse de nadie...

(Joaquín Sabina)

La Ganadora de Miss Universo

domingo, 11 de octubre de 2009



-He recibido la llamada que esperaba.

-¿Y qué te han dicho?

-Que sí, que soy yo la elegida.

-Lo sabía. Eres la mejor y estoy orgulloso de ti.

-Gracias, eso es lo que quería oír. ¿Crees que lo haré bien?

-Lo harás genial. Eres la persona ideal para el cargo.

-Uff. No sé qué decir. Hace unos meses era algo muy lejano y ahora…en unos días me he convertido en la gran promesa. Es como pasar de entrenar con los juveniles a salir a salvar la selección nacional en un momento crítico. Es grande la responsabilidad. Soy un mar de nervios y dudas. Me sudan las manos y no siento el suelo bajo los pies. Necesito dar un paseo para llenar los pulmones de aire fresco o… del que corra por la calle, no quiero ser exigente, tenemos grandes problemas de contaminación acústica y atmosférica.

-Sí pero con esos no puedes tú sola.

-¿Ves? Ya empiezo a divagar. Estoy asustada y abrumada por la que se me viene encima.

-Tranquila, dame la mano… ¿ves? Yo estoy a tu lado y estaré siempre aquí.

-Pero no puedes hacer las cosas por mí.

-No puedo respirar por ti, pero puedo hacerlo a tu ritmo, para que me oigas y veas que no estás sola.

-Esto es como una preparación para el parto. Ahora tendré que hacer ejercicios para fortalecer la musculatura, aprender a respirar y contar contracciones.

-Bueno, si quieres verlo así, es un ejemplo muy gráfico, sí.

-Pues prepárate para agarrarme la mano fuerte, porque creo que vienen gemelos.

-¿Tú ves por qué estoy enamorado de ti? Porque eres capaz de mantener el sentido del humor mientras estás cayendo por un acantilado...

-Me siento como la ganadora de Miss Universo con un tacón de aguja roto.

-Seguro que mantienes el equilibrio sin pestañear hasta el final de la gala. Nena, tú has nacido para esto, lo sé...

-¡Qué bien mientes!. Amor: Ya sé por qué estoy contigo.

(La Dama)

La canción más hermosa del mundo

sábado, 3 de octubre de 2009



Yo tenía un botón sin ojal,
un gusano de seda,
medio par de zapatos de clown
y un alma en almoneda,
una Hispano Olivetti con caries,
un tren con retraso,
un carné del Atleti,
una cara de culo de vaso,

Un colegio de pago,
un compás, una mesa camilla,
una nuez, o bocado de Adán,
menos una costilla,
una bici diabética,
un cúmulo, un cirro, una estrato,
un camello del rey Baltasar,
una gata sin gato.

Mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy,
las damas primero,
mi Cantinflas, mi Bola de Nieve,
mis tres Mosqueteros,
mi Tintín, mi yo-yo, mi azulete,
mi siete de copas,
el zaguán donde te desnudé
sin quitarte la ropa.

Mi escondite, mi clave de sol,
mi reloj de pulsera,
una lámpara de Alí Babá
dentro de una chistera,
no sabía que la primavera
duraba un segundo,
yo quería escribir
la canción más hermosa del mundo.

Les presento a mi abuelo bastardo,
a mi esposa soltera,
al padrino que me apadrinó
en la legión extranjera,
a mi hermano gemelo,
patrón de la merca ambulante,
a Simbad el marino
que tuvo un sobrino cantante,

Al putón de mi prima Carlota
y su perro salchicha,
a mi chupa de cota de mallas
contra la desdicha,
mariposas que cazan en sueños
los niños con granos
cuando sueñan que abrazan
a Venus de Milo sin manos.

Me libré de los tontos por ciento,
del cuento del bisnes,
dando clases en una academia
de cantos de cisne,
con Simón de Cirene
hice un tour por el monte Calvario,
¿qué harías tú si Adelita
se fuera con un comisario?

Frente al cabo de poca esperanza
arrié mi bandera,
si me pierdo de vista
esperadme en la lista de espera,
heredé una botella de ron
de un clochard moribundo,
olvidé la lección
a la vuelta de un coma profundo.

Nunca pude cantar de un tirón
la canción de las babas del mar,
del relámpago en vena,
de las lágrimas para llorar
cuando valga la pena,
de la página encinta
en el vientre de un bloc trotamundos,
de la gota de tinta
en el himno de los iracundos.

Yo quería escribir
la canción más hermosa del mundo.

(Joaquín Sabina)

Nos sobran los motivos

viernes, 25 de septiembre de 2009



Este adiós, no maquilla un "hasta luego",
Este nunca, no esconde un "ojalá",
Estas cenizas, no juegan con fuego,
Este ciego, no mira para atrás.

Este notario firma lo que escribo,
Esta letra no la protestaré,
Ahórrate el acuse de recibo
Estas vísperas, son las de después.

A este ruído, tan huérfano de padre
No voy a permitirle que taladre
Un corazón, podrido de latir.

Este pez ya no muere por tu boca.
Este loco se va con otra loca.
Estos ojos no lloran mas por ti.

Esta sala de espera sin esperanza,
Estas pilas de un timbre que se secó
Este helado de fresa de la venganza
Esta empresa de mudanza,
con los muebles del amor.

Esta campana mora en el campanario,
Esta mitad partida por la mitad.
Estos besos de Judas, este calvario,
Este look de presidiario,
Esta cura de humildad.

Este cambio de acera de tus caderas,
Estas ganas de nada menos de ti.
Este arrabal sin grillos en primavera,
Ni espaldas con cremalleras,
Ni anillos de presumir.

Esta casita de muñecas de alterne
Este racimo de pétalos de sal
Este huracán sin ojos que lo gobierne
Este jueves, este viernes
Y el miércoles que vendrá.

No abuses de mi inspiración,
No acuses a mi corazón,
Tan maltrecho y ajado,
Que está cerrado por derribo.

Por las arrugas de mi voz.
Se filtra la desolación
De saber que estos son
Los últimos versos que te escribo.

Para decir “condios” a los dos
Nos sobran los motivos.

Este nido de pájaro disecado
Este perro andaluz sin domesticar.
Este trono de príncipe destronado,
Esta espina de pescado,
Esta ruina de Don Juan.

Esta lágrima de hombre de las cavernas,
Esta horma del zapato de Barba Azul,
Qué poco rato dura la vida eterna
Por el túnel de tus piernas,
Entre Córdoba y Maipú.

Esta guitarra cínica y dolorida
Con su terco knock knocking´in heaven´s door,
Estos labios que saben a despedida
A vinagre en las heridas
A pañuelo de estación.

Este ladrón aparcado en tu toga
La rueca de Penélope en Luna Park.
Estos celos que sueñan que te desnudan.
Esta caracola viuda,
Sin la pianola del mar.

No abuses de mi inspiración,
No acuses a mi corazón
Tan maltrecho y ajado,
Que está cerrado por derribo.

Por las arrugas de mi voz
Se filtra la desolación
De saber que estos son
Los últimos versos que te escribo.

Para decir “condios” a los dos:
Nos sobran los motivos.

(Joaquin Sabina)

Ana y Miguel



No ha salido el sol y Ana y Miguel
ya prenden llamas.
Ella sobre él hombre y mujer,
desacen la cama.
Y el mar que esta loco por Ana, prefiere no mirar,
los celos no perdonan, al agua ni a las
algas ni a la sal.
Y al amanecer, ya esta Miguel, sobre su barca,
'dame un beso amor y espera quieta
junto a la playa'.
Y el mar murmura en su lenguaje, ' maldito
pescador despidete de ella no quiero
compartir su corazón'.

Y llorar y llorar y llorar por él.
Y esperar y esperar de pie.
En la orilla a que vuelva Miguel.

Dicen en la aldea, que esa roca blanca es Ana.
Cubierta de sal, y de coral,
lo espera en la playa.
'No esperes más niña de piedra, Miguel
no va volver, él mar le tiene preso,
por no querer cederle a una mujer'.

Y llorar y llorar y llorar por él.
Y esperar y esperar de pie.
En la orilla a que vuelva Miguel.
Y llorar y llorar y llorar por él.
Y esperar y esperar de pie.
En la orilla a que vuelva Miguel.

'Incluso hay gente, que asegura, que cuando hay
tempestad, las olas las provoca
Miguel luchando a muerte con él mar'.

Y llorar y llorar y llorar por él.
Y llorar y llorar y llorar por él.
Y esperar y esperar sobre el mar
Y llorar y llorar y llorar por él.
Y esperar y esperar de pie.
En la orilla a que vuelva Miguel.

(Mecano)

Como la primera vez

martes, 22 de septiembre de 2009



"- No sé quien eres, Henry, pero sueño contigo casi todas las noches ... ¿por qué?
- ¿Qué dirías si te dijera que en ese diario que lees todos los días antes había muchas cosas sobre mí?
- Pues diría que tiene mucho sentido.
- Me borraste de tus recuerdos porque creías que me estabas impidiendo que tuviera una vida completa y feliz ... pero te equivocaste ... sólo estando contigo puedo tener una vida completa y feliz. Eres la mujer de mis sueños y ... al parecer yo soy el hombre de los tuyos.
- Henry ... me alegro de conocerte.
- Lucy, yo también me alegro de conocerte."

(De la película "50 primeras citas")

¿Qué pensarías si todos los días del resto de tu vida tu pareja intentase conquistarte como si fuera la primera vez?

Crece la hierba

viernes, 11 de septiembre de 2009



Crece la hierba en el primer cajón

de la estación de primavera.

Hoy nos esperan besos a traición

y ruidos de ventanas abiertas.

Arde una estrella entre nosotros dos

que no me deja estar tan cerca.

Si subes la escalera de color

préstame pintura de guerra.

¿Quién necesita una canción de amor

cuando se tiene la violencia en vena?

¿Quien necesita una canción de amor

que viaja en carretera?


Crece la hierba en el primer cajón

de la estación de primavera.

Súbete niña que se enfría la cena

y se largó besándome a traición.

Duerme la siesta en mi colchón

hay una fiesta en mi azotea.

Las flores secas de la habitación,

la ultima entrega de mi colección

de lunas llenas...

(Quique González)

Perfectas imperfecciones



-Tengo ganas de llorar. De llorar y de gritar. Llorar es difícil en estos tiempos que corren. Llorar es siempre un arma arrojadiza. Es un boomerang. Todas las lágrimas que lanzas, de rabia, de pena o de alegría, se vuelven contra ti pasado un tiempo.
Me hundo. Caigo en picado como un peso muerto al fondo de un océano. Debería dejarte para que no te hundieras conmigo. Soy mi peor enemigo. Cometo muchos errores. No soy perfecta y siempre he amado y perseguido la perfección. Por eso mi vida es tan frustrante. Persigo sombras chinescas. Estoy cansada. Debería dejarte para no arrastrarte conmigo al fondo de este abismo…
-No digas eso ni en broma. Me encantan tus imperfecciones, Niña. Yo tampoco soy perfecto.
-Gracias por tu empatía, tu comprensión y tu ternura. Te debo los años perdidos en intentar que esto funcionase.
-No me debes nada. Has bailado conmigo una noche bajo la Luna y eso salda todas tus deudas.
-No pierdes el romanticismo ni en los momentos en lo que más se tambalea eso que llamamos “lo nuestro”. Quiero que sepas que nunca encontraré a nadie que te llegue a la suela de los zapatos. Pero no quiero arrastrarte conmigo Me hundo. Estoy agarrada a una tabla de madera y ya no me quedan fuerzas para luchar. Me temo que voy a soltarme en cualquier momento.
-No, si yo puedo impedirlo.
-Eres adorable. Siempre lo has sido. Adorable y perfecto. Pero mis sueños están rotos como tazas de té de porcelana sobre el suelo.
-No me importaría tomar el té en vasos de plástico, si lo tomo contigo.
-¿Tú ves? Siempre dices esas cosas que me hacen llorar como una tonta…snif…y moquear…sé que lo haces para que me sienta bien, pero me veo diminuta a tu lado y al lado de cualquiera…¡¡¡Odio llorar!!! Tú eres adorable y yo no soy perfecta…
-No quiero a alguien perfecto a mi lado. Sólo te quiero a ti.
-No digas más cosas bonitas, porque voy a seguir llorando…Sabes que soy muy llorona. Con mis lágrimas se podrían poner tres lavadoras.
-Eres muy llorona y muy exagerada. Y además, demasiado guapa para ser tan imperfecta…¿Me concedes este baile?
-¿Sabes? A lo mejor sí que te conviene estar conmigo. Necesitas unas cuantas clases más de bailes de salón. En eso siempre he sido buena, en los bailes de salón.
-Pues entonces, deja de llorar y baila conmigo…
(La Dama)

Inevitable

domingo, 9 de agosto de 2009



Si es cuestión de confesar
no sé preparar café
y no entiendo de fútbol

Creo que alguna vez fui infiel
juego mal hasta el parqués
y jamás uso reloj
Y para ser más franca nadie
piensa en ti como lo hago hoy
aunque te dé lo mismo

Si es cuestión de confesar
nunca duermo antes de diez
ni me baño los domingos

La verdad es que también
lloro una vez al mes
sobre todo cuando hay frío

Conmigo nada es fácil
ya debes saber
me conoces bien
y sin ti todo es tan aburrido

El cielo está cansado ya de ver
la lluvia caer
y cada día que pasa es uno más
parecido a ayer
no encuentro forma alguna de
olvidarte porque
seguir amándote es inevitable

Siempre supe que es mejor
cuando hay que hablar de dos
empezar por uno mismo

Ya sabrás la situación
aquí todo está peor
pero al menos aún respiro

No tienes que decirlo
no vas a volver
te conozco bien
ya buscaré qué hacer conmigo
El cielo está cansado ya de ver
la lluvia caer
y cada día que pasa es uno más
parecido a ayer
no encuentro forma alguna de
olvidarte porque
seguir amándote es inevitable

Siempre supe que es mejor
cuando hay que hablar de dos
empezar por uno mismo

(Shakira)

Mensajes en una botella

viernes, 7 de agosto de 2009


Hace una semana que apenas recibo e-mails. Estoy encerrada en mi propio mundo y no sé si sigue existiendo vida ahí fuera. No escucho el menor ruido y no me atrevo a salir para confirmar nada. Desde hace dos días el teléfono está mudo debajo de la cama. Se me cayó cuando intentaba hacer una llamada. Lo dejé ahí. Desistí de hacerla. No me encontraba serena para articular palabras y participar en una conversación más o menos coherente.

Después de la última discusión con mi madre me fui sin despedirme de su casa. Por el camino yo conducía mi coche de ocho años. Me niego a cambiarlo. Nunca me ha dado problemas. De haber pensado que sólo me iba a durar ocho años no lo habría comprado o tal vez hubiera comprado uno de segunda mano. Pero me gustó ese desde que lo vi en el concesionario, por eso lo tengo aún. Me recomendaron que no lo comprara, creo que por eso me lo compré. No me ha dado problemas en todo este tiempo. Es fiel como un perro. Es como yo, tiene marcas que atestiguan el paso de los años en su chasis pero se conserva muy bien para su edad.

…Esto es divagar. Odio hacerlo. Cualquier cosa para tener la mente ocupada. No soporto el silencio y creo conversaciones con supuestos contertulios que plantean diversos puntos de vista. Todos ellos son yo pero contemplando la vida desde distintas ópticas. Sé que no debería discutir con ella. Sé que está desubicada en espacio y tiempo, pero detrás de su sonrisa de Gioconda aún reconozco aquellas cosas que me enervaban de ella cuando estaba bien porque disparaba dardos que iban directos al corazón.

Para colmo alguien ha pronunciado las palabras mágicas: “No eres perfecta. Y con esa actitud no me extraña que estés sola”. Yo le he contestado que así vivimos los que tenemos sangre en las venas y la soledad es el precio que tenemos que pagar por ello.

No lo decía en serio. Bueno, tal vez sí, pero estaba herida. Sí, ya sé que eso no justifica nada, pero lo he dicho sin pensar. Si lo pienso dos veces no hago las cosas ni las digo. Siempre me he dejado llevar por el primer impulso y esta vez ha salido como una explosión de fuegos artificiales de mi boca. He derramado lava de volcán mientras conducía hacia casa. Y aquí estoy sobre la cama como si fuera una isla que me aparta de todo lo que me hace daño y me da miedo. El mundo entero me hace daño. El mundo entero me da miedo.

Por eso no abro el correo ni recojo el móvil que permanece silencioso y probablemente apagado debajo de mi cama. Quien quiera saber de mí deberá usar métodos convencionales. La tecnología que no acabo de asimilar me agota. Odio la esclavitud de los teléfonos móviles. Estoy en mi isla y sólo recibo mensajes en una botella…

(La Dama)

Somos



Somos ríos de odio desembocando en alegría
Somos niños jugando en la calle hasta que acabe el día.
Somos como canciones sonando en un disco rayado.
Somos la cara B de una cinta que nunca ha sonado.

Somos Palma viendo anochecer desde tu coche viejo.
Somos Barna, Valencia y Madrid después de un concierto.
Somos la Torre Eiffel encendida un 14 de Febrero.
Somos dos inmigrantes hablando un idioma extranjero.

Cuando tenga valor para hablar, diré que tengo miedo
de vivir sin volver a escuchar como suena un "te quiero".
Somos el resultado de todo lo que hemos vivido.
Somos todo lo que cada noche he soñado contigo.

Somos aquel avión que salió un día de Barajas.
La parada de taxi al salir me esperas apoyada.
Somos cada semáforo en rojo con beso incluido.
Somos un "no te vayas amor, quédate conmigo".

Somos un libro de Picasso y un caballero andante.
Somos el Principito que un día se fue de viaje.
Como un kamikaze que llora en su última cena.
Somos dudas flotando pensando qué vale la pena.

Cuando tenga valor para hablar, diré que tengo miedo
de vivir sin volver a escuchar como suena un "te quiero".
Somos el resultado de todo lo que hemos vivido.
Somos todo lo que cada noche he soñado contigo...

(Melocos)

Sin tu latido

viernes, 31 de julio de 2009



Hay algunos que dicen
que todos los caminos
conducen a Roma
y es verdad porque el mio
me lleva cada noche al hueco
que te nombra
y le llamo y le suelto
una caricia una blasfemia y dos derrotas
luego apago tus ojos
y duermo con tu nombre besando mi boca,
ay amor mio
que terriblemente absurdo es estar vivo
sin el alma de tu cuerpo
sin tu latido...
sin tu latido
que el final de esta historia
enesima autobiografia de un fracaso,
no te sirva de ejemplo
hay quien afirma que el amor es un milagro
que no hay mal que no cure
pero tampoco bien que le dure cien años
eso casi lo salva,
lo malo son las noches
que mojan mi mano,
ay amor mio
que terriblemente absurdo es estar vivo,
sin el alma de tu cuerpo
sin tu latido...
sin tu latido
aunque todo ya es nada
no se por que te apartas
y huyes de mi,
encuentro por saber de tu vida
no creo que vulnere ningún mandamiento
tan terrible es el odio
que ni te atreves a mostrarme tu desprecio
pero no me hagas caso,
lo que me pasa es que este mundo
no lo entiendo,
ay amor mio
que terriblemente absurdo es estar vivo,
sin el alma de tu cuerpo
sin tu latido...
sin tu latido.

(Luis Eduardo Aute & Rafael Medina Mortera)

Una Noche de Magia

viernes, 3 de julio de 2009


"Casi me entra la risa. Yo estaba en la puerta del pequeño estadio de fútbol de Marbella. Cuando, de pronto, escuché el sonido de un helicóptero y vi como se acercaba una limusina escoltada por seguridad. El coche hizo cinco minutos de maniobras para que Michael Jackson bajase exactamente a 50 centímetros de la puerta correcta en lugar de a un metro. Sale y en lugar de los camerinos se encuentra la cocina donde unas señoras cortaban la verdura. Al chaval lo volvieron a meter en el coche para hacer otros diez minutos de maniobras. Era 1988 y fue la primera vez que Michael Jackson actuaba en España. Con el BAD Tour estuvo el 5 de agosto en Marbella; el 7, en Madrid; y el 9, en Barcelona. Lo trajimos nosotros y eso es un orgullo. Aún, 21 años después, estoy seguro de que esa excentricidad de las maniobras de la limusina, como otras muchas en su vida, eran cosa de managers y de gente que lo rodeaba.
Siempre he creído que toda su excentricidad, que se hizo tan célebre, era cosa de la gente que le rodeaba
Lo saludé. Hablamos poco. Pero me pareció como un niño grande. Frágil. Patológicamente tímido. Muy solo. Desde que tenía cinco años ha estado rodeado de gente que le ha manejado y que le decía lo que tenía que hacer. Cuando ves a Keith Richards, piensas que es mejor no vacilarle. Cuando ves a Mick Jagger intuyes que tiene rayos X en los ojos. Con Iggy Pop adivinas que lo mejor es no jugar con él. Michael Jackson, en cambio, siempre me pareció un ser desamparado.
En cualquier caso, lo respeto mucho como artista. Como cantante y como músico. En su época aluciné con su disco Off the wall (1979). Era innovador y perfeccionista. Desde la gloriosa época Motown ningún artista de color había llegado tanto al público. Jackson abrió las puertas de la MTV a la nación negra. La gente olvida a menudo su talento. Pero también rompió muchos moldes. No suelo ver los conciertos que organizo, pero aquella tarde de 1988 en Marbella me quedé clavado delante del escenario. No sabía si el espectáculo que veía era real o un vídeo. Aquello era increíble. Y sonaba realmente bien. Estaba ocurriendo de verdad delante de mis narices. Comparado con los montajes que llevan ahora grupos como Coldplay o U2 puede parecer ridículo. Pero en aquel momento era monstruoso. Me impactó mucho aquello de quedarse estático en el escenario. En foto fija. No sólo no rompía el ritmo, sino que además te animaba a subir más. Muchos luego lo imitaron. Era un fenómeno.


No pidió nada extraño en los camerinos. Sólo deseaba que nadie se interpusiese en su camino al escenario. También pidió una pista de baile en la suite del hotel donde se hospedaba. Me parece lo más normal del mundo. Al fin y al cabo ése es su trabajo.
Le hemos dado por muerto varias veces, pero el tío había conseguido llenar 50 veces el O2 de Londres. Eso son un millón de entradas. Me alegré mucho porque siempre me ha molestado que se suba a los altares a los músicos para luego practicar el tiro al plato con ellos. Es lo que se ha hecho con Michael Jackson. Me ha entristecido la noticia de su muerte, pero me parece más triste que tenga que morir para que se reconozca lo bueno que era."

(El País. Cultural. Gay Mercader. 29/06/09)

(Gay Mercader es el promotor de conciertos que trajo por vez primera a España a Michael Jackson).


He tardado demasiados días en reaccionar porque aún no me lo creo. Dejé de seguirle en el momento en que las hormonas de mi adolescencia fueron atenuando su efecto demoledor sobre mi capacidad para concentrarme en buscar un porvenir políticamente correcto.
Conocí a Michael en pleno apogeo. Y de su primer concierto en Marbella, aquel verano del 88 puedo decir con orgullo:“Yo estuve allí, en primera fila”. Recuerdo que fue uno de los momentos más estresantes de mi vida y que a penas podía respirar en medio de una multitud de adeptos con un verano sureño abrasador. Sólo recuerdo que, aún así, merecía la pena estar allí porque Michael brillaba con luz propia y aquella luz que irradiaba de sus pies y de sus gestos me hacía olvidar lo mal que lo estaba pasando. Recuerdo también que esa noche mágica soñé que hablaba con él.
Aquellos años compaginaba mi devoción por el baile y la música con la pasión por sus canciones y por el personaje irrepetible en que se había convertido aquel niño que no quiso crecer nunca. Por respeto al genio, nunca bailé ninguno de sus temas. Nadie podía hacerlo como él a pesar de su creciente legión de imitadores. Tras esa piel de color ambiguo (qué más da si era blanca o si era negra…sinceramente, me da igual) se escondía un ser asustado y lleno de excentricidades. Para los que vivimos nuestra adolescencia en aquella época convulsa de los 80 y llevamos a Michael atado en los cordones de nuestra memoria de papel y en aquel día a día lo lucíamos como una bandera en nuestras carpetas de instituto, lo aceptábamos “raro”, diferente, excéntrico, tal y como era…porque era distinto a cualquiera. Ser diferente pasa factura y se cobra muchas víctimas.
Yo adoraba a Michael y me encantaba sentir la adrenalina corriéndome por las venas cada vez que veía aquel ritmo vertiginoso desplegándose entre rayos láser y neones…Escuchar una balada era acariciar el silencio y verlo deslizarse como si se moviese sobre una plataforma virtual, era subir a una montaña rusa y sentir la magia bajo tus pies.
Vendrán otros detrás y pasará a la Historia como han pasado tantas estrellas, hasta que un día le pregunten a un adolescente por Michael Jackson y responda…Michael ¿qué? Y se apague la luz del Rey del Pop…Mientras tanto, todos los que le hemos conocido en vida, todos los que hemos subido a otra esfera con su magia, todos los que hemos tarareado o bailado Billy Jean, Thriller, Beat it, Black or white o Human Nature, custodiaremos su memoria hasta que el recuerdo se nos seque con el paso del tiempo…

D.E. P….Michael Jackson.
(La Dama)

Tormenta de verano

jueves, 25 de junio de 2009


Estos días ando haciendo recuentos de barcos perdidos. Trato de hacer cábalas para poner en orden las estancias donde se desarrollarán los próximos acontecimientos de mi vida. La realidad no toca ni de lejos mis últimos sueños.
El centrifugado se detuvo hace un par de días y parece haber transcurrido semanas enteras. Hay un antes y un después de todo. Es curioso, hace siglos que terminaron los días de colegio, pero la historia se repite y en junio siempre ando enfrentándome a exámenes finales. La vida es una suerte de rutinas que se repiten en distintos escenarios pero con idéntico argumento. Y al final de curso siempre representamos la misma obra de teatro que se ha perpetuado de generación en generación, perdiéndose los orígenes de la tradición en la noche de los tiempos…
La hoguera de San Juan purifica los errores cometidos y borra todo atisbo de reproches en aras de seguir sobreviviendo en tiempos de guerra. El corazón hace el resto, pone la parte que le hace falta a la epidemia de deshumanización que sufrimos y nos hace sentir vivos a pesar de que la numerología alienante de las grandes ciudades trate de llevarle la contraria.
Me gustaría tener una parcela inmensa con una sola flor de la que cuidar; una margarita o una amapola, por ejemplo, siguiendo la estela del Principito y su rosa. Y a mi flor le enseñaría cosas, como la belleza de disfrutar del tiempo vivido, la importancia de los amaneceres y el milagro de haber salido de una semilla y de la nada. Y le enseñaría a dar las gracias por el agua de la lluvia y el viento que la mece en medio de olas de espigas...

(La Dama)

Amor antes, durante y después de la lluvia

domingo, 21 de junio de 2009



Me llamó la atención él, por su forma de mirarla, como si no fuese una desconocida que veía por vez primera, pero así era. Él había subido en la misma estación que yo y estaba solo. Recién en la siguiente parada, ella entró al autobús y no se percató de su presencia, pese a que se sentó junto a él. Después, sacó de la mochila un dossier de ilustraciones. Él, como ya dije, la miraba, como si evocase un centenar de momentos compartidos: el otoño en que la lluvia los llevó a refugiarse en el mismo lugar, la excusa para hablarle, un número de teléfono, los días de dudas, la timidez de él para invitarla a salir, los silencios de ella para retrasar la cita, el recital en el que coincidieron, el beso, los besos, las confesiones, los descubrimientos, cenas de dos, reuniones, compromisos, el compromiso, hijos y deseos de seguir soñando. ¿Y si únicamente le recordase a un antiguo amor? O quizá, sin aguzar tanto la memoria, ella era la silueta vacía de sus anhelos, de esa ilusión latente que lo mantuvo despierto, de un desenlace feliz que ya había vivido durante cada noche de insomnio.

Yo no tenía pensado tomar un autobús, ella tampoco. Afuera había dejado de llover. Le pregunté si las ilustraciones eran suyas.

(Rafael R. Valcárcel)

La Amante del Viejo



Matías Carrano Romero ha sido sacerdote, dibujante de historietas, director de cine, violinista, cantante, representante de Martin Luther King, presidente de México y campeón olímpico, entre otros. En el fondo, lo disfrutó, pero lo que le dio una auténtica satisfacción fue que su hija, Camila, nunca se enterase.

Camila tenía cuatro años cuando, sin razón aparente, comenzó a trabarse al iniciar algunas frases. No fue un caso aislado. Dos compañeras suyas manifestaron los mismos síntomas. La docente encargada de la hora del almuerzo fue la causante, al presionarlas a diario para que comiesen más deprisa. El daño fue involuntario, pero la presión constante socavó la estabilidad emocional de las tres pequeñas, que eran más sensibles de lo normal.

Sobre las dos compañeras no supe el desenlace. He de reconocer que ni siquiera pregunté si consiguieron superar el problema. Supuse que sí. No, no lo supuse. Eso me lo digo ahora para creer que cualquier persona me interesa por igual, al margen de si su historia es interesante o común. La verdad, la que recuerdo, es que al enterarme de cómo se curó Camila, mi atención se centró únicamente en la metodología que empleó su padre.

Los niños —muy crueles cuando quieren— arrastraron la tartamudez de Camila a niveles alarmantes; despertándole tics nerviosos en el rostro, los hombros y dedos de las manos. Mientras más destrozaban su autoestima, las reacciones involuntarias se hacían más diversas y exageradas.

Cambiaron a Camila tres veces de colegio —los niños habitan en todos—, la llevaron a distintos psicólogos y trabajadores sociales. No obstante, el problema continuó empeorando. Acudieron a terapias de familia. Ninguna mejora. Matías, en su abatimiento, llegó a pensar que su propia timidez era la real causante. Suposición que fue descartada por los profesionales y por toda persona con sentido común.

Lo cierto es que Matías no era tímido, lo que desde siempre tuvo fue miedo al ridículo. Eso lo paralizaba. Por poner un ejemplo: una vez a la semana se vestía de punta en blanco para bailar durante horas con su esposa, pero nunca en público, porque le daba vergüenza la mirada inquisitiva de los demás.

Una tarde de domingo, observó a su hija leyendo una historieta de Charlie Brown. Leía tan mal como cualquier niño de su edad —había cumplido siete—, pero no tartamudeaba. Se sentía a gusto con su personaje favorito. A Matías Carrano le brillaron los ojos, y no por la luz de la idea que se había originado en su cerebro. Tenía una posibilidad, por remota que fuese, de devolverle a su hija la confianza en ella misma.

Le pagó a un artista ambulante para que hiciese varios bocetos de Charlie Brown y Snoopy, que luego introdujo en una carpeta. A la mañana siguiente, caminó hacia el parque donde estaría su familia. La pequeña no lo reconoció. Su esposa supo quién era sin necesidad de haberle visto de frente; ella le había ayudado con el disfraz. Matías se tropezó y los bocetos que llevaba se desparramaron sobre el césped. La niña se emocionó al reconocer a los personajes. Le preguntó si era Charles Schultz y la respuesta fue afirmativa. Hablaron. No hubo milagros. Tartamudeó como de costumbre. Al despedirse, él prometió dibujar un número especial para ella, que llevó por título “Amo amo amo amor”. Semana a semana, se encontraron en aquel lugar, regalándole un nuevo capítulo en cada ocasión. En la historieta, Camila era muy apreciada por todos. Aprendieron de ella a amar el poder amar. Únicamente “tartamudeaba” cuando decía “amor”.

Charles Schultz y Camila se hicieron amigos. Ella le contó que los niños decían que los tartamudos eran emisarios del demonio y estaban condenados al fuego eterno. Por consiguiente, Matías, esta vez como sacerdote, visitó a Camila durante muchos viernes a las cinco de la tarde, hasta extinguir la última llama.

Durante esos meses, en una ceremonia cívica donde asistían los alumnos de gran cantidad de colegios, la distraída presentadora recibió un sobre en el que debía anunciar la inesperada presencia del presidente de México, que subió al estrado con notoria tranquilidad. Su discurso honró a los héroes de palabra, los que construyeron naciones sin violencia, a través del diálogo y, entre ellos, destacó a un tartamudo ejemplar que su agudeza le hacía encontrar los términos precisos para decir, en oraciones mínimas y contundentes, lo que deseaba transmitir sin trabarse. Camila, desde las gradas, admiró el valor de las palabras.

Desde ese día, antes de hablar, pensó minuciosamente en el contenido y la forma. Eso le dio confianza, porque además de aminorar la tartamudez y las gesticulaciones, sus comentarios fueron más agudos, provocando que sus compañeros le tuviesen respeto.

Al comprender el auténtico valor de las palabras bien empleadas, sintió deseos de conocer a aquellos quienes las utilizaban con generosidad. Una de las personas que llegó a admirar fue Martin Luther King. Lamentablemente, a los pocos días de escribirle una primera carta, James Earl Ray asesinó al líder negro en Memphis, Tennessee. Camila se enteró por la prensa y se entristeció profundamente, durante semanas, hasta que recibió una carta de los Estados Unidos firmada por el representante de King, con quien mantuvo una prolongada correspondencia.

Matías Carrano Romero no cesó su empeño en recobrar la autoestima de su hija; introduciéndose en el traje de director de cine, cantante, una serie de personalidades más y campeón olímpico, hasta que alcanzó su meta.

Ya en estos días, un fin de semana al mes, la joven Camila baila con su padre hasta el amanecer, sin importarle que los muchachos de la discoteca piensen que es la querida de un viejo. Sin importarle a él que el ritmo sólo lo lleva por dentro.

(Rafael R. Valcárcel)

El Paraíso del Tiempo Perdido

lunes, 8 de junio de 2009



A veces es difícil caminar bajo la lluvia sin pisar los charcos. Sortear los recodos del tiempo donde la vida asesta sus puñaladas traperas como un salteador de caminos y seguir adelante como si no hubiese cicatrices en la piel…No todos estamos preparados para caminar en dirección al sol sin quemarnos, dejando atrás una estela de viejos disfraces donde resguardarnos de aquella parte que se refleja en el espejo y que no nos gusta…
“La vida es hermosa, a veces dura, pero pasa demasiado deprisa”, me ha dicho una anciana en una conversación trasnochada. Es una de esos axiomas lúcidos que todos tenemos en el desván de las cosas añejas que se intentan abrir paso entre otras muchas vaguedades de la inconsciencia de mortalidad con la que vivimos y que sólo vemos cuando la muerte nos visita y nos devuelve a la realidad sin atisbo de edulcorantes…
Anoche hablaba con un padre de familia que ha construido una vida dedicada al trabajo y a hacer real el milagro del pan y los peces con las horas del día para darles a sus vástagos lo que -para él- es una vida mejor. Me preguntó qué es lo más importante que tengo y yo respondí “el tiempo”. Su mirada me recordó a la de mi padre treinta años atrás. Un padre ausente en los grandes acontecimientos de la vida de sus hijos porque apenas tenía un momento para levantar la cabeza de los papeles de su escritorio.
Aquel hombre se marchó cabizbajo con todos sus minutos perdidos a la espalda, que arrastraba como hojas secas barridas por el viento. Y es probable que pensara si realmente merecía la pena invertir más tiempo en el trabajo que en conversaciones con sus hijos…
Hay mensajes por todas partes de otros que han pasado por este mundo antes que nosotros y han dejado señales que podemos valorar o ignorar. Son luces de neón intermitentes en ámbar que nos indican que aún estamos a tiempo de cambiar nuestros planteamientos vitales, de trabajar para vivir y no vivir para trabajar, de cambiar ceños fruncidos por sonrisas, de caminar notando como el aire entra en nuestros pulmones en lugar de comportarnos como si fuésemos a coger un tren que está a punto de salir y llegamos tarde; en definitiva: de invertir nuestro tiempo en cosas que nos hacen felices en lugar de cosas que nos esclavizan…
Cada uno decide, pero la cuenta atrás ya ha empezado y el "tic-tac" no se detiene…

(La Dama)

Con sólo una sonrisa

viernes, 5 de junio de 2009



Desnúdame, juega conmigo a ser la perdición
que todo hombre quisiera poseer,
y olvídate de todo lo que fui y quiéreme,
por lo que pueda llegar a ser en tu vida,
tan loca y absurda como la mía, como la mía...

Tú piensas que la luna estará llena para siempre.
Yo busco tu mirada entre los ojos de la gente.
Tú guardas en el alma bajo llave lo que sientes.
Yo rompo con palabras que desgarran como dientes.
Tú sufres porque no sabes como parar el tiempo.
Yo sufro porque no sé de qué color es el viento,
tan dulce y excitante que se escapa de tu boca.
Con sólo una sonrisa, mi cabeza volvió loca...
¡Ay! Volvió loca...

No busques más,que yo te voy a dar
todo el calor que no te daba la barra del bar
donde te vi yo por primera vez,
donde aprendi que se podia llorar también
de alegria soñando tu boca junto a la mía...
¡Ay! Junto a la mía...

Tú piensas que la luna estará llena para siempre.
Yo busco tu mirada entre los ojos de la gente.
Tú guardas en el alma bajo llave lo que sientes.
Yo rompo con palabras que desgarran como dientes.
Tú sufres porque no sabes como parar el tiempo.
Yo sufro porque no sé de qué color es el viento,
tan dulce y excitante que se escapa de tu boca.
Con sólo una sonrisa, mi cabeza volvió loca...
¡Ay! Volvió loca...

(Melendi)

La Chica Centrifugada

jueves, 14 de mayo de 2009



Jugar con desconocidos a la gallinita ciega, caminar sobre una cuerda floja llena de espinas, lanzarme sin paracaídas e intentar despegar desde el alféizar de una ventana (nunca he probado mis alas y hace tiempo que le doy vueltas a la idea; si no fuese por mi dichosa fobia a volar…) Estas son algunas de las cosas que se me pasan últimamente por la cabeza. Voy a mil y no puedo parar, decía aquella canción de Vicky Larraz. De repente es como si hubiese viajado en el tiempo a otra época de mi vida más convulsa. Cuento los latidos de este ritmo vertiginoso en mis sienes y llevo todo el día el corazón desubicado en la boca. He entrado en una espiral de estrés que me absorbe como un remolino de mar…

Mi vida es una lavadora con un centrifugado permanente y yo soy el único artífice de este molinillo del diablo. Una brisa suave ha soplado sobre mis alas de papel y ha desencadenado la tormenta perfecta. Trato de aferrarme a una tabla para salvar lo que queda de la chica que fui en otro tiempo (ya ves, Antonio que estás en el cielo, me vuelvo a encontrar con tu chica de ayer) pero esa tabla está llena de agujeros por los que se me escapan las prisas por vivir.

La vida es una gran ola gigante, cuando crees que has superado lo peor, siempre llega otra detrás que te impide ver la orilla… Que pare el mundo, que mi corazón remendado y yo nos bajamos en la próxima…

(La Dama)

Un Chica de Ayer con Paraguas Rojo

martes, 12 de mayo de 2009



Llegué a tu vida, como suelo llegar a todas partes: a destiempo, sin saber que tú habías puesto banda sonora a todas mis tardes de lluvia y que escribiste aquella canción para mí. No llegué cuando las niñas de mi generación tenían tu foto forrando sus carpetas de instituto, no. Llegué en tu peor momento, cuando convertido en un espectro tratabas de levantarte apoyado en tu guitarra, para no desfallecer sobre el escenario, pedestal donde no te acostumbraste a vivir del todo. Y me enamoré de tu sensibilidad. Fue conocerte y colocarme detrás de ti y comenzar a ser el remiendo perfecto de tu sombra rota.
No fue casualidad que existiera aquella tienda de discos de las que estaba sembrada cualquier calle del centro hace diez años, en la prehistoria de la piratería discográfica, donde un desconocido, en lugar de regalarme flores, me invitó a conocerte en un concierto. Nunca he vuelto a verlo, en cambio de ti nunca me volví a separar desde aquella noche.
Siempre habías estado ahí y me di cuenta demasiado tarde de que tú eras Antonio, la voz que me tocaba el alma en cada acorde con esas manos trémulas y yo era tu Chica de Ayer…
Ahora te has ido, porque todo el mundo tiene que irse algún día y los que viven deprisa, suelen hacerlo antes. Te has ido como te gustaba, sin despedidas, sin dramas, dejándome a este lado de la calle, con mi paraguas rojo, bajo la lluvia exterior que se confunde con la interior…y forma charcos a mis pies.
¿Sabes lo que más me duele? Saber que la voz de “El sitio de mi recreo” hoy se ha quedado sin dueño…

(La Dama, tu “Chica de Ayer”)

De pie bajo la lluvia



Así estás todavía de pie bajo la lluvia,
bajo la clara lluvia de una noche de invierno.
De pie bajo la lluvia me llega tu sonrisa,
de pie bajo la lluvia te encuentra mi recuerdo.
Siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia,
con un polvo de estrellas muriendo en tus cabellos
y tu voz que nacía del fondo de tus ojos
y tus manos cansadas que se iban en el viento
y aquel cielo de plomo y el rumor de los árboles
y la hoja seca aquella que te cayó en el seno
y el rocío nocturno dormido en tus pestañas
y engarzando diamantes en tu vestido negro.

Así estás todavía lejanamente cerca
desde tu lejanía de sombra y de silencio.
Mi corazón te llama de pie bajo la lluvia,
de pie bajo la lluvia te acercas en el sueño.
La vida es tan pequeña que cabe en una noche.
Quizás fue que en la sombra me encontré con tu beso
y por eso me envuelve, de pie bajo la lluvia,
el sabor de tu boca y el olor de tu cuerpo.

Si, me has dejado triste porque pienso que acaso
ya no estarás conmigo cuando llueva de nuevo.
Y no he de verte entonces de pie bajo la lluvia
con las manos temblando de frío y de deseo.
Pero aunque habrá otras noches cargadas de perfumes
y otras mujeres, y otras, a lo largo del tiempo,
siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia,
bajo la lluvia clara de una noche de invierno...

(José Ángel Buesa)

Filosofía de bolsillo

jueves, 7 de mayo de 2009



Hay un dicho en periodismo que dice que la mejor noticia es la ausencia de noticias. El silencio también puede llegar a ser un ruido insoportable.

A menudo dejo la mente en blanco y me evado al mundo de las Ideas. Allí fabrico mi filosofía de bolsillo para sobrevivir en momentos de crisis. No hay una sola realidad, sino tantas como ojos que la contemplan…

La fricción entre dos objetos produce sonido y el roce con los acontecimientos diarios –otro tipo de fricción abstracta - es lo que escribe nuestra biografía. Toda la aceleración frenética por el principio de acción-reacción va seguida de un cambio en las coordenadas que definen nuestro lugar en el mundo y una desaceleración que, en función de los obstáculos (variables independientes) es más gradual o más brusca. Por cuestiones de probabilidad y variabilidad, dejando un margen de error minúsculo, inferior a la unidad y con tendencia al infinito, que llamamos azar, los obstáculos, aparentemente ajenos a nuestros actos, van determinando nuestro camino a seguir. Cuando intentamos dejar ese camino, hay una fuerza centrípeta opuesta a otra centrífuga, que junto a la ley de la gravedad que nos mantiene unidos a esta esfera social, tiende a hacernos regresar a nuestros orígenes. Recordar de donde venimos tiene el peso específico suficiente como para seguir marcándonos la existencia hasta que dejamos de respirar en este mundo.

Estos días sin noticias me han dado una tregua. El tiempo justo para recargar pilas y hacer examen de conciencia. Sufro pequeñas crisis existencialistas desde que me conozco. Siempre he sido muy precoz para las crisis de los cuarenta, que tengo desde los cuatro años de edad (forman parte de mis primeros recuerdos). A esa edad lloré por primera vez pensando en que un día me quedaría sola en este mundo. Después me regalaron un gatito negro y se me pasó la angustia porque tenía a alguien a quien cuidar. Desde entonces esa ha sido mi verdadera vocación. Cuando una encuentra su lugar en el mundo, deja de preocuparse por los designios de la vida y por si sus coordenadas son las correctas o no. Tener un lugar en el mundo es el mejor antídoto contra el miedo a lo desconocido.

(La Dama)

La Madre

domingo, 3 de mayo de 2009



Nada que ver con la común historia
nadie me quiere y todas esas cosas.
Ella fregaba suelos, nunca se compró ropa,
por darle un buen colegio multiplicó las sobras.

Cuál sería el instante, quién le enseñó estas cosas
cuando probó la muerte y amaneció entre sombras.

Qué te puedo dar, que no me sufras
qué te puedo dar, que no te hundas
Que no vea en tus ojos reflejos de cristal
que me mata tu angustia, que me puede tu mal
Qué te puedo dar.

Quiso ayudarle, sin saber ni cómo
y aunque no pudo, fue vendiendo todo.
Pero todo era poco para un saco sin fondo.
Un golpe a una farmacia, algún pequeño robo.
Ya de vuelta en la casa del hospital sabía
que más pronto que tarde la herida se abriría.

Qué te puedo dar, que no me sufras
qué te puedo dar, que no te hundas
Que no vea en tus ojos reflejos de cristal
que me mata tu angustia, que me puede tu mal
Qué te puedo dar.

Con la prudencia que dá la locura
buscó los datos, aclaró sus dudas.
Cun un último esfuerzo, le compró la más pura
y al mirarle a los ojos, se le borró entre bruma.

Él creyó que soñaba en el fugaz instante
en que acabó su tiempo abrazado a la madre.

Qué te puedo dar, que no me sufras
qué te puedo dar, que no te hundas
Que no vea en tus ojos reflejos de cristal
que me mata tu angustia, que me puede tu mal
Qué te puedo dar.

(Víctor Manuel)

Despedida en tiempos de paz



El 2 de agosto de 1939, el cementerio de la Almudena,antes llamado cementerio del Este, presenció el entierro más sentido de toda su historia. Carmela Campos no recibió ninguna corona de flores, pero sí tres mil setecientas veintiocho declaraciones de amor.
Uno a uno, los jóvenes se arrodillaron junto a su cuerpo y, mientras balbuceaban palabras afectadas,transcribieron sus sentimientos sobre una gran sábana blanca, que colocaron en la base del ataúd para que ella durmiese amada por siempre. Hoy en día, a pesar del musgo, la corrosión y otros efectos del tiempo y la desidia, se puede leer el epitafio sin mucha dificultad:
“Aquí descansa una mujer a quien la guerra dio miles de hijos”.
Antes de 1936, Carmela Campos seguía siendo una señorita de 43 años sin ninguna oportunidad para contraer matrimonio y tampoco para concebir un hijo.
Además, debido a la mentalidad machista de la época, se vio impedida de ejercer un trabajo intelectual, cerrándosele la oportunidad de haber equilibrado en algo su insatisfacción personal. En privado, despotricaba contra la sociedad. Carmela poseía una memoria envidiable y lamentaba que no le sirviese para nada.
Pudo haber sido una magnífica diplomática o una célebre científica o doctora, pero tuvo que conformarse con cuidar de sus padres y depender de la renta de ellos, compartiendo el mismo techo.
Las personas que la conocieron, antes y durante la guerra civil que atravesó España, se atrevieron a afirmar que los tres años que duró el conflicto fueron los más felices de la vida de Carmela. Apenas se conocieron las noticias del golpe de estado,se ofreció de voluntaria en la Cruz Roja. Tenía la convicción de que colaborar con una institución neutral como ésa era la única forma de tomar partido por su patria. Sin embargo, al inicio, el saber que estaba atendiendo a hombres capaces de matar a sus propios vecinos, le indignaba. Es más, se avergonzaba por ello. No le apetecía ni hablarles. Sólo abría la boca para responder lo estrictamente necesario o para dar las indicaciones pertinentes.
Pasadas siete semanas —52 días para ser exactos—, Carmela no tuvo más remedio que tragarse su indignación.
Una mañana atestada de heridos que morían antes de ser vistos por un doctor, identificó a un soldado que podía salvarse si lo mantenía consciente hasta que llegase su turno de ser operado. Así que le motivó a hablar, haciéndole una pregunta tras otra. A la octava, en lugar de responder, el muchacho comenzó a dictarle su testamento. Carmela dejó de sentir que estaba frente a un soldado, únicamente vio en él a otra víctima de la guerra.
Cuando despertó, a los dos días, el soldado no recordaba nada de lo ocurrido durante su agonía, salvo el rostro de la mujer que ahora le estaba cambiando el vendaje.
—Enfermera, ¿cómo estoy, voy a morir?
—No, Manuel. Todavía puedes conservar tu lupa, los recortes de periódico, los carteles de las obras de teatro y el poema inconcluso que ahora Sandra podrá escuchar de ti, completo. Ojalá que la guerra termine antes de diciembre para que puedas regresar a San Jacinto y pases tu cumpleaños junto a ella. Seguro que hace esa tarta que tanto te gusta, con nueces, almendras…
Manuel se quedó sorprendido y encantado a la vez. Se sintió reconfortado, como si estuviera en casa, junto a alguien que lo conocía desde siempre. Y quizá por eso, sin darse cuenta, sus ojos la contemplaron al igual que se mira a una madre, despertando en Carmela una sensación de bienestar desconocida para ella.
A partir de ahí, le nació conversar con cada uno de los pacientes que estaban a su cargo. Ellos, al sentirse escuchados y en consecuencia queridos, fueron contándole sus pesares e ilusiones, que Carmela recordaba hasta con los más insignificantes detalles y,principalmente, con una exquisita sensibilidad,desarrollando un lazo emocional profundo: los soldados la adoptaron como madre —sobrevalorada por la lejanía de la propia— y ella como a los hijos que nunca pudo criar. La sensación de bienestar se había transformado en una felicidad desmesurada, que terminó por desbordarla.
Los heridos venían y se iban, curados o muertos, pero el lazo se conservó durante la guerra. Mantenía correspondencia con los soldados reinsertados y con los familiares de los difuntos. Los amaba. Increíblemente a todos los amaba y, por naturalidad o por carencia, ellos también le demostraban su amor.
Por desgracia para ella, el conflicto terminó.
Una vez en casa, las familias de los sobrevivientes reconstruyeron sus vínculos, haciendo lo posible para cerrar las heridas. Fue entonces cuando Carmela dejó de recibir cartas y se valió de la memoria para prolongar su felicidad, pero sucedió lo contrario. Recordaba cada palabra de esos muchachos, cada nombre, cada apellido, cada infancia, adolescencia, miedo, alegría… cada sueño. No podía dejar de recordar que los amaba.
Una mujer que acudió al cementerio dijo: “Si la ausencia de un hijo duele; la de miles, mata”. La señorita Carmela Campos falleció a causa de una depresión crónica a los cuatro meses de establecerse la paz.

(Rafael R. Valcárcel)

La Mentira



Se te olvida,
que me quieres a pesar de lo que dices,
pues llevamos en el alma cicatrices,
imposibles de borrar.
Se te olvida,
que hasta puedo hacerte mal si me decido,
pues tu amor lo tengo muy comprometido,
pero a fuerza, no será...
Y hoy resulta,
que no soy de la estatura de tu vida,
y al soñar otros amores, se te olvida,
que hay un pacto entre los dos.
Por mi parte,
te devuelvo tu promesa de adorarme,
ni siquiera sientas pena por dejarme,
que ese pacto no es con Dios.

(Álvaro Carrillo)

Pelando cebollas al ritmo de Mecano

martes, 21 de abril de 2009



El cielo amenazaba lluvia desde el mediodía y estuvo conteniéndose hasta la tarde. Empezó a llover justo cuando yo comencé a llorar en la penumbra de un mar de cabezas que miran desde la oscuridad del anonimato un escenario lleno de recuerdos que resucita muertos pasados. De fondo, “El fallo positivo” de Mecano y en mis ojos dos torrentes al ritmo de esos recuerdos.

En la distancia, bajo un cañón de luz, cualquier rostro de un actor haciendo el papel de toxicómano en las últimas, es idéntico al de mi primo Juan, muerto y enterrado tras una sobredosis del mal endémico del olvido. A su lado, la voz de una niña, que podría tener mi edad cuando él se fue, de madrugada, sin previo aviso…

“Pesando en la balanza del amor

la ciencia y la conciencia,

fue tu condena un nudo de dolor,

estúpida sentencia…

Y es que tú eres lo que más quiero

y sin ti, la vida es un cero…”

Desde hace dos días esas dos frases martillean mi cabeza

“Y es que tú eres lo que más quiero

y sin ti, la vida es un cero…”

y se escapan de mis labios cuando estoy distraída; burlan a la sensatez y vuelven a crear un tsunami en mis ojos…
“la cara vista es un anuncio de Signal

la cara oculta es la resulta

de mi idea genial de echarte

me cuesta tanto olvidarte

me cuenta tanto olvidarte

me cuesta tanto…”

Afortunadamente, cuando el tsunami ataca, siempre tengo una cebolla cerca a la que echarle la culpa.

(La Dama)

La resignación de las cucarachas

martes, 14 de abril de 2009


Desde la primera vez que fue al cine, quedó cautivada para siempre. Las películas en sí le daban prácticamente igual. Lorena Antúnez de Mayolo pagaba su entrada para contemplar los rostros de los espectadores.Verlos pasar de la risa al llanto en segundos era realmente fascinante. Su interés se multiplicó al saber que una misma producción se difundía en diversos lugares del mundo. Imaginaba la maquinaria humana que había detrás.Personas con distintos valores a los de ella, pero que seguramente pensaban lo mismo: que las películas como tal importaban poco, que sólo eran un medio, y no para recaudar el dinero de las taquillas, sino para manipular conductas, inculcar ideologías, aspiraciones, miedos…lo que a la larga generaba una verdadera riqueza.

Por un acontecimiento en particular, la fijación de su adolescencia se trastocó. A día de hoy, de las 37 películas que Lorena Antúnez de Mayolo dirigió, ninguna ha sido proyectada. Ella no perdió su tiempo ni siquiera en editarlas. Sólo deseaba filmar la siguiente historia, renunciando a los espectadores y centrándose en lo que denominó “el cine fuera de encuadre”.

En 1962, tres años antes de lanzarse como directora,empezó a escribir "La resignación de las cucarachas", un guión cinematográfico que mostraba, sin tapujos, el crudo proceso que atravesaban los niños de la calle al ir descubriendo cada matiz de su miserable realidad; acomodándose adormecidos en su inalterable destino. Lorena pretendía conmover a la sociedad europea con el fin de ejercer presión sobre los organismos sociales internacionales y algunos dirigentes políticos latinoamericanos.

No obstante, en el transcurso del rodaje de dicha historia, fue perdiendo el interés por tocar a las masas, a la vez que surgía en ella un cálido placer por transformar la vida de sus actores. Buscando un mayor realismo, había reclutado a los pequeños protagonistas en un reformatorio. Todos esos menores tenían que interpretar sus propias vidas,a excepción de Esteban, quien desempeñó el papel de Florero, un niño tenaz y soñador que tardó más de lo normal en perder la esperanza de dejar las calles.

Florero, tras ser abandonado por su madrina, se instaló en un cementerio y, con un ánimo intensificado por el temor a vivir siempre así, continuó asistiendo a la escuela, hasta que fue expulsado por su aspecto indigente. Comenzó a robar y se las ingenió para que un adulto lo matriculase en otro colegio. En una de sus incursiones delictivas fue detenido por la policía y encerrado varios meses en una prisión para adultos. Al ser liberado, continuó prostituyéndose como en la cárcel… pero esa última parte, desde la captura, no fue filmada. Antes de llegar ahí, Lorena modificó el guión porque el intérprete, Esteban, merecía otro final. Durante los días que se rodó la etapa correspondiente al intento de superación del niño, Esteban, analfabeto, le pidió a Lorena que le enseñara a escribir para poder hacer bien su papel. Ella, en una primera reacción, le dijo que no se preocupase, que en la secuencia del dictado utilizarían la mano de un doble. Esteban insistió. A la semana siguiente, al terminar las sesiones diarias, acudió a la escuela nocturna, además de recibir clases particulares de Lorena. En el nuevo guión, el personaje buscó un trabajo. Esteban quiso encontrar otro. Y cada escena, creada sobre la marcha,contribuyó a enriquecer su moral. Una vez encaminada esa pequeña vida, tramitaron los papeles para que lo acogiera una institución adecuada. La filmación se prolongó ocho meses más de lo previsto.

Antúnez de Mayolo continuó filmando, sin editar. Ella no solía preocuparse por la financiación de los proyectos. Inicialmente dispuso de su propia fortuna y, al agotarla, no faltaron las contribuciones de instituciones y personas cercanas. Nunca hizo pausas entre producción y producción.Trabajó con casos perdidos de Francia, España y todos los países de América, incluyendo Estados Unidos y Canadá. Por lo general, los adultos le daban más problemas que los niños. Mientras más mayores,menos les nacía superarse personalmente para salir de la miseria —material o psicológica—, que tristemente llegaba a convertirse en un pedazo vital de su identidad. Sin embargo, siempre consiguió rehabilitarlos, incluso cuando se trataba de alcohólicos o heroinómanos.Claro que con estos empleó medidas extremas. Después de venderles la idea de que la fama les permitiría ahondar en sus vicios con tranquilidad, los llevaba hasta un campamento en medio de las montañas nevadas de los Andes. Sin tentaciones merodeando y el contexto ideal para endurecer el carácter, los motivaba tenazmente a revivir —antes y durante el rodaje— las carencias que superaron los sobrevivientes de un sonado accidente aéreo, convenciéndolos de que era esencial interiorizar a su personaje, porque era la única forma de ser un buen actor y así alcanzar esa generosa fama. Cuando flaqueaban, les ponía la cámara delante. Después de un año de sobrellevar todo tipo de inclemencias y aprender a saborear los minúsculos placeres, regresaban renovados. Además, no sólo nunca recayeron; se acostaban orgullosos de sí mismos.

Las 37 películas de Lorena Antúnez de Mayolo podrían haber afectado las emociones de millones de personas,pero ella prefirió modificar el papel de 152.

La última vez que se animó a entrar a una sala de cine,giró la cabeza y vio la pantalla durante un rato largo,dejándose cautivar por la historia. Recordó el título
del primer guión que había escrito. Se sintió una cucaracha más, de la especie que aprendió a amar. Estaba en la oscuridad, observando a quienes vivían en esa luz, aguardando a que se apagara para recién salir y continuar con la rutina. No esperó, salió antes de ver ese final, para de alguna manera homenajear a quienes —fuera del encuadre— hicieron lo mismo ante su anunciado destino.

(Rafael R. Valcárcel)

 

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