Dolor de Alma

jueves, 20 de febrero de 2014


 


Puede que estemos ante uno de los grandes efectos de la devastadora irrupción en nuestras vidas de las nuevas tecnologías, algo conocido como "soledad compartida". Ese ser sin estar, presencia muda, ausente, distante. Rodeados de personas, pero como si en realidad lo estuviéramos de sillas, encimeras o plantas. Compartimos espacio, tiempo, pero no conversación. La oratoria se circunscribe ahora a una pequeña pantalla que emite haces y que conduce a través de pasadizos elegidos a la carta por un usuario que los transita individualmente. En los hogares, no extraña nada que el móvil o la tableta hayan robado gruesa parte al protagonismo que el diálogo siempre tuvo. Estamos juntos, pero solos. Y el asunto no es baladí, junto a otras variantes, pues está tras no pocos casos de depresión, suicidio y divorcio que se dan, cada día más, en España. O al menos así lo afirman descollantes conocedores de la materia.

Leí hace no mucho una entrevista concedida por José Ramón Pagés, coordinador de la Fundación de Asistencia Nacional para la Ayuda al Enfermo de Depresión (ANAED), en la que arrojaba datos estremecedores: en 2013 hubo 3.539 suicidios, 353 casos más que el año precedente; y, paradójicamente, el mayor número se dio en lugares de sol y playa, destacando Málaga y Barcelona muy por encima, casi triplicando el número de suicidios, que Madrid, por citar sede paradigmática de estrés, velocidad y enjambre de nervios. Los motivos que acompañaban tales conductas depresivas eran variados, decía el técnico, dándose el reciente del paro como espita más notable. A más, el "síndrome del nido vacío", la desmotivación por objetivos, la presión social, la pérdida de interés por las cosas cotidianas o la "soledad compartida", entre otras especiales y marginales, también se esconden tras lo que los expertos no vacilan ya en denominar como la gran "epidemia del siglo XXI", o al menos de las próximas décadas: la depresión.

Alguien definió la depresión como "una enfermedad del alma", y no la veo desatinada. Ya comentaba Assumpta Roura en su muy recomendable "Hasta luego, Tristeza", que una lesión de rodilla, se ve; un constipado, se nota; una depresión, en cambio, se prueba. Y qué razón. Porque de entrada, nadie te cree. Son cosas "menores", esas del alma. El suyo fue un libro autobiográfico, que señalaba con la crudeza propia de lo vivido, pero sin artificios, cómo esa enfermedad no hace distingos entre clases sociales, demoliendo vidas, propias y ajenas, y que a todos nos puede tocar si en algún momento bajamos la guardia. Ella, periodista de renombre, en la cúspide de su carrera, estando en permanente codeo con lo más granado del país, viviendo días a los que le faltaban horas, minutos... de pronto se cansó. Se vació. Explotó. Dejó de sentir atracción por todo aquello que consideraba sin ápice de sombra como su "vocación", desde niña. Cinco años estuvo fuera de circulación, alejada de focos, fotos y citas. Dejó de escribir, de acudir a seminarios, a entrevistas, a presentaciones de libros... dejó de ser ella. Y en un principio muy pocos la comprendieron. Empezaron a dejarla de lado, o ella a alejarlos a ellos, no está claro. No cojeaba. Ni tenía fiebres, ni acaso un bulto notable en el estómago que alertara a terceros de que algo le pasaba: era "mal de alma", ni más ni menos, aquello que padecía y contra lo que ella misma descreyó, de inicio, quizá por aturdimiento, por vergüenza o puede que por subestimar lo que sentía: una enfermedad invisible de la que en aquellos tiempos había no pocos insensatos que despreciaban, o de la que se reían, y que por poco destruye su vida. "¿Alguien como tú, tan preparada, padeciendo depresión? Anda, no te quejes, con todo lo que tienes, lo conocida que eres, la gente con la que te mueves...". Era de lo más suave que a través del teléfono algún amigo voluntarioso le decía tratando de animarla para que se levantara, aunque fuera unas horas, de la cama. 

Afortunadamente los tiempos han mudado determinadas visiones de los problemas mentales y emocionales que nos acucian, y es cierto que cada vez más, los "problemas del alma" son atendidos por familiares y amigos con una mayor calma, comprensión y realismo. Aun así queda mucho por recorrer. Por ejemplo, ver al psicólogo como al ginecólogo, al pediatra o al podólogo. Sin más. Bajarlo de su legendario pedestal de vergüenzas asociadas, visitas clandestinas y miedos no compartidos. El alma (o la cabeza) hay que tratarla, como el pie, la rodilla o la espalda, si flaquean. Sin complejos. No pasa nada. Y no le tengamos miedo, sobre todo, pero tampoco le demos la espalda. Con seguridad nos ganaría la partida.

Claudio Rizo 

Cheque al portamor

miércoles, 12 de febrero de 2014

 

Educadamente te daría un consejo,
que probablemente todavía no sabes,
el demonio sabe mucho más por viejo
que por ser el rey de todos nuestros males.

Con la realidad te vas a dar de bruces
si piensas que un euro es mejor que un detalle,
porque una ventana que da a un patio luces
puede brillar más que una que da a la calle.

Y ahora vete en busca de aquella cartera
que sostenga tus tratamientos de belleza, mientras tengas,
porque sabrás que eso no dura eternamente, amiga mía.

Así que vete en busca de cada delirio de grandeza
y si la vida te endereza y tu caballo ganador se te despeña
recuerda que tú rechazaste ser la flor para mi vida,
por ser sólo un pétalo en la de ese tipo.

Que pena me das niñita consentida,
con tu cheque falso al portamor vencido...

Aunque pensándolo bien:
¿Cuál sería nuestro futuro?
Tú que prefieres un peso que un beso
y yo no tengo ni un puto duro.
Tú que sólo comes hojas
y yo sólo carne roja.
Yo vivo en un cuento chino
y tú en una peli de Almodóvar.
Tú que presumes de atea
mientras yo vivo de la marea
que un dios puso en mi garganta.

Y ahora vete en busca de aquella cartera
que sostenga tus tratamientos de belleza, mientras tengas,
porque sabrás que eso no dura eternamente, amiga mía.

Así que vete en busca de cada delirio de grandeza
y si la vida te endereza y tu caballo ganador se te despeña
recuerda que tú rechazaste ser la flor para mi vida,
por ser sólo un pétalo en la de ese tipo.

Que pena me das niñita consentida,
con tu cheque falso al portamor vencido...

Yo sólo espero que esto no señale el broche
pero cuando no te quede techo que alcanzar
te sentirás vacía y como un jarro de agua fría será
cuando mires atrás.

(Melendi)

 
 

Carta a Mariana

martes, 4 de febrero de 2014



¿Qué película te gustaría ver?
¿Qué canción te gustaría oír?
Esta noche no tengo a nadie
A quien hacerle estas preguntas.

Me escribes desde una ciudad que odias
A las nueve y media de la noche.
Cierto, yo estaba bebiendo,
Mientras tú oías Bach y pensabas volar.

No creí que iba a recordarte
Ni creí que te acordarías de mí.
¿Por qué me escribiste esa carta?
Ya no podré ir solo al cine.

Es cierto que haremos el amor
Y lo haremos como me gusta a mí:
Todo un día de persianas cerradas
Hasta que tu cuerpo reemplace al sol.

Acuérdate que mi signo es Cáncer,
Pequeña Acuario, sauce llorón.
Leeremos libros de astrología
Para inventar nuevas supersticiones.

Me escribes que tendremos una casa
Aunque yo he perdido tantas casas.
Aunque tú piensas tanto en volar
Y yo con los amigos tomo demasiado.

Pero tú no vuelves de la ciudad que odias
Y estás con quien sabe qué malas compañías,
Mientras aquí hay tan pocas personas
A quien hacerles estas simples preguntas:

“Qué canción te gustaría oír,
Qué película te gustaría ver?
 
Y con quién te gustaría que soñáramos
Después de las nueve y media de la noche?”.

(Jorge Tellier)

El viento, el tiempo...

miércoles, 22 de enero de 2014


No se trata de hallar un culpable,
las historias no acaban porque alguien
escriba la palabra "fin".
No siempre hay un asesino,
algunas veces toca morir...
lo que viene se va
como suele pasar
el viento, el viento.
Márchate si ha llegado la hora,
date prisa que, como ya sabes,
es muy impaciente el amor...
No malgastes ni un segundo
después de darle cuerda al reloj,
que un cumplido de más
no te vaya a robar
el tiempo, el tiempo.

Y no queda nada,
las espinas, las rosas
se las llevó
el viento, el tiempo...

Ahora sólo la vida te espera
con los brazos abiertos y el firme deseo
de hacerte feliz.
Puedes irte cuando quieras,
no hay muros que te impidan salir...
y no mires atrás
que te vaya a despeinar
el viento, el viento.
Qué difícil decirte "hasta luego'
cuando no es el terror de perderte
este miedo a no verte jamás.
Ya no hay puntos suspensivos,
llegó el rotundo punto final...
cuando la soledad
sólo espera matar
el tiempo, el tiempo

(Luis Eduardo Aute)

Tengo un beso

miércoles, 1 de enero de 2014



Tengo un "Hola Amor" guardado en un banco de sueñospor si vuelves a mi vida, ingresártelo.
Tengo un beso, amor, en una hucha de besos
con la dirección de donde vive tu boca hoy.
He ido ahorrando sonrisas para ganarle sitio al llanto,pues de tanto llorar no llego a fin de mes.
Quiero dormir y volver a soñarque estamos juntos como ayer.
Quiero volver a llenarme de tí,
si te hice daño ya lo pagué... con soledad.

Tengo un "Hola" y un "Adiós" para jugármelo a las cartas
con mi mala suerte y por si vuelves, o si no.
Cuando un beso llega tarde
y se entretiene con un adiós,
charlando sobre el olvido es cuando muere un amor.

Quiero dormir y volver a soñar
que estamos juntos como ayer.
Quiero volver a llenarme de tí,
si te hice daño ya lo pagué... con soledad.

¿Dónde están esos besos perdidos?
dime ¿dónde están tantas promesas de amor?
Soledad, esa es mi condena por perder anochecidas pegado a tu piel.

Olvido ven, pues no quiero recordar...
que no se amotine mi dolor...

Quiero dormir y volver a soñar
que estamos juntos como ayer.
Quiero volver a llenarme de ti,
si te hice daño ya lo pagué... 
con Soledad...

                                        (Mägo de Oz; letra: Txus Di Fellatio)

Para ponernos nombre

lunes, 30 de diciembre de 2013




Sólo más tarde se darían cuenta
de que los dos buscaban una historia
no demasiado cerca del amor,
tal vez alguna excusa
para mirar los árboles de enero
temblando sobre el parque,
atravesar las calles
de una ciudad tomada por los himnos
y la ropa de invierno
o verse acompañados
—ilusionadamente—
sobre el cristal celeste de los escaparates.

Fue quizá que los tiempos
sólo hacían posible
para un viejo soldado de todas las derrotas
matar la soledad entre los brazos
de una joven cantante de revista.

Y eran tiempos difíciles.
Mientras recuperaban
su olor a gato sucio los tejados,
ellos
cruzaban la ciudad vestida de uniforme,
soportaban el paso marcial de la soberbia,
recorrían las calles por entre las calesas,
pacientes y humillados,
buscando una pensión.

Sólo la lluvia deja
una pasión equívoca
en el banco vacío de los enamorados,
sólo la lluvia olvida
mentiras de charol sobre las calles
y un amor diminuto en cada esquina
para el labio que aprende su canción.

Acaso
era también pasar al contraataque
fingir felicidad,
estar ficticiamente enamorados
en medio del invierno,
decir que nada importa porque seguimos vivos,
porque aquí están tus ojos a pesar de los humos,
hechos para el amor, curtidos para la historia,
llenos de gozo siempre a toda costa.

Sólo un poco más tarde,
cuando la brisa ciega del sesenta
les hizo descubrir que envejecían,
supieron que era hermoso atardecer unidos,
abrazarse debajo de todas sus banderas,
vivir la intimidad que la derrota impuso
no demasiado cerca del amor,
porque la vida
tan fiel como una hermosa melodía
acabó siempre por darles su razón.

(Luis García Montero)

Reglas de juego para los hombres que quieran amar a mujeres




I

El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.

II

El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
con que yo estaré al lado suyo.

III

El amor del hombre que me ame
será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.

IV

El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo.

V

El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca donde descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocura ser pájaro.

VI

El hombre que me ame
hará poesía con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.

VII

Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario.

VIII

El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera,
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.

IX

El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.

X

El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas,
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
las debilidades que, por siglos,
nos mantuvieron separados
como seres de distinta estatura.

XI

El amor de mi hombre
no querrá rotularme y etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.

(Gioconda Belli)
 

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