La llave del corazón

domingo, 19 de febrero de 2017



Hay cosas en la vida que te hacen crecer en un instante. Pasas largas temporadas que no dejarán huella en tu recuerdo, y en cambio hay momentos que te cambian todos los esquemas que tenías hasta entonces.
 
Una vez casi me muero. No tenía pareja, ni trabajo, aunque en apenas dos meses iba  a firmar un contrato con el que había estado soñando durante tres años. Pero la noche del 23 de febrero de 1999 iba a cambiarlo todo. Quedaban diez meses para pasar al siglo XXI, del que tanto habíamos hablado. La gente no viajaba en coches voladores que levitaban a un metro del suelo tal como yo había imaginado de niña y nadie sabía si el famoso Efecto XXI iba a crear un cibercaos como se habían encargado de predecir los grandes gurús informáticos de la época.

En el siglo XXI que yo me había imaginado a los siete años, cuando jugaba a ser mayor, iba a ser una madre joven de dos críos que prolongarían mis genes en el futuro además de una genial artista del lienzo que expondría sus obras en las mejores galerías del mundo. Mi marido (cuando yo era niña no se entendían las familias monoparentales ni las parejas de hecho) sería un tipo guapo pero serio y difícil de conquistar, con mucho atractivo personal, una sonrisa que le marcara un hoyuelo en la cara y un flequillo que le cayera sobre los ojos dejando adivinar una mirada tímida. Una mezcla de Keanu Reeves, Christopher Reeve y todos los hombres llamados Reeves del mundo. Señora de Reeves  no sonaba nada mal. Pero como digo, eso era lo que yo imaginaba de niña.

La fatídica noche del 23-F de 1999, cuando se cumplía justo la mayoría de edad del aniversario del fallido golpe de Estado de Tejero, yo me estaba debatiendo entre la vida y la muerte en un hospital y nadie parecía darse cuenta. Mi madre y mi hermana mayor se pasaron conmigo toda la noche. Aquella noche de cristales rotos ellas y yo no dormimos. Ellas porque querían estar alerta por si algo pasaba. Yo, porque sabía que me estaba muriendo.

Era la víspera del siglo XXI. Yo no estaba casada con Keanu Reeves, ni teníamos dos nenes bilingües con la mirada de Keanu y mi ironía. Ni siquiera pintaba cuadros. Mi sentido del arte lo había dejado aparcado el día que decidí dedicar mi talento a estudiar Medicina. En algún momento de mi vida había tomado esta decisión -insólita para mi madre, que era bastante escrupulosa- superando la idea peregrina de que ya no iba a encontrar jamás el amor de mi vida, ni por supuesto iba a ser la madre de nadie. Mis genes y mi estirpe terminarían conmigo cuando yo dejara de respirar, aquella misma noche.   
 
Pero una vez más me equivoqué. Si  algo he aprendido de aquella prueba y después en mi experiencia profesional es que cada quien, por muy mal que esté, tiene su día. Y aquel no fue el mío. No tuve hijos. Ese día perdí la posibilidad, pero no echo de menos a mis vástagos, tan sólo a veces me ataca la curiosidad de saber cómo hubieran sido y trato de ponerles una cara con la mirada de Keanu y mi sentido del humor.

Desde el 23 de febrero de 1999 tuve siete amores más. De ellos, dos fueron lo que llamamos “el amor de mi vida” (de uno aún estoy convencida de que lo es). Ninguno de ellos está hoy a mi lado. La persona que comparte mis días llegó por casualidad en un ascensor y se bajó conmigo en el mismo piso. Desde entonces nunca nos hemos separado. No se llama Mr. Reeves, ni tiene la mirada tímida bajo un flequillo rebelde, pero cuando sonríe, en su cara parece el hoyuelo que imaginaba.  
Dicen que el corazón tiene solamente una llave. Yo os puedo asegurar que es una llave con un manojo de copias. Que el amor siempre merece la pena, aunque luego duela cuando se acaba. Que no tienes que arrepentirte de lo que un día te hizo sonreír. Y que el amor de tu vida no es siempre el único, y en ocasiones tampoco el más aconsejable cuando las circunstancias son las que son y no van a cambiar por más que te empeñes. Que a veces llegas tarde a la vida de alguien y tienes que asumirlo. Y que vivir la vida después de una segunda oportunidad, es una experiencia que debería de ocurrirnos a todos alguna vez porque te ayuda a replantearte los esquemas, sanea el extraño sistema de valores que tiene esta sociedad de prisas y comida rápida y te ayuda a valorar las pequeñas grandes cosas que tienes y que el día menos esperado vas a perder de forma irremediable, porque nunca nada dura para siempre...
(La Dama)

Freedom

viernes, 10 de febrero de 2017

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El día en que empecé a ser libre fue el día en que dejé de pensar  en ti, el día en que empecé a escribir sólo para mí. No he dejado nunca de echarte de menos, y supongo que nunca lo haré,  pero ya no le pongo tanto empeño ni se traduce en tanto desgaste mental y físico. Simplemente estás en ese lugar de mi memoria donde guardo con cariño los amores pasados. Vives tras una vitrina donde he colocado nuestros momentos felices; los otros los tiré a la papelera apenas saliste de mi vida.

¿Qué no te olvidaré jamás? Probablemente. Tengo una nostalgia caníbal que me consume en pequeños momentos de debilidad y no tengo más que escuchar una melodía u oler el perfume que me regalaste, para volver a echarte de menos. Alguien entre mis vecinas usa Narciso Rodríguez. No sé quién es, pero esta mañana, cuando he salido para trabajar, esa persona se me ha adelantado y ha dejado la esencia atrapada en el ascensor. Abrirse la puerta, sentir ese aroma y recordarte, todo ha sido uno.
Me pregunto cuánto tiempo tardará ese olor que me lleva  a ti en cortar el cordón umbilical con mi memoria. Sé que me piensas como yo a ti, cuando todos se han ido y el silencio en medio de la oscuridad de la noche te hace pensar en lo que fuimos, en lo que tuvimos y en lo que nos amamos a esas horas tan extrañas de la tarde en las que yacen los amantes. Nunca supe por qué hay que esconder el amor cuando es tan perfecto. No importa, ya no espero ni pido respuestas. Sólo quiero recordar lo mejor de lo que fue nuestro.
Nada es lo mismo desde que no estás, te juro que es cierto, pero déjame vivir mi duelo, reponerme del dolor y tomar conciencia de nunca más volveré a verte.
(La Dama)

París bajo la misma lluvia

jueves, 9 de febrero de 2017

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Hay un enchufe en la habitación que uso como biblioteca que está roto, y no es por casualidad. Me siento culpable. Yo he sido la causante de semejante estropicio por mi afán de colocar justo en la pared donde está el enchufe un par de cuadros a juego donde se ven dos escenas diferentes de una pareja en un café de París. Los cuadros están situados en una línea recta - o no tanto- entre la pared y la única ventana que da a la calle. Cuando vives en un piso alto, cualquier resquicio de aire se convierte en un pequeño tornado que arrasa a su paso todo lo que encuentra. Ni que decir tiene que al no pesar apenas nada, la escasa brisa que entra desplaza como si fueran un par de plumas los dos cuadros, haciendo que se suiciden una vez tras otra contra el malogrado enchufe de pared. En uno de los cuadros la pareja camina a unos metros del café, dejando atrás sobre la mesa dos copas medio vacías y una botella de vino, y en la imagen, vista a través del cristal de la cafetería, caminan de espaldas al cuadro alejándose del cristal en el que se lee el nombre del local en sentido inverso. En el otro cuadro, el que se desprende constantemente de la pared y se precipita sobre el enchufe hecho trizas, la pareja se susurra algo al oído en un acto de complicidad que sólo ellos comparten. En ambas escenas está lloviendo.

Me recuerda un poco a ti y a mí, cuando quedábamos en aquella cafetería donde a menudo compartíamos complicidad y café en alguna que otra sobremesa. Al igual que lo nuestro ya es historia, el cuadro intenta lanzarse una y otra vez desde el metro ochenta que lo separa del suelo, como si la suerte, el azar o la brisa intentaran hacer que me desprenda de los recuerdos que convirtieron aquel “¿y si lo intentamos…?” en un “nosotros”.

El cuadro de la pareja compartiendo susurros en un café de París se ha caído mil veces y otras tantas lo he vuelto a colocar en su sitio desafiando con mi testarudez el paso del tiempo, el clima del sitio en el que sobrevivo sin ti y chorrocientas leyes físicas con tal de tenerte aún a mi lado. Pero aunque siga sobreestimando el poder de los cuelga-fácil de mis cuadros e ignorando las leyes de Newton, tú ya no estás y eso duele en mi enchufe cardíaco, sin mencionar a mi interruptor mental que no quiere apagarte. Sin embargo sé que no hay remedio. Que tengo que pasar página. Que tengo que aprender que ya no hay vuelta atrás, que te has ido sí, que te has ido y esta vez es para siempre…  
Cualquier día abro la ventana y dejo entrar el tornado completo o, en un arrebato, lanzo al vacío los cuadros que tú y yo ya nunca protagonizaremos ni en París ni en ningún sitio… hasta entonces, no me resigno y cada vez que se cae, en un ritual en tu nombre y por las cenizas de lo que fuimos, vuelvo a colgar el cuadro y pienso… "qué bonito fue aquel tiempo en el que tú y yo mirábamos París bajo la misma lluvia".    

(La Dama)

La chica del pelo rojo

martes, 7 de febrero de 2017

Su melena cubría toda la almohada, era irreal, flotaba sobre ella como si alguien la hubiese colocado así a propósito, ¿cómo puede algo ser tan hermoso? El capricho de las sábanas esquivas hacía intuir las líneas de su cuerpo desnudo. Mostraban tan sólo lo necesario para sentir como un regalo ese momento previo a que despertase.

Esa fue la primera vez que estuvimos juntos, desde entonces nunca pude olvidar el recuerdo de ese pelo rojo en contraste con su blanca piel, el misterio de esos labios perfectos que conservaban el carmín de la noche anterior y parecían inmunes a mis besos; como si durmiesen en la pureza de un sueño que yo no era capaz de manchar.

Los pómulos de la chica del pelo rojo son dos manzanas de las que nunca te ves saciado, ella lo sabe y se aprovecha de ello para pedirme cosas. ¿Quién no querría mordisquear esos pómulos eternamente?

Una cosa que me gusta de la chica del pelo rojo es que ella me besa los ojos, es extraño, nadie me había besado los ojos, a ella le gustan y cuando hacemos el amor me los besa. Y lo hace despacio, poniendo todo su ser en ello, como si besarme los ojos fuera la mayor prueba de amor.

A la chica del pelo rojo yo ya la conocía de mucho antes, pero entonces no la comprendía. Tenía una mezcla extraña de locura y sensualidad, algo especial que confieso, me daba miedo. La chica del pelo rojo es un animal salvaje, no es como las demás chicas, tiene la belleza de un ser libre e inexplorado. Yo la contemplaba como algo hermoso pero que nunca estás seguro de si te va a devorar. Fue por ello que la primera vez que me acerqué a ella sentí que todavía no era nuestro momento. El destino dictaba que antes yo tenía que encontrar el animal que yacía dormido en mi interior; para poder comprenderla y devorarnos mutuamente, para dejar que me besase los ojos, para que posase su pelo sobre mi almohada y escuchar como dice "te quiero". Yo también te quiero.


(David Fouler.)

La chica escondida tras el paraguas rojo

sábado, 4 de febrero de 2017


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Hace muchos años empecé a escribir un blog. Antes había escrito tan sólo para mí, pero de alguna manera necesita escribir para vosotros y así empezó mi personaje. 
Al principio era la chica rara que vivía en su propio mundo “La chica del planeta rojo”, porque en muchos aspectos me consideraba un poco... ¿marciana?. 
Después, cuando dejé de ser la única habitante de mi mundo y mi planeta comenzó a crecer y a llenarse de gente, por eso me refugié bajo un precioso paraguas que me permitía seguir siendo quien era y observar a todos oculta tras él. Así es como nació “La chica del paraguas rojo”. 
Y duró muchos años aquel paraguas, hasta que un día sentí el vértigo de dejar de ser quien era. Me convertí casi sin querer en alguien que empezaba a no ser yo. Cada vez tenía más seguidores y comenzaban a pedir más detalles. Querían saber algo más sobre aquella misteriosa chica que escribía desde algún lugar del mundo y se ocultaba tras un paraguas. 
Cambié el color de mi pelo y abandoné mi querido paraguas. De aquella nueva huída hacia delante surgió “La chica del pelo rojo”. 
Entre la chica que vivía como El Principito, sola en su mundo al cuidado de su rosa, y la chica que soy ahora, han pasado casi trece años. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Pilares muy importantes de historia han desaparecido y he tenido nuevos inquilinos en el corazón. La última crisis cardíaca ha sido devastadora, pero creedme cuando os digo que mereció la pena. 
Una cosa sigue igual: sigo sintiendo la misma necesidad de siempre, la de abrir mi corazón y contar mi historia a mis queridos e incondicionales desconocidos. 
Gracias por seguir ahí, por comentar mis escritos, por dar señales de vida inteligente al otro lado de la pantalla y por darle vida a mi vida.   

(La Dama de Abril)


PD: Especialmente dedicado a FerLo.   

Poema del amor ajeno

lunes, 16 de enero de 2017

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Puedes irte y no importa, pues te quedas conmigo
como queda un perfume donde había una flor.
Tú sabes que te quiero, pero no te lo digo;
y yo sé que eres mía, sin ser mío tu amor.
La vida nos acerca y la vez nos separa,
como el día y la noche en el amanecer...
Mi corazón sediento ansía tu agua clara,
pero es un agua ajena que no debo beber...
Por eso puedes irte, porque, aunque no te sigo,
nunca te vas del todo, como una cicatriz;
y mi alma es como un surco cuando se corta el trigo,
pues al perder la espiga retiene la raíz.
Tu amor es como un río, que parece más hondo,
inexplicablemente, cuando el agua se va.
Y yo estoy en la orilla, pero mirando al fondo,
pues tu amor y la muerte tienen un más allá.
Para un deseo así, toda la vida es poca;
toda la vida es poca para un ensueño así...
Pensando en ti, esta noche, yo besaré otra boca;
y tú estarás con otro... ¡pero pensando en mí!

(José Ángel Buesa)

Extra Vagancia


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"Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo."

 (Anäïs Nin)

El amor empieza

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El amor empieza cuando se rompen los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta
pero tampoco sobra la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o alta,
se agacha hasta la sangre.

El amor empieza cuando Dios termina
Y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier parte.

El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.

(Roberto Juarroz)

Sólo dame una razón

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Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón hecho añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase.
El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada.
Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo que será el poema más bonito -pero también el más jodido de escribir- cuando todo se apague.
Tienes que ser un jodido héroe para ser capaz de salvar la sonrisa de alguien cuando esté naufragando en lágrimas y todo su mundo se haya reducido a un mar de donde no hay posibilidad de rescate, pero llegues tú y le digas: Mira, no sé si irá todo bien, pero si te ahogas, te prometo que lo haremos juntos.Imbécil es lo que eres si cedes tu canción favorita pensando en esa persona, porque luego cuando la escuches toda partitura, palabra, sílaba y sonido será un recuerdo llamando a tu puerta.
Así que te pido que tengas mucho cuidado. Te dirán que el amor sólo tiene un final posible y es el olvido. Pues olvídales tú a ellos. Verás a tu alrededor historias rotas y escritos como esto. Que te sirvan de motivo para demostrarnos que todo es posible.
Huye de quien te diga cómo vivir, porque ni él ni nadie tenemos ni puta idea de cómo hacerlo. Y arriésgate, porque echar de menos es como si el corazón dijera: "Oye, me rindo, a mi no me jodes más". Y yo no es por joder, pero si ensuciamos tanto la palabra amor, si creemos que sabemos querer, es por gente como tú.

(Loreto Sesma)

Escrúpulos

viernes, 6 de enero de 2017

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Mi soledad
se alimenta de tu ausencia,
mastica
segundo a segundo,
tu distancia
se revuelca un poco
en los escrúpulos
y se olvida de ti,
diez minutos al alba.
Y siendo
tan adicta de tu vida,
debo coserme
a diario la esperanza,
que espera
ver tus ojos cada dia
y se rompe la ilusión
por las mañanas.
Así que voy zurciendo
cada herida,
con la sonrisa
que de a ratos me regalas.
Y bien valen
las lágrimas caídas,
por ver tus ojos
una noche en mi mirada.
(Nikita)

Sentada sobre una calabaza

 
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"De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa,
chupando un palo sentados
sobre una calabaza."

(J.M. Serrat)

El pasajero de al lado

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Fue sólo un susto.
     El frenazo y el golpe. Los golpes. Estás un poco aturdido, pero puedes moverte. Abres la portezuela y te bajas sin mirar al taxista. No te duele nada. Eres un turista. Tu única obligación es pasarlo bien.
     Para tu suerte, un autobús frena en la plaza. Te subes sin ver a dónde va. Caminas hacia al fondo. Aparte del mendigo que duerme, no hay nadie más ahí. Te sientas. Miras por la ventanilla. La ciudad y la mañana se extienden ante tus ojos. Respiras hondo. Te relajas.
     En la primera parada, sube una chica. Tiene unos veinte años y es muy atractiva. Rubia. Todos aquí son rubios. Es la chica que siempre has querido que se siente a tu costado. Va vestida informalmente, con jeans ajustados y zapatillas. Su abrigo está cerrado, pero sugiere su rebosante camiseta blanca. Se sienta a tu lado. No puedes evitar mirarla.
     Notas que te mira.
     Al principio es imperceptible. Pero lo notas. Voltea a verte rápidamente con el rabillo del ojo, durante sólo un instante. Cuando le devuelves la mirada, vuelve a bajar los ojos. Se ruboriza. Trata de disimular una sonrisa. Finalmente, como venciendo la timidez, dice coqueta:
     -¿Qué estás mirando? ¡No me mires!
     Vuelve a apartar la vista de ti, pero ahora no puede dejar de sonreír. Hace un gesto, como cediendo a su impulso:
     -¿Por qué me miras tanto? ¿Ah? Ya sé -Ahora se entristece-. Se me nota ¿No? ¿Se me nota? Pensaba que no -Sonríe pícara-. ¿Te la enseño? Si se me nota, ya no tengo que esconderla. ¿Quieres verla? -Se da aires de interesante, pone una mirada cómplice y habla en voz baja, como si transmitiese un secreto-. Está bien, mira.
     Se abre el abrigo y deja ver una enorme herida de bala en su corazón. El resto del pecho está bañado en sangre.
     Ríe pícaramente y se pone repentinamente seria para anunciar:
     -¿Ves? Estoy muerta.
     ¿Verdad que no se nota a primera vista? Nunca se nota a primera vista. No lo noté ni yo. Será porque es la primera vez que muero. No estoy acostumbrada a ese cambio. En un momento estás ahí y lo de siempre: una bala perdida, un asalto, quizá un tiroteo entre policías y narcos, pasa todos los días. Y luego ya no estás. Sabes a qué me refiero ¿Verdad?
     A mí, además, me dispararon por ser demasiado sensible. De verdad. Por solidarizarme. Íbamos Niki y yo a una pelea de perros. Niki es mi novio y es héroe de guerra. Sí. De una guerra que hubo hace poco… No. No recuerdo dónde. Niki tiene un perrito que se llama Buba y una pistola que se llama Umarex CPSport. Pero al que más quiere es a Buba. Es un perro muy profesional. Ya ha despedazado a otros tres perros y a un gato. No deja ni los pellejos. Increíble. A Niki le encanta. Es su mejor amigo, de hecho. Entonces, íbamos en el auto, y Niki y Buba iban delante. Yo iba en el asiento trasero. A Niki le gusta que nos sentemos así, dice que es el orden natural de las cosas. Niki es muy ordenado con sus cosas. Y muy natural.
     Saliendo de la ciudad hacia el… ¿Perródromo? No, eso es para carreras ¿Cómo se llama donde hay peleas de perros? Bueno, íbamos para allá y paramos en una gasolinera para que Niki fuese al baño. Aparte de una pistola y un perro, Niki tiene problemas de incontinencia, pero no se lo digas nunca en voz alta, de verdad, por tu bien. O sea que Buba y yo nos quedamos a solas en el auto. Perdona que me interrumpa, pero no me mires demasiado la herida, por favor. Odio a los hombres que no pueden levantar la vista del pecho de una. Y a las mujeres también. Si no estuviera muerta, llamaría a Niki para que me haga respetar. ¿O.K? O.K.
     Bueno, sigo: estamos en el auto ¿No? Buba y yo. Y Buba me empieza a mirar con esa carita de que quiere ir al baño. O sea, no al baño, porque es un animal ¿No? Pero a lo más cercano a un baño que pueda ir ¿O.K.? Y me mira para que lo lleve. De verdad, no creerías que es un perro asesino si vieras la cara que pone cuando quiere ir al baño. Se le chorrean los mofletes, se le caen los ojos y hace gemiditos liiindis. Así que lo miro con carita de pena, lo comprendo ¿me entiendes? y le abro la puerta para que pueda desahogarse.
     Buba baja y yo lo acompaño unos pasos, pero luego veo que en la tienda de la gasolinera hay una oferta de acondicionadores Revlon, así que me detengo porque es algo importante y él sigue. Y entonces, aparece el otro perro. O sea, una mierda de perro, perdón por la palabra ¿No? un chucho callejero y chusco con la cola sin cortar y las orejas caídas ¿Has visto a los perros sin corte de orejas y cola? Aj, horribles. Pues peor.
     Bueno, te imaginarás ¿No? El chusco se pone a ladrar, Buba se pone a ladrar, se caldean los ánimos, los acondicionadores Revlon sólo están de oferta si te llevas un champú, Niki no termina nunca de hacer pila y, de repente, la persecución de Buba al otro, los ladridos, los mordiscos. Lo de siempre, excepto el camión. Lo del camión si que no había cómo preverlo porque, o sea, no es que una pueda adivinar el futuro. Sabes a qué me refiero ¿Verdad? Yo llegué a escuchar el frenazo y el quejido perruno.
     Francamente, por esa mariconada de quejido, yo pensé que había chancado al chusco.
     Pero no fue así.
     Cuando Niki salió del baño y vio a su perro, yo ya estaba buscando protectores solares. Niki se arrodilló junto a Buba, le besó las heridas, se puso de pie y vino directamente hacia mí. Yo lo recibí con una sonrisa, pensando, mira, qué bien ¿No? Nosotros estamos vivos, o sea, ha podido ser peor. Y él me recibió con cuatro disparos de la Umarex CPSport. Es amarilla la Umarex CPSport ¿Algunas ves has visto una pistola amarilla? Niki tiene una.
     Lo demás de estar muerto es rutinario. Sabes a qué me refiero ¿Verdad? Es aburrido, porque ya nadie que esté vivo te escucha. Eso sí, vienen por ti, te llevan en una camilla, o sea, ya estás muerta pero igual te llevan en una camilla y en una ambulancia. Qué fuerte ¿No? Como si estuvieras viva. Eso te hace sentir bien ¿No?. Valorada. Te llevan a una clínica privada, llenan unos papeles y ahí te guardan. Hace frío ahí.
     Hace mucho frío.
     Ya ahí conoces otros cadáveres, te comparas con ellos, te das cuenta de que estás mucho mejor que ellos, o sea, te ves bien a pesar de las dificultades ¿No? Y eso es importante para sentirte bien contigo misma. Claro, la herida no ayuda, pero no te imaginas cómo está la gente ahí ¿Ah? O sea, no se cuidan nada. Y eso que son gente bien ¿Ah? No creas que a cualquier muerto lo llevan a una clínica de esas.
     Al principio sobre todo te sientes bien insegura. Es como si te diera la regla pero sin parar y por el pecho. Entonces, es bien incómodo. Pero luego llega un doctor guapísimo, de verdad. Sabes a lo que me refiero ¿No? Entonces están tú y él a solas, pero no como con Buba en el auto, sino distinto, porque tú estás muerta y él no es un perro, es como más íntimo ¿no? Y él empieza a tocarte, a acariciarte, masajearte, pasa sus manos por tu cuerpo. Y están calientes sus manos. La mayoría de las cosas vivas están calientes. Y luego te abre en canal para buscar cosas en tu interior. Y ¿Sabes qué? Sientes… no sé… sientes que es la primera vez que un hombre tiene interés en tu interior. No sé. Es como muy personal. Pero te dejas, permites que sus manos recorran tu anatomía, te parece que nadie te había tocado antes en serio. Y te da un poco de penita, de verdad. Hay cosas que yo no sabía que tenía, que en toda mi vida nunca lo supe, como el duodeno, la aorta, el esternocleidomastoideo ¿No? El tríceps si sabía, por el gimnasio. Y te dices, pucha, me habría gustado saber que tenía todo esto porque, no sé ¿No? Es parte de ti y tienes que vivir con eso y éste hombre las descubre para ti. No sé cómo explicarlo. Es algo supersuperpersonal. De haber tenido fluidos, creo que hasta habría tenido un orgasmo. ¿Y sabes por qué hace eso el forense? ¿Por qué me lo hizo a mí con ese cariño? No sé, lo he estado pensando un montón, no creas, y… creo que lo hace porque a mí no se me nota. Claro, si me miras bien, sí. Pero a primera vista no se me nota lo muerta. Yo creo que al forense le gustan las muertas poco ostentosas. Yo soy muy sencilla. Y tú también, de verdad. Si no hubiera visto tu accidente en el taxi, hasta pensaría que estás vivo. Uno te tiene que mirar bien para darse cuenta, pero al final, un ojo con experiencia puede percibirlo.
     Es por tu mirada, creo.
     Tienes ojos de muerto.
(Santiago Roncagliolo)
 

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