Los Ladrones de Sombras

martes, 28 de octubre de 2008



Cuentan que hubo unos dioses que tuvieron un terrible despiste al crear su mundo. Lo dotaron de todos los detalles, estaba a la última, y crearon los seres a su imagen y semejanza salvo por un pequeño detalle: la sombra. Tenían prisa por terminar y cuando hicieron el recuento de seres y sombras no hicieron bien el cálculo y pusieron una sombra menos en su mundo. Así condenaron a uno de sus habitantes a vivir sin sombra. Ese habitante crecía y vivía marginado, hasta que, con astucia, lograba robarle la sombra a otro de los seres, que pasaba a ser entonces el apestado, "el sinsombra". Hubo en su historia insignes sin sombra, que pese a su marginalidad, lograron grandes cosas, incluso los hubo luchadores que reivindicaron la condición del sinsombra. Pero todos, hasta el mayor luchador, albergaba en su alma la esperanza de robarle la sombra a otro. Así ocurrió hasta el comienzo de los nuevos tiempos. Un joven despistado, enamoradizo y soñador leía en un parque. Su sombra se prolongaba por el césped hasta un riachuelo artificial. El sinsombra se acercó sigilosamente y se la robó sin piedad. Sólo cuando escuchó la risa del que había sido el sinsombra hasta entonces se dio cuenta de su desgracia. Caminó largas horas y sintió la mirada y el dedo inquisidor de sus iguales. Por dentro se le comía el deseo de robar otra sombra, de volver al plano de los que existen. Pero no podía. Durante meses se negó a salir de su habitación. Su madre le advertía que iba a quererlo igual, pero cuando salía no podía evitar la repulsión y la pena de verlo sin ella. Fue entonces cuando se decidió. Una noche oscura y tormentosa, como no podía ser de otra forma, salió decidio a robar una sombra y volver a ser el que era. Se escondió en una esquina y esperó, y esperó, hasta que se acercó una tierna figura de mujer. No se fijó en sus largas piernas, en sus brazos dulces de leche y chocolate, en su larga melena, en sus ojos color zafiro. Tan sólo miró la sombra, a la que acechaba con ansia. Cuando pasó a su lado se lanzó sobre ella, pero calculó mal y en lugar de abrazar la sombra lo que hizo fue abrazarla a ella. Se asustaron y cuando el miedo les permitió recuperarse se miraron a los ojos. Suspiraron, algo por dentro se había colado, algo extraño y maravilloso. Cuando se fundieron en un largo beso no se dieron cuenta de que los dos formaban una única sombra. Así fue como en aquel mundo los hombres, aquella pareja de enamorados, solucionaron el despiste de los dioses.

(Del blog: El Trastero de la Imaginación)

5 Gotas de Lluvia sobre mi Paraguas Rojo:

El Maestro de Esgrima dijo...

¿Ves mi bella Dama, cómo no me queda más remedio que estar enamorado de ti? Todo lo que publicas en tus blogs, sea tuyo o ajeno, demuestra tu sensibilidad y esa forma tuya tan particular de ver la vida.
Tuyo x siempre.

Anónimo dijo...

Como siempre exquisitas las elecciones de textos que inundan y alimentan tu hermoso blog.
Ese pequeño relato del olvido de los dioses respecto a la sombra dice muchas cosas. Cosas hermosas, llenas de realidad, de crueldad y también de pasión. ¿Qué sería de la vida sin sombra?, pero hay más...lo importante no era poseer la sombra en sí, sino más bien, la unión de dos seres realmante especiales que por circunstancias de la vida, un día se conocieron accidentalmente.
Gracias por llenar de magia mi vida, Dama y sobre todo, gracias por encender una pequeña llama en este corazón que se honra en saber que existes.
Un beso.
-ReyArturo.

La Dama de Abril on miércoles, 29 de octubre de 2008, 23:04:00 CET dijo...

Buenas noches Maestro.
Veo que esta fría pantalla de ordenador no es tan fría como yo pensaba y deja entrever cosas tan íntimas como la sensibilidad que, es cierto, tanto en mi blog como en mi vida, está a flor de piel.
Pero esta sensibilidad sin un alma capaz apreciarla dejaría de ser tal.
Gracias por estar ahí.
Un beso

La Dama de Abril on miércoles, 29 de octubre de 2008, 23:31:00 CET dijo...

Buenas noches, ReyArturo.
En realidad este texto tiene muchas lecturas. Para mí, la esencia del cuento es una bonita metáfora para explicar cómo dos personas cuando se enamoran dejan de caminar por separado para convertirse en una sola "sombra".
La sombra que busca el personaje es la seguridad que ha perdido, la que le identificaba con otros de su misma especie y que al desaparecer le da cierta sensación de desamparo y lo estigmatiza a los ojos de los demás.
Todos buscamos esa sombra que perdimos en algún lugar o somos sombras individuales que buscan a su gemela para formar una única con la que construir un sueño.

Gracias a ti, por creer en mi magia...

Larrey on domingo, 9 de noviembre de 2008, 14:16:00 CET dijo...

Hola amigos, soy Larrey, responsable del trastero y autor de este relato. Estoy encantado de verlo en otro blog. Encantado.

 

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