Envejecer

miércoles, 8 de octubre de 2008



Envejecer también es cruzar un mar de humillaciones cada día;
es mirar a la víctima de lejos, con una perspectiva
que en lugar de disminuir los detalles los agranda.
Envejecer es no poder olvidar lo que se olvida.
Envejecer transforma a una víctima en victimario.

Siempre pensé que las edades son todas crueles,
y que se compensan o tendrían que compensarse
las unas con las otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo?
Espero una revelación. ¿Por qué será que un árbol
embellece envejeciendo? Y un hombre espera redimirse
sólo con los despojos de la juventud.

Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios,
una suerte de acrobacia que es un peligro para el corazón.
Todo disfraz repugna al que lo lleva. La vejez
es un disfraz con aditamentos inútiles.
Si los viejos parecen disfrazados, los niños también.
Esas edades carecen de naturalidad. Nadie acepta
ser viejo porque nadie sabe serlo,
como un árbol o como una piedra preciosa.

Soñaba con ser vieja para tener tiempo para muchas cosas.
No quería ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente.
Ahora pierdo más tiempo que nunca en amar,
porque todo lo que hago lo hago doblemente.
El tiempo transcurrido nos arrincona; nos parece
que lo que quedó atrás tiene más realidad
para reducir el presente a un interesante precipicio.

(Silvina Ocampo)

2 Gotas de Lluvia sobre mi Paraguas Rojo:

ERNESTO on lunes, 27 de octubre de 2008, 10:18:00 CET dijo...

A ver si te gusta ésto:

http://ernestosport.blogspot.com/2008/10/visitando-la-vejez.html

La Dama de Abril on lunes, 27 de octubre de 2008, 11:59:00 CET dijo...

Hola Ernesto, bienvenido a mi blog.
Por mi trabajo, entro habitualmente en residencias de ancianos y creo que la mayoría deberíamos hacerlo a menudo para desmitificar el miedo a la vejez y su relación con la muerte. Aprenderíamos a sobrellevar con dignidad el paso de los años y a volver a respetar a nuestros mayores igual que antes.
La vejez es un estado lejano, que consideramos ajeno nunca propio, y como tal, aceptamos en otros de generaciones precedentes, y por ello siempre es inesperado.
Pero el tiempo pasa para todos y no hay marcha atrás..."Un día estás en pañales y al siguiente ya no estás aquí" decían en el capítulo final de "Aquellos maravillosos años".
Entrar en una residencia (nombre que enmascara a los mal llamados "asilos" que resulta menos hiriente, pero igualmente frío) es encontrarte con un puñado de nostalgias añejas y con olor a final cercano, que tratas de exorcizar evitando tocar el tema.
Cada día tengo más claro que la vejez sola no mata, sino que es la soledad la que provoca una agonía lenta. No hay nada peor que morir en el olvido y ser consciente de ello.
Un saludo.

 

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