Empezar a asimilar lo raro que es todo si no estás...

jueves, 10 de enero de 2019


Él era de venir cuando nadie le esperaba, de planear para terminar haciendo todo tarde, de no seguir reglas pero sí instintos, de arriesgarse sin saltar al vacío. Sin embargo ella era de esperar a quien nunca va a llegar, de tenerlo todo preparado, de seguir principios, ilusiones y sentimientos, de arriesgarse, tropezarse y caer al precipicio. Por eso se gustaban tanto, por eso se odiaban aún más.


Nunca fueron de días pero sí de noches. No eran de paseos largos a la oscuridad de la luna, ni de tiempo perdido en calles con los dedos entrelazados, ni siquiera de tomar un café en el bar de la esquina. Por eso su destino fue un hotel, directo y sin preámbulos, como sus intenciones.

Subir las escaleras empezó a calentar los motores que tenían por corazón, a notar el frío en la nuca, a pensar que ya les sobraba la ropa. El portazo que les unió en la misma habitación solo fueron las ganas que resonaban en el ambiente, las respiraciones que empezaban a acelerarse. 

En el momento en el que los dos se miraron destruyeron todas las fronteras que alguna vez habían existido, izaron bandera blanca y firmaron la paz que les llevaría a la guerra. Los pasos de seguridad que les distanciaban se convirtieron en milímetros, en dos bocas chocando, mordiendo, lamiendo, chupando; dejándose la vida en un beso. Ya no existía el mundo exterior, solo el mundo que les rodeaba: sus cuerpos. 

Las manos empezaron a ser hábiles y quitaron camisetas, pantalones, medias, bragas, calzoncillos, hasta que se quedaron a dos pieles. A los roces les siguieron besos, estos se tornaron mordiscos, lo salvaje les pilló enfermos de lujuria, no había ningún hueco vacío que no cubriera una mano, que no cubrieran sus cuerpos. Ninguno de los dos se atrevió a hablar pero sus gritos, su desesperación, sus prisas, sus respiraciones y gemidos narraban todo lo que callaban. Y no hacía falta más, porque se hacían falta ellos y nadie les sacaba tarjeta roja. Decidieron correrse el riesgo para que nadie saliera perdiendo, para que solo pudieran ganar. 

Al terminar, ninguno de los dos se miró de nuevo, no se volvieron a tocar, a besarse, a verse, a llamar. Pero ninguno de los dos pudo olvidarse del otro, intentando recordar para terminar llorando, volviéndose dolor, nostalgia y melancolía. Siendo todo lo que no eran, porque eran, pero solo si estaban juntos.

Sincericidio en el café de viernes

viernes, 16 de febrero de 2018

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Te quiero y me empeño en pensar que no. Y duele. Duele y mucho. No hay día que no me levante con la sensación de que vamos a volver a compartir un café de sobremesa. Y ahí está tu recuerdo. Y el café. Pero no hay dos compartiendo nada como en la foto de mi estudio, con París al fondo y la lluvia al otro lado del cristal. No. Hay un café, pero yo estoy sola clavando los ojos en la cucharilla que dibuja círculos concéntricos, los mismos círculos que dan vueltas en mi memoria intentando devolver al presente recuerdos que tengo cada vez más difusos, de otro tiempo, de otra vida que  viví a tu lado…

Hace más de un año que nos encontramos por última vez. En el mismo sitio: un pub trasnochado y difuso entre luces tenues que se aliaban con nuestras debilidades para avivar el fuego difuso que se encendía cualquier día menos los viernes y los domingos. Los domingos nunca existí. Los viernes me los negaste, por capricho y porque en cierta forma pretendías domesticarme. Los domingos me daban lo mismo. Renuncié a ti y a ellos desde el primer beso. Pero los viernes… nunca te perdoné los viernes donde yo era tu plan B. Qué crueldad negarle a alguien los viernes. El resto de la semana competía con tus prioridades. No me acostumbré nunca a ello, pero sacar el tema desencadenaba una nueva tormenta perfecta entre nosotros, por eso intentaba esquivar mi indignación. Pero aquello hacía que me doliera más y me devoraba hasta que vomitaba todo lo que sentía cada vez que me borrabas los viernes de tu agenda.

Soy demasiado clara. No me van los comentarios a medias, así que cuando ya veía todo perdido me tiraba de cabeza al ruedo a pecho descubierto. Este sincericidio va a matarme cualquier día… el caso es que te lanzaba las verdades a la cara, aun sabiendo que cada lanzamiento te alejaba diez centímetros de mí. Aquello nos fue distanciando tanto que surgió aquel monólogo que empezaba por… “no sé qué hago aqui”,  continuaba con “no tiene sentido que nos sigamos viendo” y finalizaba con “ya no sé qué creer… has cambiado tanto” y volvía en bucle al principio “no sé qué hago aquí”.


Si supiera que cambiando algo iba a borrar el final de esta historia, te volvería a regalar los domingos enteros y los viernes a medias, y lo pensaría dos veces antes de comenzar mi monólogo en bucle y te odiaría en silencio y pensaría que no eras tan nocivo para mi salud mental como lo eres… pero la vida no usa borradores, las cosas se escriben una sola vez y la tinta es indeleble. Por eso me quedo aquí a solas con mi café compartido contigo, removiendo con la cucharilla en círculos concéntricos la nostalgia de un viernes imaginario. 

(La Dama)

Postureo 3

miércoles, 7 de febrero de 2018

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¿Y si empiezo a quererme más? ...Y a cuidarme como la chica superficial que no soy...

Sintonizar el tiempo

sábado, 21 de octubre de 2017


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 Un día te paras 
a pensar en el ayer.
Y te das cuenta de 
que tu círculo de amigos 
es más pequeño cada día.
Cada vez es más difícil verlos 
y coordinar horarios entre vosotros 
por motivos de trabajo, 
estudios, preferencias...
Y te empiezas a plantear 
porqué ahora disfrutas más 
de esa cervecita en casa 
y tomar un simple café 
cada vez te da más pereza 
aunque sólo sea para conversar un rato.
Las multitudes ya no son tan divertidas, 
las horas en la calle 
ya no son parte de tu rutina.
Quizá tu camino 
empieza a tomar sentido. 

Tu vida, 

o hasta ahora lo que conocías de ella 
desaparece ante tus ojos.
Mientras algunos 
siguen siendo verdaderos amigos, 
otros no eran tan especiales después de todo. 
La amistad, al fin y al cabo, 
no se basa en el tiempo, 
si no en la calidad de las 
personas que tienes a tu lado.
Las personas son egoístas. 
Muchas se acercan por puro interés;
otras simplemente pasan por tu vida 
para aprender a no ser como ellas.

Te das cuenta 

que hay decisiones que tomarás 
y quizá no sean las adecuadas
pero los errores 
te hacen crecer como persona.
Aprendes a que el tiempo no vuelve, 
que la vida 
no da segundas oportunidades, 
que los amores baratos 
sólo te dejan la cama vacía, 
que los amaneceres 
son más bonitos sin resaca, 
que hay sonrisas 
que te alegran el día, 
que hay momentos 
en los que sólo necesitas un abrazo, 
que el corazón 
siempre guarda un sitio para el dolor, 
que la confianza 
se pierde en cuestión de segundos, 
que en el amor 
siempre hay reproches 
y que las mejores noches 
las pasas entre sus brazos.

Tratas día a día 

empezar a entenderte a ti mismo, 
sobre lo que quieres y lo que no.
Tus opiniones 
se vuelven más fuertes. 
Miras a tu alrededor 
y ves como actúan las personas 
y te encuentras a ti mismo 
juzgando un poco más de lo normal
porque tu vida 
ya no es tan parecida a la de los demás.
A veces tratas de aferrarte al pasado, 
pero te das cuenta de que el pasado 
cada vez se aleja más 
y que no hay otra opción 
que la de seguir avanzando 
y debes saber 
conservar bien el presente 
porque será tu única 
compañía en el futuro.

 (Del blog:Hoy te echo de menos)

No te enamores de una mujer que lee...

martes, 17 de octubre de 2017



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No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe... No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma. No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música. No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y vertigue un inmenso horror por las injusticias. Una a la que le gusten los juegos de fútbol y de pelota y no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo. No te enamores de una mujer intensa, lúdica y lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, JAMAS se regresa.

Martha Rivera-Garrido

Polvo de mariposas

sábado, 30 de septiembre de 2017


A veces me encuentro contigo
cuando no te espero
tras la sorpresa me toca pensarte.
Érase una vez, este maldito cuento...

Aun sigo creyendo en el polvo de las mariposas
no quiero unas alas que vengan ya rotas
el mar siempre supo guardarme el secreto

Él me pide su trozo de arena y después lo pervierte
vaciando montañas para que cuando llegue
aquella que le hace bajar la marea.

Te sentí tan dentro
que a veces presiento que estas a mi lado.
Me gusta contarte lo que me ha pasado
hasta que descubro que he hablado sola.

Llegó para irse como quien viaja a la cola del viento
me hizo llorar al besarme muy lento
no habrá una ciudad donde no me emocione

No pude dejarte la puerta entreabierta esa tarde
hacerte pasar para nunca agarrarte,
ya sabes que a ratos resulto una idiota

Yo no puede meterte en la caja de cosas pendientes
hablarte bonito mientras te me duermes
quedarme tu tiempo a cambio de nada

Te sentí tan dentro
que a veces presiento que estas a mi lado
Me gusta contarte lo que me ha pasado
hasta que descubro que he hablado sola

Llegó para irse como quien viaja a la cola del viento
me hizo llorar al besarme muy lento
no habrá ciudad donde no me emocione...

Te sentí tan dentro...
 
A veces me encuentro contigo
cuando no te espero
tras la sorpresa me toca pensarte.
Érase una vez, este maldito cuento...
 
(Vanesa Martín)

Trozos

martes, 11 de julio de 2017

"Habrá un amor tan fuerte en tu vida que te destruirá por completo. Después sólo amarás por trozos" (Benjamin Griss)



Hace tiempo que no te pienso. Tengo tu recuerdo atado a una cadena enorme en el fondo de mi memoria. Sin embargo, a veces, flaqueo y me quedo insulsamente pensando en ti y en lo que fuimos una vez: dos personas que se amaron mucho y que tuvieron que romper por circunstancias de la vida.
A veces, como hoy, me permito un desliz. Me dejo llevar por el lado oscuro de mi corazón y te hago presente. Saco tu cadáver del armario de mi pasado y te cuento imaginariamente cómo me siento. Estoy mejor. Ya mucho más recuperada de nuestro tormentoso final. Guardaba para ti tantos momentos…tantas palabras de perdón, de ira, de desesperación, de preguntas…me dejaste con tantas dudas… con tantas exclamaciones… con tantos interrogantes… y ya ves: ahora no consigo recordar nada de lo que quería preguntarte ni gritarte. Me dan igual los cómo y los por qués. No tengo nada que echarte en cara. Simplemente uno de los dos amó más al otro. Sigo pensando que fui yo, aunque te enfades cuando lo digo. El amor no tiene dimensiones: ni volumen, ni peso. ni lados, ni entiende de raíces cuadradas… no se puede medir o… sí, pero eso ya no importa. Quiero creer que tus palabras eran sinceras y que me amaste de la mejor forma que sabías y con todo lo que podías amarme. Por eso no guardo rencores, ni reproches, ni dolor… bueno sí, dolor sí, un poco. Menos que antes, pero para ser sincera aún me dueles.  

Imaginaba –tonta de mí- un final feliz contigo. Una vida real llena de instantes bonitos y sin embargo todo se quedó en un instante lleno de vidas virtuales que acabó convirtiéndose en humo.
Hace poco más de un mes, en un arrebato de debilidad, me permití la licencia de hacerte una señal con cualquier excusa. Mis motivos eran pueriles, pero creí entonces que merecía la pena quemar un último cartucho. Tú me contestaste, en un tono gélido, como quien habla del tiempo de forma incómoda en el ascensor con un vecino con quien no tiene relación alguna. -Soy yo-pensé para mí- ¿tanto he cambiado que me tratas como al repartidor de pizzas? Supongo que ya has pasado página y que ya no estoy entre tus pensamientos recurrentes como antes. Tendré que hacerme a la idea de que no estás y de que ya nunca más vas a estar. No debería y sin embargo, a veces, como esta noche me da por pensarte y entonces rompes todos mis esquemas, echas por tierra mi actitud de persona madura y civilizada que puede  seguir con su vida tras una ruptura sentimental y entras en  mis rutinas colándote como el viento.
...Y entonces ocurre que me sobreviene la lluvia a los ojos y te pienso, y pienso que aún una parte de mí te quiere y quiere que vuelvas…porque te echa de menos.

(La Dama)
 

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