Sincericidio en el café de viernes
viernes, 16 de febrero de 2018
Trozos
martes, 11 de julio de 2017
(La Dama)
La llave del corazón
domingo, 19 de febrero de 2017
En el siglo XXI que yo me había imaginado a los siete años, cuando jugaba a ser mayor, iba a ser una madre joven de dos críos que prolongarían mis genes en el futuro además de una genial artista del lienzo que expondría sus obras en las mejores galerías del mundo. Mi marido (cuando yo era niña no se entendían las familias monoparentales ni las parejas de hecho) sería un tipo guapo pero serio y difícil de conquistar, con mucho atractivo personal, una sonrisa que le marcara un hoyuelo en la cara y un flequillo que le cayera sobre los ojos dejando adivinar una mirada tímida. Una mezcla de Keanu Reeves, Christopher Reeve y todos los hombres llamados Reeves del mundo. Señora de Reeves no sonaba nada mal. Pero como digo, eso era lo que yo imaginaba de niña.
La fatídica noche del 23-F de 1999, cuando se cumplía justo la mayoría de edad del aniversario del fallido golpe de Estado de Tejero, yo me estaba debatiendo entre la vida y la muerte en un hospital y nadie parecía darse cuenta. Mi madre y mi hermana mayor se pasaron conmigo toda la noche. Aquella noche de cristales rotos ellas y yo no dormimos. Ellas porque querían estar alerta por si algo pasaba. Yo, porque sabía que me estaba muriendo.
Era la víspera del siglo XXI. Yo no estaba casada con Keanu Reeves, ni teníamos dos nenes bilingües con la mirada de Keanu y mi ironía. Ni siquiera pintaba cuadros. Mi sentido del arte lo había dejado aparcado el día que decidí dedicar mi talento a estudiar Medicina. En algún momento de mi vida había tomado esta decisión -insólita para mi madre, que era bastante escrupulosa- superando la idea peregrina de que ya no iba a encontrar jamás el amor de mi vida, ni por supuesto iba a ser la madre de nadie. Mis genes y mi estirpe terminarían conmigo cuando yo dejara de respirar, aquella misma noche.
Desde el 23 de febrero de 1999 tuve siete amores más. De ellos, dos fueron lo que llamamos “el amor de mi vida” (de uno aún estoy convencida de que lo es). Ninguno de ellos está hoy a mi lado. La persona que comparte mis días llegó por casualidad en un ascensor y se bajó conmigo en el mismo piso. Desde entonces nunca nos hemos separado. No se llama Mr. Reeves, ni tiene la mirada tímida bajo un flequillo rebelde, pero cuando sonríe, en su cara parece el hoyuelo que imaginaba.
Freedom
viernes, 10 de febrero de 2017

¿Qué no te olvidaré jamás? Probablemente. Tengo una nostalgia caníbal que me consume en pequeños momentos de debilidad y no tengo más que escuchar una melodía u oler el perfume que me regalaste, para volver a echarte de menos. Alguien entre mis vecinas usa Narciso Rodríguez. No sé quién es, pero esta mañana, cuando he salido para trabajar, esa persona se me ha adelantado y ha dejado la esencia atrapada en el ascensor. Abrirse la puerta, sentir ese aroma y recordarte, todo ha sido uno.
París bajo la misma lluvia
jueves, 9 de febrero de 2017
(La Dama)
La chica escondida tras el paraguas rojo
sábado, 4 de febrero de 2017

París bajo la lluvia
sábado, 10 de diciembre de 2016
(La Dama)
Voy a mil...
sábado, 23 de abril de 2016
La Chica del Pelo Rojo ha vuelto para quedarse
lunes, 19 de agosto de 2013
He decidido acabar con esta sequía literaria...
Sólo sé escribir en dos direcciones: en la dirección del amor y en la dirección opuesta.
El desamor fue mi fuente de inspiración el milenio pasado. Una nueva epidemia de amor ha arrasado mi vida. De ahí mi sequía. La ausencia de amor y el corazón roto me obligan a volver a retomar la pluma, para derramarme de nuevo en palabras, para desnudarme de forma integral ante vosotros: queridos desconocidos. Mi exhibicionismo emocional no conoce límites.
La Chica del Pelo Rojo: ha vuelto... tened paciencia y sed comprensivos con mi torpeza que tropieza reiteradamente con las mismas piedras.
La Dama
Historia de lo nuestro
jueves, 4 de noviembre de 2010
El Pescador de Estrellas
miércoles, 6 de octubre de 2010

Si alguna vez quisiera alcanzar una estrella, pediría consejo a un profesional, es decir, a un pescador de estrellas. No es tan fácil atrapar una. Las estrellas son entes escurridizos y frágiles. Es posible que, en el intento de darle caza a una, se resbale entre los dedos de las manos inexpertas y salte al primer remanso de agua que encuentre: en una fuente próxima, un charco o una lágrima y desaparezca en un abrir y cerrar de ojos disuelta en el agua.
Los pocos pescadores de estrellas que aún conservan este trabajo provienen de generaciones enteras de pescadores de estrellas, que fueron grandes comerciantes en un pasado más glorioso.
(La Dama)
Cosas del corazón
sábado, 2 de octubre de 2010

Una sale a la calle con el corazón suelto, pensando en que después de tantos años ya está domesticado, y cuando cruza el semáforo en rojo aparece la epidemia de abrazos, sonrisas y miradas extraviadas a los desconocidos que arrancan un: “qué guapa eres, no me había fijado” y un “me encanta estar contigo”. Y de ahí a los “te quiero y te necesito” sólo hay un pasadizo secreto que cabe en la cabeza de un alfiler…
Una epidemia de ilusión te invade como si no tuvieras la experiencia de los mil amores primeros; como si una segunda adolescencia soplara sobre tu cuello y te dejas llevar por la danza de un nuevo encantador de serpientes. Sientes que el hombre que has esperado pacientemente desde siempre acaba de hacer acto de presencia como si lo estuvieses esperando en una estación de tren. Lleva toda tu vida de retraso y pensabas echarle la bronca cuando se anunciase en el umbral de tu puerta para llenar un vacío antiguo que nunca ha llenado nadie, pero es verlo aparecer y sufrir una amnesia en el mecano de los reproches, abrazándote a él como si llevases toda la vida esperándolo...
(La Dama)
Elegí un mal día para dejar de fumar...
viernes, 27 de agosto de 2010

Y eso que nunca he fumado, aunque hice el intento en la adolescencia, pero no sabía echar el humo y me asfixiaba. Me quedé con las ganas, como en otras muchas cosas que vinieron después...
Era un mal día para empezar a escuchar jazz. El jazz es una afición nueva que tengo pendiente. Alguien me la ha contagiado. Los hobbies y los vicios se contagian, está comprobado. Lo dicen ocho de cada diez dentistas en España (los mismos que fueron entrevistados para el anuncio de Colgate). También el malhumor, el acento y la gesticulación. Sólo tienes que tener las compañías adecuadas. Dime con quién andas y te diré qué te ha contagiado... Eso decía mi abuela.
No me cuesta nada mimetizarme con el ambiente. Soy un camaleón humano. Se me pegan las costumbres (las buenas y las no tanto), las pausas y los dejes en el habla y la forma de caminar. El estilo no, eso es imposible. No hay improvisación que parchee el estilo.
No era el mejor día para coger el autobús. Lo sé: dejar tu destino al azar en manos de que el conductor tenga un buen día, es definitivamente arriesgado. Pero con frecuencia lo hago. Me refiero a arriesgarme. Siempre he jugado en la rueda de la fortuna. Y además evito sufrir con el coche porque tengo un trauma con el aparcamiento. Y, dicho sea de paso, una cruzada con el ayuntamiento. El alcalde pretende financiar sus obras salomónicas con mis denuncias. Creo que me ha puesto un vigilante de zona azul dedicado a perseguirme, con un cronómetro esperando a que me pase un minuto para multarme. Y como sabe que la puntualidad no es mi fuerte…
Era un día desastroso para ver a un ex. Me he encontrado con Amor nº 10 y se me han atragantado las palabras, como el humo que intentaba canalizar de los cigarros de mi adolescencia. Sin embargo ha sido exitoso reencontrarme con mi pasado, en forma de una antigua compañera que se ha quedado petrificada al verme. En cualquier otra persona lo hubiera pasado por alto, pero en ella, que hace diez años me miraba por encima del hombro…me he dado el gustazo, la verdad. Ha sido como ir a una de esas fiestas de antiguos alumnos, donde el patito feo que recordaban todos ahora es un cisne de un blanco inmaculado...
No era el mejor día para dirigir el mundo (mi mundo). Ayer me sentía con la mecha apagada. Y todo lo sufrió un repartidor de sueños o de caprichos (según se mire), que tiene conmigo una paciencia infinita.
Hoy habría sido un mal día para dejar de fumar. Menos mal que no he tenido que hacerlo…
(La Dama)
El Muro de las Mentiras
domingo, 25 de julio de 2010

He mentido. He mentido mucho. He mentido siempre. He mentido tanto que no sé distinguir la verdad de mis mentiras.
Al principio fue por necesidad, para ocultar secretos que me parecían inconfesables, pero luego se fue convirtiendo en una rutina. Si sentía hambre, decía que no lo sentía. Si estaba triste, decía que no lo estaba. Si algo me parecía bonito, decía que era horrible. No quería hacer daño a nadie, pero empezó a ser una costumbre. Cada mentira, como un efecto dominó, llevaba a otra y se convertía en un ladrillo con el que construir mi día a día. Y así empecé a poner ladrillo sobre ladrillo hasta crear un muro que me ocultaba de los demás y a los demás de mí. Para atenuar mi angustia por la tendencia irrefrenable a mentir, comencé a disfrazarme hasta transformarme en otra persona y vivir como esa persona en quien me había convertido. Mi invento me superó y había cobrado vida propia. Había creado una encantadora de serpientes y la gente se postraba a sus pies. Evitaba los espejos porque no quería que me devolvieran al pasado. Pero un día me vi reflejada en un estanque. Empecé a sentir miedo. No reconocí a la que ví sobre el agua. Lancé una piedra sobre ella y salí corriendo.
Pero no hay lugar en el mundo donde una pueda escapar de sí misma. Y la imagen de aquella mujer que no se parecía a mí me atormentaba. Y entonces decidí acabar con ella. Borré el carmín de su sonrisa falsa y fui a un acantilado para lanzar sus zapatos de tacón de aguja al mar. Quemé sus notas de papel donde apuntaba los nombres de sus víctimas. Seres a los que había destrozado el corazón y abandonado después sin contemplaciones. Y empecé a derribar el muro que había construido, ladrillo a ladrillo, como comenzó.
Y entonces dejé de mentirle a todos. Las verdades salieron de mi boca como los vientos huyendo de la caja de Pandora. No me quedó ni la Esperanza de la leyenda. Pero me sentí libre, muy libre. El lastre de años había desaparecido repentinamente junto a la hoguera que hice con mis mentiras. Y empecé a retomar mi vida anterior. Y lo más importante: dejé de mentirle a la única persona que siempre ha estado conmigo: yo misma.
(La Dama)
Terapia antiescepticismo nº:1
jueves, 8 de julio de 2010

Me levanto con las mejores intenciones de no equivocarme; trepo por las paredes hasta las cornisas vírgenes los lunes nublados para izar mi bandera pirata; echo al puchero la melancolía de los domingos y la cuezo a fuego lento; me pongo tu camisa blanca y así paso el invierno, con el álbum de recuerdos donde los dos lucíamos una sonrisa de veinte años; abro mi paraguas rojo y miro el horizonte para no convertirme en estatua de sal...
Porque a pesar de todo, necesito seguir creyendo que existe el amor perfecto y que me espera en algún lugar de este mundo...
(La Dama)
Café mezclado con dudas
martes, 29 de junio de 2010

-Me dejas demasiado tiempo para pensar y eso es malo, muy malo, para mi salud cardíaca.
-¿Y qué necesitas oír?
-Nada en especial. Me refiero a que no es bueno que tardes tanto en responder a mis mensajes y a mis llamadas. Necesito escucharte al otro lado del teléfono. Me crea seguridad. Muchas veces son llamadas de auxilio…miento…más bien: exagero para atraer de una forma pueril y estúpida tu atención. Pero necesito que me escuches. No puedo sola con mi vida.
-Vuelves a hacerlo. Temes enfrentarte a los fracasos, cuando en realidad sólo han existido en tu cabeza. La mayoría de las ocasiones no son fracasos auténticos, sólo piezas de un puzzle complejo que forma parte de tu vida como de la de cualquiera. Tienes todas las piezas y todo el tiempo del mundo y en cambio te limitas a decir que no vas a poder hacerlo tú sola. No me necesitas.
-Lo siento. ¿Ves? No sé cómo lo consigues, pero siempre acabo pidiéndote perdón. Forma parte de mi espíritu inseguro. Lo sé, siempre lo hago. Me refiero a lloriquear delante de ti, esperando que me acojas en tus brazos y me digas que no pasa nada, que todo está bien…
-Todo está bien. No pasa nada…
-No, no me sigas la corriente como si fuese tonta; no lo soy. Tampoco me lleves la contraria. Estoy hecha un lío. Me confundes, sólo con la mirada. Apenas he dicho nada y no sé que decir para que no me veas como una estúpida…
-No creo que seas estúpida. Eres insegura sí, pero no estúpida. Sólo necesitas creerte que vales de una vez por todas.
-Vaya, otra vez he caído en esa odiosa autocompasión. No, no me digas nada. Estoy mejor así: reflexionando sobre mis errores. Son demasiados. Me veo torpe e indecisa. Hace años que salí de la universidad y me sigo comportando como una estudiante que aún no tiene claro qué quiere hacer con su vida. Necesito un café.
-No te conviene tomar más café.
- No estoy segura de casi nada en mi vida, sólo sé que necesito ese café…
(La Dama)
La Luna entre las manos
martes, 15 de junio de 2010

¿Es malo querer atrapar la Luna en un cubo de agua?
Yo deseo hacerlo. Olvidarme por un instante de mi vida y subir a mi cornisa del séptimo para llenar mis pulmones de aires renovados…
Sólo sueño en voz alta y desde hace dos semanas camino a veinte centímetros del suelo.
No, no conozco a la dueña de estos deseos, porque el corazón del que salen no tiene pies capaces de pisar las margaritas que adornan el camino hacia sus sueños.
Tengo la Luna entre las manos y no sé qué hacer con ella…
(La Dama)
El Precio de los Sueños
jueves, 20 de mayo de 2010

Llevo días sin escribir, y sin subir nada a la red, que es aún más raro. He dedicado mi tiempo a reconciliarme con lo que estaba perdiendo en el camino. Tenía un agujero en el depósito de la gasolina y casi se me agota el combustible. Menos mal que me di cuenta a tiempo. Mis enemigos me enseñaron el atajo hacia mi pasado que parecía haberse quedado encerrado tras el último portazo que di en mi vida.
Demasiados cadáveres se ha cobrado esta guerra sin cuartel. Demasiado dolor que no merece más desgaste. El roce con la realidad del día a día me ha quemado las plantas de los pies y el camino es demasiado largo como para gastar tantos cartuchos en el primer asalto.
Me miro en el espejo y empiezo a reconocerme, algo mayor, eso sí, pero vuelvo a ser la misma. Me he roto y he resucitado. Recuerdo el amor perdido no como desamor, sino como una parte necesaria en mi pasado. No me siento más fuerte porque llegar hasta donde estoy y volver atrás para tomar impulso una y otra vez me ha ido puliendo las aristas y ya no sé enseñar los dientes. Ahora soy más dócil y más tolerante con mi propia actitud ante la vida. No soy mejor que antes, pero tampoco peor. Me mantengo en un delicado equilibrio para sobrevivir en la cuerda floja que cruza un acantilado. Hubo un tiempo en que mi burbuja se veía brillante y yo vivía la visión que tenía desde el interior de ella como si se tratara de la realidad. Pero vivir en burbujas tiene riesgos de que el alfiler más fino puede romperlas.
Ahora vivo en la realidad sin burbujas donde el aire duele al rozar los labios. Ha llegado el momento de recibir parte de lo que he donado a la “causa fantasma”. Nunca di tanto a cambio de nada. Y he estado demasiado cerca esta vez de caer en el abismo. Cada vez que me ocurre –acercarme al fracaso- vuelvo a revivir aquel día en clase cuando tenía once años y cambié por error dos palabras: amor y motor. Dos palabras distintas que mueven el mundo, pero aquel día destruyeron el mío. En aquel entonces, igual que ahora, lloraba sin consuelo por el tiempo invertido y perdido en crear un sueño. El precio de los sueños es demasiado alto en los tiempos que corren y tanto a los once años como cuando ya tienes eso que llaman “una cierta edad” , un sueño se puede tornar en pesadilla a la velocidad de la luz…
(La Dama)
La niña que habita en mí
martes, 20 de abril de 2010

La niña que habita en mí está triste y trata de pedirme cuentas. No sé cómo responder a sus preguntas. Ni siquiera sé por qué ya no me parezco a ella. Intenté ser fiel a sus principios –que fueron los míos en otro tiempo- y sin embargo, en alguna parte del camino empecé a desprenderme de ella, como si fuera una segunda piel. Por eso ahora llora y murmura insultos infantiles que se me clavan como pequeños alfileres en el ego, como las lanzas de los liliputienses en el cuerpo de Gulliver, que han ido creando una gotera del tamaño de un agujero negro en mi conciencia.
Y esa niña que fui, no me deja dormir. La oigo llorar por las noches. Sé que, de alguna forma, se siente traicionada. Por eso coge berrinches propios de su edad y de su inmadurez. Miento. Esa niña que fui, nunca fue inmadura. Nadie se lo permitió jamás y ahora se queja también de su infancia olvidada en algún lugar de este mundo.
Creo que ya no hay vuelta atrás. La he decepcionado y se rebela. Está haciendo una hoguera con los juguetes que tuve hace años, porque ya no le sirven para nada.
Si pudiera volver atrás, con un enorme borrador podría explicarle a esa niña que las cosas nunca son como te las cuentan de pequeña… Si me dejaran volver atrás y contarle su(mi) vida para que no cayera en los mismos errores en los que yo caí...ahora no estaría enfadada conmigo, ni triste, recogiendo los trozos de sus sueños rotos dentro de mi estómago, donde los siento como cristales…
Si alguna vez pudiera mirarla a los ojos, le diría que aquel trabajo que hizo en sexto marcó muchas actuaciones posteriores en su vida, aunque no llegará nunca a perder la ingenuidad y la confianza en la gente. Probablemente, aquella escena -que recuerda con pánico- fue un punto de inflexión en su(mi) historia.
Y si volviese atrás, trataría de decirle que valore los fracasos en la proporción que se merecen, para no eclipsar los éxitos que vivirá siempre con demasiada naturalidad.
Y si eso pudiera suceder, le pediría que intentase vivir un poco más deprisa para jugar a las muñecas al llegar a los treinta…porque si ahora se olvida de vivir, nunca podrá hacerlo después y eso evitará que tenga que mirar para otro lado cuando le pregunte la gente por sus "juguetes rotos".
Y si alguna vez fuera posible hablar con ella, le diría que el amor llegará de repente un día y desde entonces nunca volverá a estar sola. Y le confesaría que nunca ha sido fea, y que cuando comience a contemplarse en los espejos le gustará lo que ve y así empezará su leyenda…
Y trataría de pedirle que dejara de discutir con mamá, porque con los años la discusiones se olvidan -como los recuerdos- y acaban por convertir a las mariposas en luciérnagas…Intentaría explicarle que la única persona que siempre estará a su lado será papá, aunque ahora le parezca ausente, pero de eso ya se ha dado cuenta ella sola… E insistiría en que aproveche los años que tiene por delante para disfrutar de las personas que irá perdiendo poco a poco en el camino…
Y por último le diría que los niños dejan de serlo algún día porque, cuando menos lo esperan, alguien empieza a tratarlos de usted y entonces, cuando se miran en un espejo, han dejado de reconocerse y echan de menos al niño que llevan dentro…
(La Dama)
Margaritas bajo la lluvia
miércoles, 10 de febrero de 2010

"Aunque mi objetivo sea comprender el amor, y aunque sufra por culpa de las personas a las que entregue mi corazón, veo que aquellas que tocaron mi alma no consiguieron despertar mi cuerpo, y aquellos que tocaron mi cuerpo no consiguieron llegar a a mi alma"
(Paulo Coelho)
Hoy alguien me ha regalado estas palabras en el mismo orden.
En el momento propicio, la misma frase puede ser una rosa o un puñal afilado para los sentidos.
Yo, a cambio, le he regalado una margarita y una sonrisa.
Hacía meses que no tenía a mano ni una margarita, ni una sonrisa que llevarme a los labios.
Hoy era el día propicio para enterrar las dagas y lucir margaritas bajo la lluvia.
(La Dama)





