Lágrimas desordenadas

miércoles, 21 de noviembre de 2012

 




Si mi corazón aún no se viste a solas
es porque aún no ha encontrado a su medio limón
lucha en los asaltos que manda la vida
vive con cien gatos en un callejón.

Y en el horizonte de mi pecho en llamas
soy un superman que busca tu cabina
el sujeto de quien no llora no mama
una puta con horario de oficina.

Y puse tus recuerdos a remojo
y flotan porque el agua está salada
salada porque brotan de mis ojos
lágrimas desordenadas.
No pienses que estoy loco por vivir a mi manera
voy a pasarme todo el día bebiendo
y por la noche...
pegado a una botella.

Si mi corazón sigue de calavera
es porque aún no ha aprendido a disimular
cada vez que ve paseando tus caderas
se le caen las llaves al fondo del bar.

En el horizonte de mi pecho en llamas
soy un superman que busca tu cabina
el sujeto de quien no llora no mama
una puta con horario de oficina.

Y puse tus recuerdos a remojo
y flotan porque el agua está salada
salada porque brotan de mis ojos lágrimas desordenadas.
No pienses que estoy loco
por vivir a mi manera
voy a pasarme todo el día bebiendo
y por la noche...
pegado a una botella.

Y he plantado, un jardín de la alegría
para hacer más divertidos mis días
y he soñado que dormía entre tus piernas
y he dejado el sueño patas arriba.

Y puse tus recuerdos a remojo
y flotan porque el agua está salada
salada porque brotan de mis ojos
lágrimas desordenadas.
No pienses que estoy loco
por vivir a mi manera
voy a pasarme todo el día bebiendo
y por la noche...
pegado a una botella, ooh sin ti...
Y cuanto más vacía,
más alta es la verja que salto para huir.
Pegado a una botella ooh sin ti...
Y cuanto más vacía,
más alta es la verja que salto para huir.

(Melendi)

Vamos a guardar este día...

lunes, 12 de noviembre de 2012


Vamos a guardar este día
entre las horas, para siempre,
el cuarto a oscuras,
Debussy y la lluvia,
tú a mi lado, descansando de amar.
Tu cabellera en que el humo de mi cigarrillo
flotaba densamente, imantado, como una mano
acariciando.
Tu espalda como una llanura en el silencio
y el declive inmóvil de tu costado
en que trataban de levantarse,
como de un sueño, mis besos.

La atmósfera pesada
de encierro, de amor, de fatiga,
con tu corazón de virgen odiándome y odiándote.
todo ese malestar del sexo ahíto,
esa convalecencia en que nos buscaban los ojos
a través de la sombra para reconciliarnos.
Tu gesto de mujer de piedra,
última máscara en que a pesar de ti te refugiabas,
domesticabas tu soledad.
Los dos, nuevos en el alma, preguntando por qué.
Y más tarde tu mano apretando la mía,
cayéndose tu cabeza blandamente en mi pecho,
y mis dedos diciéndole no sé qué cosas a tu cuello.
Vamos a guardar este día
entre las horas para siempre.
 
(Jaime Sabines)

Agua con vino, trocitos de papel con palillos y un pellizco de pimienta con otro de sal

domingo, 7 de octubre de 2012



Sobremesa de una cena familiar en una casa rural de Cerdeña. La mesa descompuesta. Delante de mí un vaso en el que mi hija ha mezclado agua con vino, trocitos de papel con palillos y un pellizco de pimienta con otro de sal. Mi hermana y mi hijo mayor han salido a fumar, amparados por la brisa mediterránea. Me quedo con mi padre a la espera de que nos traigan la cuenta y, de repente, suelta: -Hay momentos en la vida que, si los recuerdo, me chirría el alma. Por ejemplo, el hecho de no haberme dado cuenta de la importancia que tenía para ti, cuando eras pequeña, que asistiera a tus funciones de final de curso de ballet. Nunca lo hice porque no supe entenderlo, no supe verlo.
Le sonreí. Nada más. Habría podido decirle que no pasaba nada, que no tenía importancia, pero el caso es que sí la tuvo. Y mucha. Y él lo sabe. También sabe que mi perdón está concedido antes incluso de que cometiera el pecado, por ese amor incondicional y familiar que bombean los ventrículos del corazón y reparten los glóbulos rojos. Pero sé que a veces ese perdón no nos es suficiente. Lo sé porque a mí también me pasa eso de que hay momentos en la vida que, si los recuerdo, me chirría el alma. Sí, padre, yo también tengo unos cuantos. Y, más allá de que haya obtenido el perdón o no, siguen arañando la pizarra de mis recuerdos.
Por ejemplo, el momento en el que le comuniqué al que fuera mi marido, y con quien compartía un bebé, que no le amaba. Que nos teníamos que separar. No puedo olvidar sus ojos, su boca, sus lágrimas, su incapacidad para comprender lo que le estaba diciendo. Esa sensación de estafa sentimental, la suya y la mía, en la desintegración de un proyecto que no podía tener fisuras.
Otra: mi hijo adolescente pasa por un mal momento. No sabe qué hacer. Vive con el mismo desorden con el que piensa. Lo pierde todo. Me pierde todo. Incluso un ipod con mi música que le tengo prohibido utilizar. Me compra otro con todos sus ahorros. Rechazo el regalo, enfadada. Enfadada en exceso, con el reproche poderoso del adulto. Soy incapaz de abrazarle y darle las gracias. Rompe a llorar y me dice: -No, Madre. No hagas esto. Tú no eres así. Y tenía razón, por eso es un episodio en el que no puedo ni pensar y del que me arrepiento tanto que ni el perdón es suficiente.
Otra y acabo (aunque haya muchas más por supuesto): mi abuela entra en mi cuarto por la noche, mientras yo estoy tumbada a oscuras. Se sienta en el borde de la cama y busca mi mano. La retiro y le doy la espalda. Percibo su piel áspera que me acaricia el hombro como una forma de reconciliación. Ella espera en silencio mientras yo, impasible, no le concedo ni un gesto que pueda aliviar su pena. Poco después se marcha y cierra la puerta.
Y es que al alma no le importan las razones que uno tenga -que incluso pueden ser muchas y sólidas- para reaccionar de una manera u otra, sino el dolor del otro que queda como una muesca en nuestra memoria. Por eso no hay justificación posible y los atenuantes se diluyen en el cacareo de inútiles palabras. No sé cómo se puede vivir sin ocasionar sufrimientos a quiénes amamos. Si lo supiera, a cambio, renunciaría a años de vida.
Lo único que me queda -que nos queda- es la disculpa y la aceptación del error: a los que he nombrado y a los que no, sirva un perdón sin peros. Un perdón sin más.

(Ayanta Barilli)

Para amarte

miércoles, 26 de septiembre de 2012


Para amarte necesito una razón, 
y es dificil creer que no exista una más 
que este amor...

Sobra tanto dentro de este corazón 
y a pesar de que dicen 
que los años son sabios 
todavía se siente el dolor...
¿Por qué todo el tiempo que pasé junto a ti, 
dejó heridas hoy dentro de mí? 

Y aprendí a quitarle al tiempo los segundos, 
tú me hiciste ver el cielo más profundo.
Junto a ti creo que aumenté más de tres kilos 
con tus tantos dulces besos repartidos. 
Desarrollaste mi sentido del olfato, 
y fue por ti que aprendi a querer los gatos.
Despegaste del cemento mis zapatos 
para escapar los dos volando un rato... 

Pero olvidaste una final instrucción,
porque aún no se como vivir sin tu amor... 

Y descubrí lo que significa una rosa.
Me enseñaste a decir mentiras piadosas 
para poder verte a horas no adecuadas y 
a remplazar palabras por miradas.

Y fue por ti que escribí más de cien canciones 
y hasta perdoné tus equivocaciones...
Y conocí más de mil formas de besar 
y fue por ti que descubrí lo que es amar... 
lo que es amar...

(Shakira)

Tras el vidrio

jueves, 20 de septiembre de 2012



Solo, de soledad absoluta, como absorbiendo los silencios, estoy esta mañana tras el vidrio de una ventana acerrojada. Miro sin ver un paisaje que languidece a la distancia. Árboles de pie porque no saben morir de otra manera; caminos rectos que se vuelven sinuosos al vapor de mi respiración; cielo lleno de tormentas que no se dejan ver. El frío de la habitación me invade por dentro y me recorre por fuera. Es un frío intenso, despiadado, descarnado de toda encarnadura, inhumano como todo frío que se regodea de sí. Busco un trazo de calor y no lo encuentro. Busco una mirada compasiva y sólo hay ojos cerrados. Cierro los míos y el día se diluye en una melodía opaca que me ciega. No sé si es el principio del fin o solamente el fin.

(Del blog "Pequeños relatos")

Reino Vegetal

miércoles, 13 de junio de 2012


Es probable que esté algo triste. Esta mañana me he despertado con el cuello y el hombro bloqueados. Un dolor intenso que hace que respire con cuidado y que hable menos de lo que acostumbro. Digo que es probable que esté algo triste porque cuando aparece esta molestia, siempre la misma y en el mismo lugar, suele ser un aviso. Mis tristezas las reconoce antes mi cuerpo que yo.
Para celebrarlo me meto en un avión con aire acondicionado de cámara mortuoria y vuelo hasta Italia, escapando de un fin de semana solitario en el que los fantasmas suelen anidar en mi colchón, como las hormigas en los rodapiés del salón de mi casa, y luego no hay forma de aniquilarlos. Aunque, claro, las hormigas no viajan con Ryan Air -están prohibidas como casi todo en esa compañía-  pero los fantasmas, sí. O sea que vuelo hacia Italia, bien acompañada por la cohorte de mis amigos transparentes, y me doy cuenta de aquello que ya sé: escapar de uno mismo es imposible. (Como el cuento ese terrorífico, que nunca consigo recordar, de la muerte que espera a no sé quien en no sé qué mercado oriental y ese no sé quién escapa al otro lado del mundo y es ahí donde se encuentra con la muerte, que le estaba esperando. O algo así. Detesto esa historia y por eso la olvido una y otra vez).
Después de un aterrizaje abortado, media hora más sobrevolando los alrededores del aeropuerto y el consiguiente ataque de angustia del tipoquién me manda a mí meterme en un avión,  veo que la técnica de no hacerme ni caso, siempre tan eficaz, no funciona  porque  ni siquiera la tierra que me ha visto nacer consigue calmar mis dolores. Me pregunto entonces qué me pasa, saco el spray mata fantasmas e intento no pensar en condicional. Es la forma verbal que más detesto de todas porque alimenta el victimismo y la autocompasión y encima no soluciona nada.  Pero  aparece, impasible, aburrida, repetitiva, estéril. Y suele rondar temas relacionados con el amor, o más bien con la falta de éste.
Algunos ejemplos, así por refrescar un vicio muy socorrido  y que todos nos sintamos algo hermanados en este pequeño mundo lleno de hormigas: Si mi hija adolescente se diera cuenta del maltrato constante al que me somete y de paso recogiera las bragas del suelo de su cuarto, yo sería mucho más feliz.  Si mi hijo mayor dedicara una semana, de sus tres meses de vacaciones,  a estar con su familia, yo  sería mucho más...Si  en el trabajo me felicitaran por mis esfuerzos sería mucho...Si los impresentables del banco dejaran de enviarme comunicaciones catastróficas sería...Si, si, si...Condicional. O sea, improbable. Una suposición. Un sueño.
Pero qué bonito es soñar. O sea que voy a seguir porque así, a lo tonto, noto que me voy animando:
Me gustaría -otra vez aparece el condicional- ser el centro de atención de quién me quiere durante sólo doce horas. Algunas risas. Algo rico. Algo imprevisto. Y todo pequeño, barato y fácil, como el dibujo de un niño. No pido más.
No. Mentira. Ni siquiera. Me contentaría con que me cuidaran un poquito y dejaran de plantearme problemas laborales, escolares, sentimentales, familiares, domésticos. Propios y ajenos. Simplemente que me dejaran en paz un rato y, sobre todo, que no esperaran una respuesta a nada.
Qué va. Eso sería pedir demasiado, entre otras cosas porque la naturaleza de mi trabajo me lo impide. Entonces, en mis doce horas de tregua, pido convertirme en planta de salón. Domesticada. Un ficus, por ejemplo. Para no pasar calamidades. Ni frío ni calor y mi rayito de sol todas las mañanas. Sólo necesito que me rieguen. A ser posible.
Y si no hay agua, no importa. Pasar totalmente desapercibida, tampoco está mal. Aún a riesgo de secarme.
(Ayanta Barilli)

Con las ganas

viernes, 8 de junio de 2012


Recuerdo que al llegar ni me miraste,
fui solo una más de cientos
y, sin embargo, fueron tuyos
los primeros voleteos.

Cómo no pude darme cuenta
que hay ascensores prohibidos,
que hay pecados compartidos,
y que tú estabas tan cerca.

Me disfrazo de ti.
Te disfrazas de mí.
Y jugamos a ser humanos
en esta habitación gris.

Muerdo el agua por ti.
Te deslizas por mí.
Y jugamos a ser dos gatos
que no se quieren dormir.

Mis anclajes no pararon tus instintos,
ni los tuyos, mis quejidos.
Y dejo correr mis tuercas
y que hormigas me retuerzan.

Quiero que no dejes de estrujarme
sin que yo te diga nada.
Que tus yemas sean legañas
enganchadas a mis vértices.

Me disfrazo de ti.
Te disfrazas de mí.
Y jugamos a ser humanos
en esta habitación gris.

Muerdo el agua por ti.
Te deslizas por mí.
Y jugamos a ser dos gatos
que no se quieren dormir.

No sé que acabó sucediendo,
sólo sentí dentro dardos.
Nuestra incómoda postura
se dilató en el espacio

Se me hunde el dolor en el costado,
se me nublan los recodos,
tengo sed y estoy tragando,
no quiero no estar a tu lado.

Me disfrazo de ti.
Te disfrazas de mí.
Y jugamos a ser humanos
en esta habitación gris.

Muerdo el agua por ti.
Te deslizas por mí.
Y jugamos a ser dos gatos
que no se quieren dormir.

Me moriré de ganas de decirte
que te voy a echar de menos
Y las palabras se me apartan,
me vacían las entrañas

Finjo que no sé, y que no has sabido.
Finjo que no me gusta estar contigo
Y al perderme entre mis dedos
te recuerdo sin esfuerzo

Me moriré de ganas de decirte
que te voy a echar de menos.

(Zahara)
 

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