Ella (pafuera telarañas)

miércoles, 25 de febrero de 2009



Ella se ha cansado de tirar la toalla
se va quitando poco a poco telarañas
no ha dormido esta noche pero no esta cansada
no mira ningún espejo pero se siente toda guapa

Hoy ella se ha puesto color en las pestañas
hoy le gusta su sonrisa, no se siente una extraña
hoy sueña lo que quiere sin preocuparse por nada
hoy es una mujer que se da cuenta de su alma

Hoy vas a descubrir que el mundo es sólo para ti
que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
Hoy vas a comprender
que el miedo se puede romper con un solo portazo.
Hoy vas a hacer reir
porque tus ojos se han cansado de ser llanto, de ser llanto…
Hoy vas a conseguir
reirte hasta de ti y ver que lo has logrado que…

Hoy vas a ser la mujer
que te dé la gana de ser
Hoy te vas a querer
como nadie te ha sabido querer
Hoy vas a mirar para delante
que para atrás ya te dolió bastante
una mujer valiente, una mujer sonriente
mira cómo pasa

Hoy no ha sido la mujer perfecta que esperaban
ha roto sin pudores las reglas marcadas
Hoy ha calzado tacones para hacer sonar sus pasos
Hoy sabe que su vida nunca más será un fracaso

Hoy vas a descubrir que el mundo es sólo para ti
que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
Hoy vas conquistar el cielo
sin mirar lo alto que queda del suelo...
Hoy vas a ser feliz
aunque el invierno sea frío y sea largo, y sea largo…
Hoy vas a conseguir
reirte hasta de ti y ver que lo has logrado…

Hoy vas a descubrir que el mundo es sólo para ti
que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño
Hoy vas a comprender
que el miedo se puede romper con un solo portazo.
Hoy vas a hacer reir
porque tus ojos se han cansado de ser llanto, de ser llanto…
Hoy vas a conseguir
reirte hasta de ti y ver que lo has logrado…

(Bebe)

Palabras de amor

lunes, 23 de febrero de 2009



Él caminaba entre los pasillos abarrotados de gente de una librería del centro. Pasó sus manos sobre el lomo de los libros, como si las yemas de sus dedos fueran capaces de sentir qué necesitaba leer. Una mujer dormida descansaba entre libros despiertos; él posó una mano en su espalda . Sin saberlo siquiera la suavidad de esa piel se le coló en el cuerpo y guiado por el impulso compró un libro que jamás había escuchado nombrar.
Lo recibió la soledad de su casa en penumbras. Se acercó a la mesa y abrió el libro. La primera página trajo a sus ojos la certeza de tenerla cerca, y conoció con sólo seis palabras lo que había buscado toda una vida sin lograr encontrarlo.
Al otro lado de la página, la mujer dormida dudaba en despertar. Sintió correr por su cuerpo hecho de letras el calor de unas manos. Se le erizó la piel, el cuerpo se volvió agua y las piernas ganas de huir. Los ojos que la miraban sin ser vista le mostraban la certeza de otro mundo posible. Pero no hoy, no a ella. Ella no era piel, ni carne, ella no era pelo oscuro, ni hoyuelos en la mejilla; ella sólo era un sueño ajeno volcado en papel para reproducir, por fin, otros sueños. Ignacio la sentía en los dedos al pasar las páginas, en el olor agridulce de la tinta recién impresa, en el dolor de sus ojos con cada palabra.
Las horas en el trabajo, cerca de los números y lejos de ella, se le tornaban cada vez más eternas, como si el tiempo fuese capaz de estirarse siempre un poco más. Se acostumbró a volver a casa, a su compañía de palabras, pero cada nuevo acercamiento anunciaba el final. Una tarde, cada vez más cercana, el libro se terminaría y ella volvería a dormir en él, lejos de sus besos de cristal, de sus abrazos en la noche, lejos del sudor de sus labios.
Ella aún dormía aunque peleaba cada instante por despertar, por vencer el designio de su dios escritor y salir a su encuentro. Soñaba poder encontrarse con esa alma que se consumía con cada nueva llama, con el desperdicio de caricias al viento.Algo la retenía. Quizás el miedo de no sentirse digna a su lado, el miedo a ser sólo un cúmulo de letras, de no ser capaz de ofrecerle nada más.
Un día llegó en que el tiempo ya no pudo extenderse. Sólo quedaban cinco páginas y las saborearon juntos. Disfrutaron cada palabra como el que néctar de esa fruta que jamás comerían, bebieron a la distancia la humedad de los labios ajenos, se llenaron de luces y de sombras , de sueños heridos. Por fin, él se reclinó en su silla de siempre y leyó en voz alta las última palabras de un amor condenado:
“Y al roce de los cuerpos la llama que arde dejará, por fin, de consumirlo todo para lograr entibiar sus almas.”

Ignacio dejó el libro abierto sobre la mesa, finalmente, el eco de las palabras se volvió volutas de humo y lo cubrió todo.

(Nadina Tahuil)

Aunque no sea conmigo

sábado, 21 de febrero de 2009



A placer, puedes tomarte el tiempo necesario
Que por mi parte yo estaré esperando
El día en que te decidas a volver
Y ser feliz como antes fuimos.

Sé muy bien,
Que como yo, estarás sufriendo a diario
La soledad de dos amantes que al dejarse
Están luchando cada quien
Por no encontrarse...

Y no es por eso
Que haya dejado de quererte un solo día
Estoy contigo aunque estés lejos de mi vida
Por tu felicidad a costa de la mía.

Pero si ahora tienes,
Tan solo la mitad del gran amor que aún te tengo
Puedes jurar que al que te quiere lo bendigo
Quiero que seas feliz,
Aunque no sea conmigo...

(Santiago "Chago" Díaz)

Carnaval


Ella se llamaba Alicia, su sonrisa era una mañana que se suicidaba, hacía teatro en un reducto de la Reforma Luterana, hija de padres actores, confiaba en que algún día encontraría un árbol, una cama, un vehículo mejor, unos adornos de porcelana, una posición social y una casa con un marido adentro. Pero aún era muy joven y el camino por recorrer era de distancia y tiempo, distancia de los sueños y tiempo de carnaval.

El se llamaba Alberto, hace apenas unos meses era estrella de Rock en su colonia, o al menos eso pensaban los vecinos que le soportaban hasta altas horas. Había abandonado el glam de fin de los ochentas para hacerse de una carrera universitaria y procurarse un futuro mejor, no creía mucho en las ventas así que optó por una materia social, amigo de los amigos, odiaba a las comparsas y a los borregos, aunque no era nuevo en cuestiones de amores se podría decir que nunca había estado enamorado, al menos no hasta ahora.

Corrían los días de fines de alguna guerra, de exámenes de admisión, las viejas tendencias rigoristas de las preparatorias habían de ser sustituidas por el sutil sistema de filtros de las universidades públicas. El automóvil era ya un medio de transporte de uso común entre los estudiantes que en la mayoría de los casos estrenaban barbas, tetas y ridiculúm vitae. Todo era novedoso salvo ese melancólico color gris ratón de las jaulas escolares. Había lo suficiente para saber que se trataba de una escuela, estaba “Supermena”, el diputado rabo verde, “Chuchito” el afónico, “El Santo” y sus camisas plateadas, “El Contador de Historias”, el buen Vallado y sus pitadas de humo a las siete de la mañana; sin olvidar, claro, a “La Chichí”, El Doctor Muerte y al director comodín, entre otros grandes de la burocracia de la autonomía estatal. Tampoco podían faltar los próceres estudiantiles, las gentiles secretarias y los vigilantes del estacionamiento, siempre quejándose del sueldo y de los compañeros que poco o ningún caso les hacían.Esa mañana estábamos en plena campaña estudiantil, había refrescos, música, vientos de cambio y paleros por doquier. Un aire fresco se respiraba en aquel edificio.

Enfrente estaba ella. Un lobo sabe cuando es el momento, ni antes ni después sino justo a tiempo. El clavó su mirada en aquel deseo encarnado y la llevó a caminar por el bosque encantado, contándole cuentos, mintiéndole de verdad, le cantó “la ternura” y “supongamos”, estaban lejos los días de “calaveras” y “malas compañías”.

Alicia no había cumplido los diecinueve y Alberto tampoco los veinte; para él, ella era un espejo, para ella, él era un remolino de viento.A menudo se contaban los secretos, se reían del tiempo, se sonsacaban, se escapaban de clase o más bien no asistían al colegio, se tocaron, se sintieron, se hicieron… ¿cómo decirles? familiares.

A los seis meses, durante las fiestas del carnaval, conocieron el sexo con cariño y deseo a las puertas de una reserva ecológica, en el interior de un Volkswaguen. A los dos días fue en un parque; a los tres, en una aguada; a los cuatro, conocieron una cama. Los ángeles rodeaban con sus brazos el cuello, que era uno sólo, de la singular pareja. Los astros se alinearon, y el mundo vivía una hermosa tregua o al menos, eso parecía.Alicia y Alberto escribían sin ninguna prisa el cuento de las mil y una noches, a veces con tinta de lágrimas, con vino tinto, con un churro, o con todo junto; y aunque por supuesto que hubo sus desengaños, sus panes glaseados con hiel, nada podía con ellos, simplemente no pensaban en eso, en sus vidas no existía lugar para la desgracia; las comedias de Hollywood siempre con final feliz, hacían su eficaz trabajo de dopar al desamor.Alicia se enamoró primero de Alberto -mujer al fin, siempre un paso adelante en las cosas del querer-. Alberto dejó que ella entrara en su corazón, en su casa, en su tiempo. Ella se hizo amiga de los amigos, cómplice de los padres; ambos se mintieron de verdad o la verdad, nunca se mintieron. El amor y el desamor, usted verá, son cuestiones de tiempo.Será difícil contar lo que sucedió después.

Comenzaré diciendo que transcurrieron los días, que pronto fueron meses y luego años. El descuido, la inseguridad, las parrandas, las infidelidades… fueron haciendo, sin saberlo, su nicho en aquel cielo. Cada vez más cerca se escuchaban los perros ladrándole al tiempo, perros negros y feos, perros con caras de amigos, de esos que te visitan para ver que ocurre con la gastritis, que te ofrecen empleos, que ofrecen los cielos, perros que te lamen los güevos, perros con dueños, dueños del tiempo: Iscariote, Bruto, Maquiavelo, Rasputin, de Santana y Smith, arremetían el puñal de la desolación por las espaldas de Sócrates, Marx, Hegel, Hesse, Sartre, Hemingway y Silvio, comenzaba el destierro.Se habían terminado para siempre las clases; los amigos se ponían muy serios, tal vez por el hambre, tal vez por la seriedad que exige engañar, mentir y cometer cohecho, tal vez por que sabían que todo lo aprendido iba a servir para vender más miedo.Alberto y Alicia eran de pronto dos desempleados que se unían a la cifra de los cuarenta millones que hay en nuestro país. Alicia no estaba dispuesta a vivir desvelos, desde pequeña sabía que su lugar era el cielo y Alberto divagaba sin despegarse de la tierra.Ella cruzaba los veintitrés y él ya los veinticuatro. Sus corazones, al igual que los de la mayoría, se endurecieron por miedo al rechazo, por miedo al tiempo que para esas horas ya jugaba su papel. Él como pudo se sacó un as de la manga y buscó empleo, pero lejos de Alicia, de su Alicia, de los amigos, lejos de un consejo. Alberto le dio un largo beso y le dijo: “Te quiero, no diré más…” Y se marchó con la esperanza y el miedo.

Al llegar a su destino, Alberto creyó que este había sido el fin de aquella historia.Alicia se quedó sola; en todos esos años no habían tenido una separación como esta. Se desesperó, no sabía cuanto la amaba Alberto, cuanto se le extrañaba en aquel puerto. Alicia no aguanto más, a los tres meses hizo un esfuerzo extraordinario y logró conseguir empleo en la misma ciudad que Alberto.Ahora ambos tienen un empleo. Están solos en una ciudad desconocida, ganan buen dinero y viven juntos, pero no se ven, Alberto trabaja en un empleo holgado, pero Alicia sale muy temprano y regresa de madrugada. Alberto se había acostumbrado a estar solo y beber casi a diario, patéticamente recordando a Penélope, cuánta ironía. Alicia encontraba a Alberto borracho y durmiendo cuando llegaba en la madrugada; él se despertaba y hacían el amor mientras Alicia lloraba. Esto llenaba de tristeza a Alberto, quien no podía entender aquella situación; se sentía desvalido, pero su cabeza aún estaba en los bares y las meseras. La telaraña se estaba tejiendo.

Uno tras otro transcurren los días. Alicia argumenta una visita de sus padres y se cambia de departamento. Del cuarto de Alberto se esfumó el olor a las prendas de Alicia, a su cabello, a sus lágrimas, a su sexo. Alberto no soporta más y un martes trece de carnaval, después de comerse una última mesera, se despide de todo aquello y va a buscar a Alicia para pedirle que se case con él, que lo rescate con su dulzura del infierno.Eran casi las seis de la mañana, el sol comenzaba a iluminar los pecados de la gran ciudad.

Ese día Alberto corrió descalzo hacia el departamento de Alicia, en la puerta de este, quedaban los últimos testigos mudos del carnaval. Al cruzar la puerta un leve mareo tambaleó a Alberto; de la sala a la recamara caminó por la noche del fin de los tiempos. Adentro, Alicia dormía desnuda en los brazos de alguien que no era Alberto. Alberto nunca encontró palabras.El se hundió en un mar de tristezas, no había nada que hacer, ni siquiera Alicia consiguió sacarlo del mal sueño, del letargo, de la duda…

Durante un año se siguieron viendo, pero aquello eran los pedazos de un muerto. Un día Alicia le explicó a Alberto que los seres humanos son reciclables. Alberto entendió sin conceder a lo que se refería Alicia, así que un día se soltaron las amarras y nunca regresaron a aquel puerto.Alicia continuó sus clases de actuación en el reducto de la Reforma Luterana; esta vez se ganó el premio: encontró un árbol, una cama, un vehículo mejor, unos adornos de porcelana, una posición social y una casa con un marido adentro; aprendió a poner los cuernos, ya no asiste a los carnavales por temor de encontrarse con Alberto.

Alberto caza “Justines” perdidas, definitivamente no es estrella de Rock; escribe poesía explosiva, duerme de día, sueña de noche; aprendió sin querer a conocerse a sí mismo; siguen sin gustarle las comparsas y los borregos, ya no es nuevo en cuestiones de amor y desamor, sabe bien que algún día se encontrará con Alicia en algún carnaval.

Y vivieron felices para siempre.

(Winston Tamayo, "Historias del desvelo. El amor después del amor")

Gotas de Vida

viernes, 20 de febrero de 2009



Con la lluvia como abrigo,
En la inmensidad del mar,
Vas rozando con tus alas,
La quietud de una mirada.

En la tristeza de una noche,
De locuras, de derroches,
Nace el viento de un lamento,
Maniobrando descontento.

Gotas de vida irán,
Danzando por tu piel,
Sin un momento cruel,
Tibias igual que ayer.

Con estelas de añoranzas,
Pintas sueños de cristal,
Fabricando un manantial,
De ternura y esperanzas.

Una mañana de abril,
Dibujó en tu perfil,
La quietud de una sonrisa,
Pasajera de la brisa.

Gotas de vida irán,
Danzando por tu piel,
Sin un momento cruel,
Tibias igual que ayer.

Y una mañana el Sol,
Te dijo… “ven aquí,
No llores sin razón,
Ven, estoy aquí.
Que tu rojizo paragüero,
No tendrá más agujeros,
Sólo el callado y llevadero,
De un dulce abrazo sincero”.

Gotas de vida irán,
Danzando por tu piel,
Sin un momento cruel,
Tibias igual que ayer.

(Miguel Ángel Cordones)

PD: Sueño cumplido.
Nota mental: "Tachar de la lista:
-Conseguir que alguien me haga una canción"

Alimaña

jueves, 19 de febrero de 2009



Arteria tuneada a golpe de alcohol,
Inmisericorde radiante de salvaje promiscuidad,
Sanguinaria rata que mata y ni siquiera se delata,
Raquítica y deforme especie de gallinácea endiosada.

Cuando lo seguro ya no tiene misterio,
Cuando el volar de tus alas es amparada por el techo,
Cuando tu negocio de ocio se transforma en cariño honesto,
Cuando todos te desean lo mejor y tú les vomitas encima…

No esperes cantos de dulces y emotivas sirenas,
Ni esperes que el dios del vatio te insufle oraciones reflexivas,
Ni siquiera pienses que algún día, en algún lugar, tú serás un hombre…

Porque los días de tristes lamentos han pasado,
Las noches de profundo sufrir se han apagado,
Ahora es el momento de lanzar un grito al aire,
Y decir sin temor…

Vamos, venid...
Que el río de sangre que habéis creado sea,
En última instancia,
El discurrir final de vuestras vidas.

No más salones vacíos de poder,
No más salvación, no más reducción,
No más decisiones amparadas en legislaturas anacrónicas.

Que la alimaña se destruya a sí misma sin más futuro que el pútrido aroma de cuatro paredes húmedas y descoloridas.
Que las almas de esos desalmados sean colgadas a las puertas de su propio infierno.
Para que todos puedan leer:

“Aquí yacen almas que pudieron ser y decidieron no ser.”

(Miguel Ángel Cordones)

Nota: Marta del Castillo, sin quererlo,se ha convertido en un símbolo en estos últimos días. Desde el respeto, el silencio y la indignacion este es un mensaje para ella y para todos. Porque el mundo no es peor por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa. Todos somos de alguna manera Marta. Todos tenemos algo de ella y a todos nos han robado un trozo de vida. D.E.P. y que la Justicia haga el resto.

Sólo tú

lunes, 16 de febrero de 2009



Detrás de los latidos secos que deja el reloj,
detrás de esta sonrisa a media asta y sin color,
detrás de los amigos y del humo a contra luz,
detrás de los espejos y las sombras estas tú...

Detrás de las pisadas de los que vienen y van,
detrás de un calendario que adelanta marcha atrás,
detrás de cada foto de su cara y de su cruz,
detrás de la prisión de mis nocturnos estás tú...

Y por más que me digo mil veces
que debo seguir y vivir,
y por más que reniego tu nombre,
no puedo librarme de ti.

Por que estás en las canciones,
en las costuras de mi cuerpo, en los colores
en otros labios y otros besos, en poemas
que me recuerdan que no estás,
en los silencios que de noche gritan en mi soledad.
En las mañanas, siempre desnuda de tu olor
en las ventanas, cerradas a este corazón
en estas alas, que ya no vuelan hacia el sur;
detrás de todo, detrás no hay nada más que tú...

Detrás de cada esquina de esta fría y gran ciudad,
detrás de ese teléfono que se olvidó de hablar,
detrás de las tormentas de la calma y la quietud,
detrás de otro gesto y otras voces estas tú...

Detrás de cada abrazo que hace despertar mi piel,
detrás de cada carta que escribí y que quemé,
detrás del negro cielo, el blanco invierno,el mar azul,
detrás de cada día y cada noche ahi estas tú.

Y por más que me digo mil veces
que debo seguir y vivir,
y por más que reniego tu nombre,
no puedo librarme de ti.

Por que estás en las canciones,
en las costuras de mi cuerpo en los colores,
en otros labios y otros besos,en poemas
que me recuerdan que no estás,
en los silencios que de noche gritan en mi soledad.
En las mañanas, siempre desnuda de tu olor
en las ventanas, cerradas a este corazón
en estas alas, que ya no vuelan hacia el sur
detrás de todo, detrás no hay nada más que tú,
detrás de todo no queda nada, sólo tú
sólo tú, sólo tú...

(Pastora Soler)
 

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