Como Peces de Ciudad

viernes, 31 de octubre de 2008



"Me muevo suavemente hacia delante por el suave y hermoso mundo inexplorado submarino. Floto en el silencio, acorde con el sonido de mi respiración.

Por encima nada, solo una luz brillante, el lugar de donde vengo y al que regresaré cuando acabe aqui. Soy submarinista. Practico el submarinismo.

Bajo un poco más y veo rocas arrugadas y algas oscuras hacia un profundo azul donde me espera un banco de peces plateados. Al atravesar el agua las burbujas estallan, como pequeñas medusas intentando subir.

Compruebo el oxígeno. No me da tiempo a verlo todo, y por eso es algo tan especial."


(De: "Un puente hacia Terabithia")

El Inventor

miércoles, 29 de octubre de 2008



Tras muchos años de esfuerzos, un inventor descubrió el arte de hacer fuego. Tomó consigo sus instrumentos y se fue a las nevadas regiones del Norte, donde inició a una tribu en el mencionado arte y en sus ventajas.

La gente quedó tan encantada con semejante novedad que ni siquiera se le ocurrió dar las gracias al inventor, el cual desapareció de allí un buen día sin que nadie se percatara. Como era uno de esos pocos seres humanos dotados de grandeza de ánimo, no deseaba ser recordado ni que le rindieran honores; lo único que buscaba era la satisfacción de saber que alguien se había beneficiado de su descubrimiento.

La siguiente tribu a la que llegó se mostró tan deseosa de aprender como la primera. Pero sus sacerdotes, celosos de la influencia de aquel extraño, lo asesinaron y, para acallar cualquier sospecha, entronizaron un retrato del Gran inventor en el altar mayor del templo, creando una liturgia para borrar su nombre y mantener viva su memoria y teniendo gran cuidado de que no se alterara ni se omitiera una sola rúbrica de la mencionada liturgia.

Los instrumentos para hacer fuego fueron cuidadosamente guardados en un cofre, y se hizo correr el rumor de que curaban de sus dolencias a todo aquel que pusieran sus manos sobre ellos con fe.

El propio Sumo Sacerdote se encargó de escribir una Vida del Inventor, la cual se convirtió en el Libro Sagrado, que presentaba su amorosa bondad como un ejemplo a imitar por todos, encomiaba sus gloriosas obras y hacía de su naturaleza sobrehumana un artículo de fe.

Los sacerdotes se aseguraban de que el Libro fuera transmitido a las generaciones futuras, mientras ellos se reservaban el poder de interpretar el sentido de sus palabras y el significado de su sagrada vida y muerte, castigando inexorablemente con la muerte o la excomunión a cualquiera que se desviara de la doctrina por ellos establecida.

Y la gente, atrapada de lleno en toda una red de deberes religiosos, olvidó por completo el arte de hacer fuego.


(De la web)

Los Ladrones de Sombras

martes, 28 de octubre de 2008



Cuentan que hubo unos dioses que tuvieron un terrible despiste al crear su mundo. Lo dotaron de todos los detalles, estaba a la última, y crearon los seres a su imagen y semejanza salvo por un pequeño detalle: la sombra. Tenían prisa por terminar y cuando hicieron el recuento de seres y sombras no hicieron bien el cálculo y pusieron una sombra menos en su mundo. Así condenaron a uno de sus habitantes a vivir sin sombra. Ese habitante crecía y vivía marginado, hasta que, con astucia, lograba robarle la sombra a otro de los seres, que pasaba a ser entonces el apestado, "el sinsombra". Hubo en su historia insignes sin sombra, que pese a su marginalidad, lograron grandes cosas, incluso los hubo luchadores que reivindicaron la condición del sinsombra. Pero todos, hasta el mayor luchador, albergaba en su alma la esperanza de robarle la sombra a otro. Así ocurrió hasta el comienzo de los nuevos tiempos. Un joven despistado, enamoradizo y soñador leía en un parque. Su sombra se prolongaba por el césped hasta un riachuelo artificial. El sinsombra se acercó sigilosamente y se la robó sin piedad. Sólo cuando escuchó la risa del que había sido el sinsombra hasta entonces se dio cuenta de su desgracia. Caminó largas horas y sintió la mirada y el dedo inquisidor de sus iguales. Por dentro se le comía el deseo de robar otra sombra, de volver al plano de los que existen. Pero no podía. Durante meses se negó a salir de su habitación. Su madre le advertía que iba a quererlo igual, pero cuando salía no podía evitar la repulsión y la pena de verlo sin ella. Fue entonces cuando se decidió. Una noche oscura y tormentosa, como no podía ser de otra forma, salió decidio a robar una sombra y volver a ser el que era. Se escondió en una esquina y esperó, y esperó, hasta que se acercó una tierna figura de mujer. No se fijó en sus largas piernas, en sus brazos dulces de leche y chocolate, en su larga melena, en sus ojos color zafiro. Tan sólo miró la sombra, a la que acechaba con ansia. Cuando pasó a su lado se lanzó sobre ella, pero calculó mal y en lugar de abrazar la sombra lo que hizo fue abrazarla a ella. Se asustaron y cuando el miedo les permitió recuperarse se miraron a los ojos. Suspiraron, algo por dentro se había colado, algo extraño y maravilloso. Cuando se fundieron en un largo beso no se dieron cuenta de que los dos formaban una única sombra. Así fue como en aquel mundo los hombres, aquella pareja de enamorados, solucionaron el despiste de los dioses.

(Del blog: El Trastero de la Imaginación)

Almas Gemelas



Y separó el Dios de los dioses un alma de sí mismo y la hizo bella.
Y le dio una copa de alegría y le dijo:
"No beberás de esta copa sino cuando hayas olvidado el pasado y te hayas desinteresado del futuro".
Y le entregó una copa de tristeza, y le dijo:
"Beberás de esta copa para que puedas apreciar la dicha de la vida".
Y puso en ella el amor que la abandona ante el primer suspiro de conformidad,y una dulzura que desaparece ante la primera palabra de orgullo.
Y del cielo hizo bajar sobre ella el conocimiento para que la orientase hacia el camino de la verdad.Y en sus profundidades puso una visión capaz de ver lo invisible.Y creó en ella sentimientos que fluyen con las imágenes de la imaginación,y que corren con los fantasmas.
Y la vistió con un traje que los ángeles tejieron de las ondulaciones del arco iris. Y luego puso en ella la oscuridad de la duda, que es la sombra de la luz.
Y tomó un fuego del volcán de la ira, y vientos del desierto de la ignorancia,y arenas de las riberas del mar del egoísmo, y tierra hollada por los pies de los siglos, y amasó el hombre.
Y le dio una fuerza ciega que explota en la locura y se calma ante los deseos. Y le dio la vida que es la sombra de la muerte.
Y el Dios de los dioses sonrió entonces y lloró, y sintió un amor sin fin ni limites,e hizo la unión del hombre con su alma.

(Khalil Gibrán)

Amor

lunes, 27 de octubre de 2008



AMOR I

A ella le gusta el amor. A mí no. A mí me gusta ella, incluido, claro está, su gusto por el amor. Yo no le doy amor. Le doy pasión envuelta en palabras, muchas palabras. Ella se engaña, cree que es amor y le gusta; ama al impostor que hay en mí. Yo no la amo y no me engaño con apariencias, no la amo a ella. Lo nuestro es algo muy corriente: dos que perseveran juntos por obra de un sentimiento equívoco y de otro equivocado. Somos felices.


AMOR II

Pretende que yo estoy enamorada del amor y que a él sólo le interesa el sexo. Dejo que lo crea. Cuando su cuerpo me estremece, lo atribuye a sus muchas palabras. Cuando mi cuerpo lo estremece, lo atribuye a su propio ardor. Pero me ama. Y no lo saco de su engaño porque lo amo. Sé muy bien que seremos felices lo que dure su fe en que no nos amamos.

(Raúl Brasca)

Aurora

domingo, 26 de octubre de 2008




Cuando en las noches pálidas de luna
Cerca de tu ventana -una por una-
Me cuentas tus hermosas ilusiones,
Cuando de tu mirada soñadora
El rayo como lumbre de una aurora
Ahuyenta mis enjambres de visiones;
Cuando reclinas blanda la cabeza
En mi hombro y disipas mi tristeza
y me acompañas en mis locos sueños,
Cuando de la ventura en el exceso
Sellas mi dicha con ardiente beso
De tus labios rosados y risueños-
Entonces como el náufrago -que asido
De una frágil tablilla- va perdido
Y recuerda la plácida ribera
Mientras la oscura noche negra y fría
Y la inmensa extensión muda y sombría
Y el tempestuoso mar halla doquiera
Y que ve serenarse el horizonte
y destacarse el azulado monte
Sobre la claridad de áureo celaje
Y aparecer -en vaga lontananza
Lleno de luz de vida y de bonanza-
Primaveral, bellísimo paisaje,
Entre las sombras de la vida mía
Se levanta la luz de un nuevo día
Sin albor ni crepúsculo indeciso...
En la mirada de tus negros ojos,
En el aliento de tus labios rojos,
¿Quién no sabrá forjarse un paraíso?

(José Asunción Silva)

En tu Jardín Secreto

viernes, 24 de octubre de 2008




En tu jardín secreto hay mercenarias
dulzuras, ávidas proclamaciones,
crueldades con sutiles corazones,
hay ladrones, sirenas legendarias.

Hay bondades en tu aire, solitarias
multiplican arcanas perfecciones.
Se ahondan en angostos callejones,
tus árboles con ramas arbitrarias.

Alguna vez oí el chirrido frío
de un portón que al cerrarse me dejaba
prisionera, perdida, siempre esclava

de tu felicidad que junto a un río
bajaba entre las frondas a un abismo
de intermitente luz, con tu exorcismo.

(Silvina Ocampo)
 

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