París bajo la misma lluvia

jueves, 9 de febrero de 2017

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Hay un enchufe en la habitación que uso como biblioteca que está roto, y no es por casualidad. Me siento culpable. Yo he sido la causante de semejante estropicio por mi afán de colocar justo en la pared donde está el enchufe un par de cuadros a juego donde se ven dos escenas diferentes de una pareja en un café de París. Los cuadros están situados en una línea recta - o no tanto- entre la pared y la única ventana que da a la calle. Cuando vives en un piso alto, cualquier resquicio de aire se convierte en un pequeño tornado que arrasa a su paso todo lo que encuentra. Ni que decir tiene que al no pesar apenas nada, la escasa brisa que entra desplaza como si fueran un par de plumas los dos cuadros, haciendo que se suiciden una vez tras otra contra el malogrado enchufe de pared. En uno de los cuadros la pareja camina a unos metros del café, dejando atrás sobre la mesa dos copas medio vacías y una botella de vino, y en la imagen, vista a través del cristal de la cafetería, caminan de espaldas al cuadro alejándose del cristal en el que se lee el nombre del local en sentido inverso. En el otro cuadro, el que se desprende constantemente de la pared y se precipita sobre el enchufe hecho trizas, la pareja se susurra algo al oído en un acto de complicidad que sólo ellos comparten. En ambas escenas está lloviendo.

Me recuerda un poco a ti y a mí, cuando quedábamos en aquella cafetería donde a menudo compartíamos complicidad y café en alguna que otra sobremesa. Al igual que lo nuestro ya es historia, el cuadro intenta lanzarse una y otra vez desde el metro ochenta que lo separa del suelo, como si la suerte, el azar o la brisa intentaran hacer que me desprenda de los recuerdos que convirtieron aquel “¿y si lo intentamos…?” en un “nosotros”.

El cuadro de la pareja compartiendo susurros en un café de París se ha caído mil veces y otras tantas lo he vuelto a colocar en su sitio desafiando con mi testarudez el paso del tiempo, el clima del sitio en el que sobrevivo sin ti y chorrocientas leyes físicas con tal de tenerte aún a mi lado. Pero aunque siga sobreestimando el poder de los cuelga-fácil de mis cuadros e ignorando las leyes de Newton, tú ya no estás y eso duele en mi enchufe cardíaco, sin mencionar a mi interruptor mental que no quiere apagarte. Sin embargo sé que no hay remedio. Que tengo que pasar página. Que tengo que aprender que ya no hay vuelta atrás, que te has ido sí, que te has ido y esta vez es para siempre…  
Cualquier día abro la ventana y dejo entrar el tornado completo o, en un arrebato, lanzo al vacío los cuadros que tú y yo ya nunca protagonizaremos ni en París ni en ningún sitio… hasta entonces, no me resigno y cada vez que se cae, en un ritual en tu nombre y por las cenizas de lo que fuimos, vuelvo a colgar el cuadro y pienso… "qué bonito fue aquel tiempo en el que tú y yo mirábamos París bajo la misma lluvia".    

(La Dama)

La chica del pelo rojo

martes, 7 de febrero de 2017

Su melena cubría toda la almohada, era irreal, flotaba sobre ella como si alguien la hubiese colocado así a propósito, ¿cómo puede algo ser tan hermoso? El capricho de las sábanas esquivas hacía intuir las líneas de su cuerpo desnudo. Mostraban tan sólo lo necesario para sentir como un regalo ese momento previo a que despertase.

Esa fue la primera vez que estuvimos juntos, desde entonces nunca pude olvidar el recuerdo de ese pelo rojo en contraste con su blanca piel, el misterio de esos labios perfectos que conservaban el carmín de la noche anterior y parecían inmunes a mis besos; como si durmiesen en la pureza de un sueño que yo no era capaz de manchar.

Los pómulos de la chica del pelo rojo son dos manzanas de las que nunca te ves saciado, ella lo sabe y se aprovecha de ello para pedirme cosas. ¿Quién no querría mordisquear esos pómulos eternamente?

Una cosa que me gusta de la chica del pelo rojo es que ella me besa los ojos, es extraño, nadie me había besado los ojos, a ella le gustan y cuando hacemos el amor me los besa. Y lo hace despacio, poniendo todo su ser en ello, como si besarme los ojos fuera la mayor prueba de amor.

A la chica del pelo rojo yo ya la conocía de mucho antes, pero entonces no la comprendía. Tenía una mezcla extraña de locura y sensualidad, algo especial que confieso, me daba miedo. La chica del pelo rojo es un animal salvaje, no es como las demás chicas, tiene la belleza de un ser libre e inexplorado. Yo la contemplaba como algo hermoso pero que nunca estás seguro de si te va a devorar. Fue por ello que la primera vez que me acerqué a ella sentí que todavía no era nuestro momento. El destino dictaba que antes yo tenía que encontrar el animal que yacía dormido en mi interior; para poder comprenderla y devorarnos mutuamente, para dejar que me besase los ojos, para que posase su pelo sobre mi almohada y escuchar como dice "te quiero". Yo también te quiero.


(David Fouler.)

La chica escondida tras el paraguas rojo

sábado, 4 de febrero de 2017


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Hace muchos años empecé a escribir un blog. Antes había escrito tan sólo para mí, pero de alguna manera necesita escribir para vosotros y así empezó mi personaje. 
Al principio era la chica rara que vivía en su propio mundo “La chica del planeta rojo”, porque en muchos aspectos me consideraba un poco... ¿marciana?. 
Después, cuando dejé de ser la única habitante de mi mundo y mi planeta comenzó a crecer y a llenarse de gente, por eso me refugié bajo un precioso paraguas que me permitía seguir siendo quien era y observar a todos oculta tras él. Así es como nació “La chica del paraguas rojo”. 
Y duró muchos años aquel paraguas, hasta que un día sentí el vértigo de dejar de ser quien era. Me convertí casi sin querer en alguien que empezaba a no ser yo. Cada vez tenía más seguidores y comenzaban a pedir más detalles. Querían saber algo más sobre aquella misteriosa chica que escribía desde algún lugar del mundo y se ocultaba tras un paraguas. 
Cambié el color de mi pelo y abandoné mi querido paraguas. De aquella nueva huída hacia delante surgió “La chica del pelo rojo”. 
Entre la chica que vivía como El Principito, sola en su mundo al cuidado de su rosa, y la chica que soy ahora, han pasado casi trece años. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Pilares muy importantes de historia han desaparecido y he tenido nuevos inquilinos en el corazón. La última crisis cardíaca ha sido devastadora, pero creedme cuando os digo que mereció la pena. 
Una cosa sigue igual: sigo sintiendo la misma necesidad de siempre, la de abrir mi corazón y contar mi historia a mis queridos e incondicionales desconocidos. 
Gracias por seguir ahí, por comentar mis escritos, por dar señales de vida inteligente al otro lado de la pantalla y por darle vida a mi vida.   

(La Dama de Abril)


PD: Especialmente dedicado a FerLo.   

Poema del amor ajeno

lunes, 16 de enero de 2017

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Puedes irte y no importa, pues te quedas conmigo
como queda un perfume donde había una flor.
Tú sabes que te quiero, pero no te lo digo;
y yo sé que eres mía, sin ser mío tu amor.
La vida nos acerca y la vez nos separa,
como el día y la noche en el amanecer...
Mi corazón sediento ansía tu agua clara,
pero es un agua ajena que no debo beber...
Por eso puedes irte, porque, aunque no te sigo,
nunca te vas del todo, como una cicatriz;
y mi alma es como un surco cuando se corta el trigo,
pues al perder la espiga retiene la raíz.
Tu amor es como un río, que parece más hondo,
inexplicablemente, cuando el agua se va.
Y yo estoy en la orilla, pero mirando al fondo,
pues tu amor y la muerte tienen un más allá.
Para un deseo así, toda la vida es poca;
toda la vida es poca para un ensueño así...
Pensando en ti, esta noche, yo besaré otra boca;
y tú estarás con otro... ¡pero pensando en mí!

(José Ángel Buesa)

Extra Vagancia


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"Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo."

 (Anäïs Nin)

El amor empieza

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El amor empieza cuando se rompen los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta
pero tampoco sobra la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o alta,
se agacha hasta la sangre.

El amor empieza cuando Dios termina
Y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier parte.

El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.

(Roberto Juarroz)

Sólo dame una razón

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Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón hecho añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase.
El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada.
Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo que será el poema más bonito -pero también el más jodido de escribir- cuando todo se apague.
Tienes que ser un jodido héroe para ser capaz de salvar la sonrisa de alguien cuando esté naufragando en lágrimas y todo su mundo se haya reducido a un mar de donde no hay posibilidad de rescate, pero llegues tú y le digas: Mira, no sé si irá todo bien, pero si te ahogas, te prometo que lo haremos juntos.Imbécil es lo que eres si cedes tu canción favorita pensando en esa persona, porque luego cuando la escuches toda partitura, palabra, sílaba y sonido será un recuerdo llamando a tu puerta.
Así que te pido que tengas mucho cuidado. Te dirán que el amor sólo tiene un final posible y es el olvido. Pues olvídales tú a ellos. Verás a tu alrededor historias rotas y escritos como esto. Que te sirvan de motivo para demostrarnos que todo es posible.
Huye de quien te diga cómo vivir, porque ni él ni nadie tenemos ni puta idea de cómo hacerlo. Y arriésgate, porque echar de menos es como si el corazón dijera: "Oye, me rindo, a mi no me jodes más". Y yo no es por joder, pero si ensuciamos tanto la palabra amor, si creemos que sabemos querer, es por gente como tú.

(Loreto Sesma)
 

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