Filosofía de bolsillo

jueves, 7 de mayo de 2009



Hay un dicho en periodismo que dice que la mejor noticia es la ausencia de noticias. El silencio también puede llegar a ser un ruido insoportable.

A menudo dejo la mente en blanco y me evado al mundo de las Ideas. Allí fabrico mi filosofía de bolsillo para sobrevivir en momentos de crisis. No hay una sola realidad, sino tantas como ojos que la contemplan…

La fricción entre dos objetos produce sonido y el roce con los acontecimientos diarios –otro tipo de fricción abstracta - es lo que escribe nuestra biografía. Toda la aceleración frenética por el principio de acción-reacción va seguida de un cambio en las coordenadas que definen nuestro lugar en el mundo y una desaceleración que, en función de los obstáculos (variables independientes) es más gradual o más brusca. Por cuestiones de probabilidad y variabilidad, dejando un margen de error minúsculo, inferior a la unidad y con tendencia al infinito, que llamamos azar, los obstáculos, aparentemente ajenos a nuestros actos, van determinando nuestro camino a seguir. Cuando intentamos dejar ese camino, hay una fuerza centrípeta opuesta a otra centrífuga, que junto a la ley de la gravedad que nos mantiene unidos a esta esfera social, tiende a hacernos regresar a nuestros orígenes. Recordar de donde venimos tiene el peso específico suficiente como para seguir marcándonos la existencia hasta que dejamos de respirar en este mundo.

Estos días sin noticias me han dado una tregua. El tiempo justo para recargar pilas y hacer examen de conciencia. Sufro pequeñas crisis existencialistas desde que me conozco. Siempre he sido muy precoz para las crisis de los cuarenta, que tengo desde los cuatro años de edad (forman parte de mis primeros recuerdos). A esa edad lloré por primera vez pensando en que un día me quedaría sola en este mundo. Después me regalaron un gatito negro y se me pasó la angustia porque tenía a alguien a quien cuidar. Desde entonces esa ha sido mi verdadera vocación. Cuando una encuentra su lugar en el mundo, deja de preocuparse por los designios de la vida y por si sus coordenadas son las correctas o no. Tener un lugar en el mundo es el mejor antídoto contra el miedo a lo desconocido.

(La Dama)

La Madre

domingo, 3 de mayo de 2009



Nada que ver con la común historia
nadie me quiere y todas esas cosas.
Ella fregaba suelos, nunca se compró ropa,
por darle un buen colegio multiplicó las sobras.

Cuál sería el instante, quién le enseñó estas cosas
cuando probó la muerte y amaneció entre sombras.

Qué te puedo dar, que no me sufras
qué te puedo dar, que no te hundas
Que no vea en tus ojos reflejos de cristal
que me mata tu angustia, que me puede tu mal
Qué te puedo dar.

Quiso ayudarle, sin saber ni cómo
y aunque no pudo, fue vendiendo todo.
Pero todo era poco para un saco sin fondo.
Un golpe a una farmacia, algún pequeño robo.
Ya de vuelta en la casa del hospital sabía
que más pronto que tarde la herida se abriría.

Qué te puedo dar, que no me sufras
qué te puedo dar, que no te hundas
Que no vea en tus ojos reflejos de cristal
que me mata tu angustia, que me puede tu mal
Qué te puedo dar.

Con la prudencia que dá la locura
buscó los datos, aclaró sus dudas.
Cun un último esfuerzo, le compró la más pura
y al mirarle a los ojos, se le borró entre bruma.

Él creyó que soñaba en el fugaz instante
en que acabó su tiempo abrazado a la madre.

Qué te puedo dar, que no me sufras
qué te puedo dar, que no te hundas
Que no vea en tus ojos reflejos de cristal
que me mata tu angustia, que me puede tu mal
Qué te puedo dar.

(Víctor Manuel)

Despedida en tiempos de paz



El 2 de agosto de 1939, el cementerio de la Almudena,antes llamado cementerio del Este, presenció el entierro más sentido de toda su historia. Carmela Campos no recibió ninguna corona de flores, pero sí tres mil setecientas veintiocho declaraciones de amor.
Uno a uno, los jóvenes se arrodillaron junto a su cuerpo y, mientras balbuceaban palabras afectadas,transcribieron sus sentimientos sobre una gran sábana blanca, que colocaron en la base del ataúd para que ella durmiese amada por siempre. Hoy en día, a pesar del musgo, la corrosión y otros efectos del tiempo y la desidia, se puede leer el epitafio sin mucha dificultad:
“Aquí descansa una mujer a quien la guerra dio miles de hijos”.
Antes de 1936, Carmela Campos seguía siendo una señorita de 43 años sin ninguna oportunidad para contraer matrimonio y tampoco para concebir un hijo.
Además, debido a la mentalidad machista de la época, se vio impedida de ejercer un trabajo intelectual, cerrándosele la oportunidad de haber equilibrado en algo su insatisfacción personal. En privado, despotricaba contra la sociedad. Carmela poseía una memoria envidiable y lamentaba que no le sirviese para nada.
Pudo haber sido una magnífica diplomática o una célebre científica o doctora, pero tuvo que conformarse con cuidar de sus padres y depender de la renta de ellos, compartiendo el mismo techo.
Las personas que la conocieron, antes y durante la guerra civil que atravesó España, se atrevieron a afirmar que los tres años que duró el conflicto fueron los más felices de la vida de Carmela. Apenas se conocieron las noticias del golpe de estado,se ofreció de voluntaria en la Cruz Roja. Tenía la convicción de que colaborar con una institución neutral como ésa era la única forma de tomar partido por su patria. Sin embargo, al inicio, el saber que estaba atendiendo a hombres capaces de matar a sus propios vecinos, le indignaba. Es más, se avergonzaba por ello. No le apetecía ni hablarles. Sólo abría la boca para responder lo estrictamente necesario o para dar las indicaciones pertinentes.
Pasadas siete semanas —52 días para ser exactos—, Carmela no tuvo más remedio que tragarse su indignación.
Una mañana atestada de heridos que morían antes de ser vistos por un doctor, identificó a un soldado que podía salvarse si lo mantenía consciente hasta que llegase su turno de ser operado. Así que le motivó a hablar, haciéndole una pregunta tras otra. A la octava, en lugar de responder, el muchacho comenzó a dictarle su testamento. Carmela dejó de sentir que estaba frente a un soldado, únicamente vio en él a otra víctima de la guerra.
Cuando despertó, a los dos días, el soldado no recordaba nada de lo ocurrido durante su agonía, salvo el rostro de la mujer que ahora le estaba cambiando el vendaje.
—Enfermera, ¿cómo estoy, voy a morir?
—No, Manuel. Todavía puedes conservar tu lupa, los recortes de periódico, los carteles de las obras de teatro y el poema inconcluso que ahora Sandra podrá escuchar de ti, completo. Ojalá que la guerra termine antes de diciembre para que puedas regresar a San Jacinto y pases tu cumpleaños junto a ella. Seguro que hace esa tarta que tanto te gusta, con nueces, almendras…
Manuel se quedó sorprendido y encantado a la vez. Se sintió reconfortado, como si estuviera en casa, junto a alguien que lo conocía desde siempre. Y quizá por eso, sin darse cuenta, sus ojos la contemplaron al igual que se mira a una madre, despertando en Carmela una sensación de bienestar desconocida para ella.
A partir de ahí, le nació conversar con cada uno de los pacientes que estaban a su cargo. Ellos, al sentirse escuchados y en consecuencia queridos, fueron contándole sus pesares e ilusiones, que Carmela recordaba hasta con los más insignificantes detalles y,principalmente, con una exquisita sensibilidad,desarrollando un lazo emocional profundo: los soldados la adoptaron como madre —sobrevalorada por la lejanía de la propia— y ella como a los hijos que nunca pudo criar. La sensación de bienestar se había transformado en una felicidad desmesurada, que terminó por desbordarla.
Los heridos venían y se iban, curados o muertos, pero el lazo se conservó durante la guerra. Mantenía correspondencia con los soldados reinsertados y con los familiares de los difuntos. Los amaba. Increíblemente a todos los amaba y, por naturalidad o por carencia, ellos también le demostraban su amor.
Por desgracia para ella, el conflicto terminó.
Una vez en casa, las familias de los sobrevivientes reconstruyeron sus vínculos, haciendo lo posible para cerrar las heridas. Fue entonces cuando Carmela dejó de recibir cartas y se valió de la memoria para prolongar su felicidad, pero sucedió lo contrario. Recordaba cada palabra de esos muchachos, cada nombre, cada apellido, cada infancia, adolescencia, miedo, alegría… cada sueño. No podía dejar de recordar que los amaba.
Una mujer que acudió al cementerio dijo: “Si la ausencia de un hijo duele; la de miles, mata”. La señorita Carmela Campos falleció a causa de una depresión crónica a los cuatro meses de establecerse la paz.

(Rafael R. Valcárcel)

La Mentira



Se te olvida,
que me quieres a pesar de lo que dices,
pues llevamos en el alma cicatrices,
imposibles de borrar.
Se te olvida,
que hasta puedo hacerte mal si me decido,
pues tu amor lo tengo muy comprometido,
pero a fuerza, no será...
Y hoy resulta,
que no soy de la estatura de tu vida,
y al soñar otros amores, se te olvida,
que hay un pacto entre los dos.
Por mi parte,
te devuelvo tu promesa de adorarme,
ni siquiera sientas pena por dejarme,
que ese pacto no es con Dios.

(Álvaro Carrillo)

Pelando cebollas al ritmo de Mecano

martes, 21 de abril de 2009



El cielo amenazaba lluvia desde el mediodía y estuvo conteniéndose hasta la tarde. Empezó a llover justo cuando yo comencé a llorar en la penumbra de un mar de cabezas que miran desde la oscuridad del anonimato un escenario lleno de recuerdos que resucita muertos pasados. De fondo, “El fallo positivo” de Mecano y en mis ojos dos torrentes al ritmo de esos recuerdos.

En la distancia, bajo un cañón de luz, cualquier rostro de un actor haciendo el papel de toxicómano en las últimas, es idéntico al de mi primo Juan, muerto y enterrado tras una sobredosis del mal endémico del olvido. A su lado, la voz de una niña, que podría tener mi edad cuando él se fue, de madrugada, sin previo aviso…

“Pesando en la balanza del amor

la ciencia y la conciencia,

fue tu condena un nudo de dolor,

estúpida sentencia…

Y es que tú eres lo que más quiero

y sin ti, la vida es un cero…”

Desde hace dos días esas dos frases martillean mi cabeza

“Y es que tú eres lo que más quiero

y sin ti, la vida es un cero…”

y se escapan de mis labios cuando estoy distraída; burlan a la sensatez y vuelven a crear un tsunami en mis ojos…
“la cara vista es un anuncio de Signal

la cara oculta es la resulta

de mi idea genial de echarte

me cuesta tanto olvidarte

me cuenta tanto olvidarte

me cuesta tanto…”

Afortunadamente, cuando el tsunami ataca, siempre tengo una cebolla cerca a la que echarle la culpa.

(La Dama)

La resignación de las cucarachas

martes, 14 de abril de 2009


Desde la primera vez que fue al cine, quedó cautivada para siempre. Las películas en sí le daban prácticamente igual. Lorena Antúnez de Mayolo pagaba su entrada para contemplar los rostros de los espectadores.Verlos pasar de la risa al llanto en segundos era realmente fascinante. Su interés se multiplicó al saber que una misma producción se difundía en diversos lugares del mundo. Imaginaba la maquinaria humana que había detrás.Personas con distintos valores a los de ella, pero que seguramente pensaban lo mismo: que las películas como tal importaban poco, que sólo eran un medio, y no para recaudar el dinero de las taquillas, sino para manipular conductas, inculcar ideologías, aspiraciones, miedos…lo que a la larga generaba una verdadera riqueza.

Por un acontecimiento en particular, la fijación de su adolescencia se trastocó. A día de hoy, de las 37 películas que Lorena Antúnez de Mayolo dirigió, ninguna ha sido proyectada. Ella no perdió su tiempo ni siquiera en editarlas. Sólo deseaba filmar la siguiente historia, renunciando a los espectadores y centrándose en lo que denominó “el cine fuera de encuadre”.

En 1962, tres años antes de lanzarse como directora,empezó a escribir "La resignación de las cucarachas", un guión cinematográfico que mostraba, sin tapujos, el crudo proceso que atravesaban los niños de la calle al ir descubriendo cada matiz de su miserable realidad; acomodándose adormecidos en su inalterable destino. Lorena pretendía conmover a la sociedad europea con el fin de ejercer presión sobre los organismos sociales internacionales y algunos dirigentes políticos latinoamericanos.

No obstante, en el transcurso del rodaje de dicha historia, fue perdiendo el interés por tocar a las masas, a la vez que surgía en ella un cálido placer por transformar la vida de sus actores. Buscando un mayor realismo, había reclutado a los pequeños protagonistas en un reformatorio. Todos esos menores tenían que interpretar sus propias vidas,a excepción de Esteban, quien desempeñó el papel de Florero, un niño tenaz y soñador que tardó más de lo normal en perder la esperanza de dejar las calles.

Florero, tras ser abandonado por su madrina, se instaló en un cementerio y, con un ánimo intensificado por el temor a vivir siempre así, continuó asistiendo a la escuela, hasta que fue expulsado por su aspecto indigente. Comenzó a robar y se las ingenió para que un adulto lo matriculase en otro colegio. En una de sus incursiones delictivas fue detenido por la policía y encerrado varios meses en una prisión para adultos. Al ser liberado, continuó prostituyéndose como en la cárcel… pero esa última parte, desde la captura, no fue filmada. Antes de llegar ahí, Lorena modificó el guión porque el intérprete, Esteban, merecía otro final. Durante los días que se rodó la etapa correspondiente al intento de superación del niño, Esteban, analfabeto, le pidió a Lorena que le enseñara a escribir para poder hacer bien su papel. Ella, en una primera reacción, le dijo que no se preocupase, que en la secuencia del dictado utilizarían la mano de un doble. Esteban insistió. A la semana siguiente, al terminar las sesiones diarias, acudió a la escuela nocturna, además de recibir clases particulares de Lorena. En el nuevo guión, el personaje buscó un trabajo. Esteban quiso encontrar otro. Y cada escena, creada sobre la marcha,contribuyó a enriquecer su moral. Una vez encaminada esa pequeña vida, tramitaron los papeles para que lo acogiera una institución adecuada. La filmación se prolongó ocho meses más de lo previsto.

Antúnez de Mayolo continuó filmando, sin editar. Ella no solía preocuparse por la financiación de los proyectos. Inicialmente dispuso de su propia fortuna y, al agotarla, no faltaron las contribuciones de instituciones y personas cercanas. Nunca hizo pausas entre producción y producción.Trabajó con casos perdidos de Francia, España y todos los países de América, incluyendo Estados Unidos y Canadá. Por lo general, los adultos le daban más problemas que los niños. Mientras más mayores,menos les nacía superarse personalmente para salir de la miseria —material o psicológica—, que tristemente llegaba a convertirse en un pedazo vital de su identidad. Sin embargo, siempre consiguió rehabilitarlos, incluso cuando se trataba de alcohólicos o heroinómanos.Claro que con estos empleó medidas extremas. Después de venderles la idea de que la fama les permitiría ahondar en sus vicios con tranquilidad, los llevaba hasta un campamento en medio de las montañas nevadas de los Andes. Sin tentaciones merodeando y el contexto ideal para endurecer el carácter, los motivaba tenazmente a revivir —antes y durante el rodaje— las carencias que superaron los sobrevivientes de un sonado accidente aéreo, convenciéndolos de que era esencial interiorizar a su personaje, porque era la única forma de ser un buen actor y así alcanzar esa generosa fama. Cuando flaqueaban, les ponía la cámara delante. Después de un año de sobrellevar todo tipo de inclemencias y aprender a saborear los minúsculos placeres, regresaban renovados. Además, no sólo nunca recayeron; se acostaban orgullosos de sí mismos.

Las 37 películas de Lorena Antúnez de Mayolo podrían haber afectado las emociones de millones de personas,pero ella prefirió modificar el papel de 152.

La última vez que se animó a entrar a una sala de cine,giró la cabeza y vio la pantalla durante un rato largo,dejándose cautivar por la historia. Recordó el título
del primer guión que había escrito. Se sintió una cucaracha más, de la especie que aprendió a amar. Estaba en la oscuridad, observando a quienes vivían en esa luz, aguardando a que se apagara para recién salir y continuar con la rutina. No esperó, salió antes de ver ese final, para de alguna manera homenajear a quienes —fuera del encuadre— hicieron lo mismo ante su anunciado destino.

(Rafael R. Valcárcel)

Motivos para no enamorarse (parte II)

viernes, 10 de abril de 2009



- Me defraudaste
-¿Por qué?
-Cuando me desperté y no te vi pensé que ibas a estar preparando el desayuno
-No soy un buen anfitrión
-No, sos pésimo
-¿Te pasa algo?
-No, ¿Qué me va a pasar? Nada
-Bueno, el misterio me aburre ¿sabes?
-¿Te arrepentiste?
-Esto es un error, Clara
-¿Qué te parece un error?,¿que te pase algo conmigo te parece un error?
-Eso es inevitable, ¿a qué hombre no le van a pasar cosas con vos?
-¿Entonces?
-El error es que a vos te pasen cosas conmigo…
-¿Es por tu mujer?
-Por todo
-No entiendo, qué es lo que me quieres decir, si tu mujer ya no está…
-Seamos realistas cada uno fue inventando al otro a su modo, ¿sabes?
-¿Inventando, qué?
-No te entiendo. para vos es un invento esto?
-Bueno, a lo mejor me estas idealizando.
-Vos te pensas que no me doy cuenta como sos? ¿Te pensás que no me doy cuenta que tenés un carácter podrido o que sos desconfiado, cerrado, que roncás?
-Yo no ronco
-Si roncás.
-Hay una gran diferencia entre vos y yo
-¿Cuál?
-A vos te sobra tiempo y a mí no.
-Estás hablando como si te fueras a morir mañana.¿Por qué no te enterrás vivo? Así ganas tiempo.
-Lo que vos necesitás no siempre yo te lo voy a poder dar.
-¿Qué sabes qué es lo que yo necesito?
-Si que lo sé. Haceme caso, antes de que sea tarde...
-Ya es tarde.

(De la película "Motivos para no enamorarse")
 

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