No dudaría

jueves, 11 de diciembre de 2008



Si pudiera olvidar
Todo aquello que fui
Si pudiera borrar
Todo lo que yo vi
No dudaría
No dudaría en volver a reír

Si pudiera explicar
Las vidas que quité
Si pudiera quemar
Las armas que usé
No dudaría
No dudaría en volver a reír

Prometo ver la alegría
Escarmentar de la experiencia
Pero nunca, nunca más
Usar la violencia

Si pudiera sembrar
Los campos que arrasé
Si pudiera devolver
La paz que quité
No dudaría
No dudaría en volver a reír

Si pudiera olvidar
Aquel llanto que oí
Si pudiera lograr
Apartarlo de mí
No dudaría
No dudaría en volver a reír

Prometo ver la alegría
Escarmentar de la experiencia
Pero nunca, nunca más
usar la violencia.

(Antonio Flores)
PD: Dedicado a esa parte de mi corazón que hoy se va en busca de la Paz.

Para Médicos y Amantes



Supe que todo había terminado
cuando te vi mover la cucharilla
despacio, como si aquella tarde
se parara el latido de la sangre
en lo oscuro de aquella gris cafetería.

No supe qué decirte, hablamos como
si hubiera sido ayer, sin ir más lejos,
la última vez que tú y yo hablamos,
la última vez que habíamos entrado
a saco por el alma y por el pecho.

Así que yo te hablé de mis triunfos,
de mis últimos versos, de mi mismo,
y casi sin mirarte, miraba tu café
que removías con exquisito interés
como si de ello dependiera tu destino.

Tú no decías nada. Sonreías.
Pensando en una cita, un amor nuevo
que esperaba aquella misma tarde.
Y en mitad del silencio alguna frase,
metralla de antiguos bombardeos.

Yo te llevé a tu casa. Nos rozamos
las caras sabiendo que ya nada
justificaría nuevas llamadas,
que nuestro corazón perdió esa tarde
interés para médicos y amantes.

(Ismael Serrano)

El Hombre Ausente

domingo, 7 de diciembre de 2008



La ausencia de mueca en Joaquín Santos declara más que esconder, esa mirada melancólica con ganas de huir a un punto en el vacío, desvela el camino hacia una herida sin cerrar, un desengaño mal camuflado en una cara repleta de líneas rectas. Aún en la ausencia de ceja fruncida o labio torcido, era evidente para cualquiera que le mirase, que el desengaño provocaba ese gesto de ánimo vacío, relleno con melancolía. Pareciera que Joaquín viviera en la resignación que hacía que olvidara la corbata torcida, la suciedad en el cuello de la camisa, las manchas y sietes en la chaqueta, el pelo graso con una raya mal definida. Sin duda, para cualquiera que mirase a Joaquín Santos, era la imagen de un romántico, como buen romántico, la de un perdedor y como perdedor nada mejor que compadecerse de si mismo.
La realidad es más que doble, la del que mira, el mirado y tal vez la suma. Joaquín Santos simplemente estaba cogiendo la gripe... pero es posible que fuera una gripe con unos síntomas muy románticos.
Una niñez con ausencia de abrazos y como única tregua para ese vacío; estar enfermo. En la preocupación de sus padres por su fiebre alta, la tos seca, o los dolores de tripa, encontraba el consuelo; un simulacro de cariño que suavizada temporalmente su baja autoestima.
Ante las carencias siempre se buscan sucedáneos y tal vez por eso, tras abandonar la niñez y adolescencia, Joaquín Santos afrontaba sus relaciones sentimentales volcándose, y sus parejas huyendo por la poca tregua. El desenlace en su mayoría era una amarga ruptura, en algunos casos viéndose reemplazado por horteras, chulos amputados de sensibilidad y en los peores, por hombres equilibrados y maduros a los que odiaba con gran fervor por evidenciar sus carencias.
En cualquier caso, Joaquín Santos anunciaba la llegada de la gripe como el que invoca la lluvia. Su madre le acaba de llevar un caldo y es feliz.

(Marcos Hernando Jiménez)

Resurrección

viernes, 5 de diciembre de 2008



Si volviera a nacer, si empezara de nuevo,
volvería a buscarte en mi nave del tiempo.
Es el destino quien nos lleva y nos guia,
nos separa y nos une a traves de la vida.
Nos dijimos adiós y pasaron los años,
volvimos a vernos una noche de sábado,
otro país, otra ciudad, otra vida,
pero la misma mirada felina.
A veces te mataria, y otras en cambio te quiero comer,
ojillos de agua marina.
Cómo hablar, si cada parte de mi mente es tuya
y si no encuentro la palabra exacta, como hablar.
Cómo decirte que me has ganado poquito a poco
tú que llegaste por casualidad, cómo hablar.
Como un pájaro de fuego que se muere en tus manos,
un trozo de hielo deshecho en los labios.
La radio sigue sonando, la guerra ha acabado,
pero las hogueras no se han apagado aún.
Cómo hablar, si cada parte de mi mente es tuya,
y si no encuentro la palabra exacta, cómo hablar.
Cómo decirte que me has ganado poquito a poco,
tú que llegaste por casualidad, cómo hablar.
A veces te mataria y otras en cambio te quiero comer,
me estas quitando la vida, cómo hablar…"

(Amaral)

Incluso en estos tiempos

miércoles, 3 de diciembre de 2008



Incluso en estos tiempos
veloces como un Cadillac sin frenos,
todos los días tienen un minuto
en que cierro los ojos y disfruto
echándote de menos.

Incluso en estos tiempos
en los que soy feliz de otra manera,
todos los días tienen ese instante
en que me jugaría la primavera
por tenerte delante.

Incluso en estos tiempos
de volver a reir con los amigos,
todos los días tienen ese rato
en el que respirar es un ingrato
deber para conmigo.

Y se iría el dolor mucho más lejos
si no estuvieras dentro de mi alma,
si no te parecieras al fantasma
que vive en los espejos.

Incluso en estos tiempos
triviales como un baile de disfraces,
todos los días tienen unas horas
para gritar, al filo de la aurora,
la falta que me haces.

Incluso en estos tiempos
de aprender a vivir sin esperarte,
todos los días tengo recaídas
y aunque quiera olvidar no se me olvida
que no puedo olvidarte.

Y se iría el dolor mucho más lejos
si no estuvieras dentro de mi alma,
si no te parecieras al fantasma
que vive en los espejos.

(Joaquín Sabina)

Sólo vale vivir




¿Fue como beso o llanto?
¿Nos hallamos
con las manos, buscándonos
a tientas, con los gritos,
clamando, con las bocas
que el vacío besaban?
¿Fue un choque de materia
y materia, combate
de pecho contra pecho,
que a fuerza de contactos
se convirtió en victoria
gozosa de los dos,
en prodigioso pacto
de tu ser con mi ser
enteros?
¿O tan sencillo fue,
tan sin esfuerzo, como
una luz que se encuentra
con otra luz, y queda
iluminado el mundo,
sin que nada se toque?
Ninguno lo sabemos.
Ni el dónde. Aquí en las manos,
como las cicatrices,
allí, dentro del alma,
como un alma del alma,
pervive el prodigioso
saber que nos hallamos,
y que su dónde está
para siempre cerrado.
Ha sido tan hermoso
que no sufre memoria,
como sufren las fechas
los nombres o las líneas.
Nada en ese milagro
podría ser recuerdo:
porque el recuerdo es
la pena de sí mismo,
el dolor del tamaño
del tiempo, y todo fue
eternidad: relámpago.
Si quieres recordarlo
no sirve el recordar.
Sólo vale vivir
de cara hacia ese dónde,
queriéndolo, buscándolo.

(Pedro Salinas)

Seda

martes, 2 de diciembre de 2008



Madame Blanche le recibió sin decir una palabra. El cabello negro, reluciente, el rostro oriental, perfecto. Pequeñas flores azules en los dedos, como si fueran anillos. Un vestido largo, blanco, casi transparente. Los pies desnudos.
Hervé Joncour se sentó frente a ella. Sacó de su bolsillo la carta.
-¿Os acordáis de mí?
Madame Blanche asintió con un milimétrico gesto de la cabeza.
- Os necesito otra vez.
Le tendió la carta. Ella no tenía nnguna razón para hacerlo, pero la cogió y la abrió. Miró las siete hojas una a una, después levantó la vista hacia Hervé Joncour.
- Yo no amo esta lengua, monsieur. Quiero olvidarla, y quiero olvidar aquella tierra, y mi vida allí, y todo.
Hervé Joncour permaneció inmóvil, con las manos aferradas a los brazos del sillón.
-Voy a leer por vos esta carta. Lo haré. Y no quiero dinero. Pero quiero una promesa: no volváis jamás a pedirme esto.
-Os lo prometo, madame.
Ella le miró fijamente a los ojos.Después bajó la vista hacia la primera página de la carta, papel arroz, tinta negra.
"-Amado señor mío
Dijo
-no tengas miedo, no te muevas, permanece en silencio, nadie nos verá.
Sigue así, quiero mirarte, yo te he mirado mucho,pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate donde estás, tenemos una noche para nosotros, y quiero mirarte, nunca te había visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si te es posible, y acaríciate, son tan hermosas tus manos, he soñado con ellas tantas veces que ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, sigue, te lo ruego, continúa, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate, amado señor mío, acaricia tu sexo, te lo ruego, despacio...

ella se detuvo. Continuad, os ruego, dijo él.

...es hermosa tu mano sobre tu sexo, no te detengas, me gusta mirarla y mirarte, amado señor mío, no abras los ojos,todavía no, no debes tener miedo estoy cerca de ti, ¿me sientes?, estoy aquí, puedo rozarte, esto es seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel...

ella leía despacio

...tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, de repente sentirás el calor de mis labios sobre ti, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de improviso...

él escuchaba inmóvil

...tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las pestañas, sentirás el calor entrar en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea sobre tu sexo,apoyaré mis labios, allá abajo y los abriré bajando poco a poco...

dijo ella. Tenía la cabeza reclinada sobre las hojas, y con una mano se rozaba el cuello, lentamente
...dejaré que tu sexo entreabra mi boca,entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva descenderá por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te deseo, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tú serás mío para siempre,si no me crees abre los ojos amado señor mío y mírame, soy yo, quién podrá borrar jamás este instante que sucede, y este cuerpo mío ya sin seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran, tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que te deslizas debajo de mí, aferras mis caderas, me levantas, me dejas deslizar sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote lentamente, tus manos sobre mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves con lentitud, pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me levanta, tus brazos que no me dejan que me marche, los golpes dentro de mí, es violencia dulce, veo tus ojos buscar en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde quieras, amado señor mío, no hay final, no acabará,¿lo ves?, nadie podrá borrar este instante que sucede, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos separando las lágrimas de mis pestañas, mi voz dentro de la tuya, tu violencia teniéndome aferrada, ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistirse, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, amado señor mío, este instante existirá, de ahora en adelante, existirá,hasta el final.
No nos veremos más, señor.
Lo que era para nosotros, lo hemos hecho, y vos lo sabéis. Creedme: lo hemos hecho para siempre. Preservad vuestra vida resguardada de mí. Y no dudéis un instante, si fuese útil para vuestra felicidad, en olvidar a esta mujer que ahora os dice, sin añoranza, adiós."

(Fragmento de "Seda". Alessandro Baricco)
 

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